|
|
 |

Actualizado: 1 de Enero |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
MILAGRO EN EL CAMINO: ATRAS QUEDARON LOS KOSOVARES
|
|
|
martes, 10 de septiembre de 2002
|
|
|
|
capitulo segundo
Acurrucados entre los matorrales, aún tapados con sus mantas y con Curry pegado entre sus piernas, los dos muchachos de diez y ocho años dormían profundamente. El amanecer apenas si se dibujaba en la lontananza, y a través de aquella tenue claridad se divisaban ya las largas y vastas montañas que bordeaban todo el entorno. Sentados en un hoyo, sobre un áspero césped rodeado de arbustos de distintas formas, Abassi y Milani se miraban aún como si en sus bocas se perfilara todavía la última oración. No sabían lo que tenían delante, pero sí tenían la plena certidumbre de que sus convecinos, los Kosovares, se habían quedado atrás, unos muertos, otros medio quemados, y algunos enterrados en los escombros de sus propios hogares. Lo que quedaba de su familia era aquello, cuatro miembros desesperados caminando por un sendero lleno de montículos y maleza, y casi cubierto con la nieve que la ventisca iba trasladando al lugar por donde ellos tendrían que cruzar sin remedio.
|
|
|
-Déjalos dormir un poco más. -decía Abassi. Milani extraía del bolsillo algo que parecía un peine y lo pasaba monótonamente por su cabeza. Mudamente, Abassi mojaba un trozo de toalla, carcomida por las esquinas, en aquella nieve que él mismo había recogido en su cantimplora, y mudamente, también Milani la pasaba por el rostro, la enroscaba entre sus manos nerviosas y murmuraba a media voz.
-Abassi, esas hierbas que me diste me han puesto un mal estómago, pero no me han quitado el hambre.
-Te daré un poco de pan y queso.
-No. Déjalo para los chicos. Nos queda un largo camino hasta llegar a la frontera y detenernos...
-No nos vamos a detener, Milani, no busco fronteras, busco campos abiertos, una nueva vida, algún lugar donde formar un nuevo hogar. Aún si tuviéramos padres, hermanos, familiares, aquellos que celebraban con nosotros las Navidades y cumpleaños, pero no nos queda nada, hemos de reducir nuestra vida a nosotros cuatro y a Curry, y para vivir juntos, nos basta cualquier lugar. Vamos a tomar un camino diferente, vamos a desviarnos. No tengo intención alguna de detenerme en Macedonia ni en Albania, no quiero saber nada de Yugoslavia, ni tampoco de Kosovo, todo esto se debe convertir en pasado y hemos de lograrlo los dos para orientar a nuestros hijos. Hemos de buscar un camino mejor y un mundo más apropiado a los seres humanos, que somos nosotros.
-Pero no podemos caminar de día, -decía Milani- los bandidos, los escapados, los que huyen despavoridos, los que se pierden por esas montañas buscando algo que llevarse a la boca, nos atraparían en cualquier instante.
-Por eso te pido -replicó Abassi serenamente- que dejes dormir a los chicos, -y extrayendo del morral aquel queso duro y el pan que parecía una piedra, logró con un cuchillo de hoja afilada cortar un trozo de ambos comestibles y se los entregó a la mujer. Sacó un vaso de cartón de la zamarra y allí vertió un poco de agua, tendiéndosela a Milani.
-¿Y tu, Abassi, y tú?
-Puede parecerte extraño, Milani, pero no tengo apetito. Se diría -y miraba al frente con expresión interrogante- que he disfrutado de un largo y suculento banquete. A qué se debe, lo ignoro. Y mira, mira, -y levantaba el pantalón mostrando la pierna- ¿te acuerdas de aquella herida terrible que me hice al salir corriendo entre las cenizas de nuestra casa?. Había aquí un gran agujero, la piel se levantaba y casi se veía el hueso. Y mira ahora, mira, Milani, esto es como un milagro, la piel ha vuelto a su sitio, se ha cerrado la herida, la piel cubre aquel agujero.
-¿Y eso por qué, Abassi?
-No es tiempo ahora mismo de preguntarse los por qués. Aceptemos las cuestiones y quédate ahí, acurrúcate entre las mantas junto a tus hijos. Protégete del frío. -y se despojaba de la zamarra cubriendo los hombros de su mujer.
-¿Y tú? ¿Y tú? -se asombraba Milani- Si solo vistes una camisa, vas a pillar una pulmonía...
-Es curioso, Milani -y Abassi daba una vuelta sobre si mismo y terminaba con los ojos fijos en el rostro asombrado de su mujer- No tengo frío. Se diría que el calor me invade, que la fortaleza me desborda.
-Pero es raro, Abassi, es todo muy raro...
-Sí, es posible, pero no tenemos tiempo, ya te lo he dicho, de pensar en los porqués. Aceptemos las cuestiones y permíteme que dé una vuelta por el entorno, No puedo permitirme el lujo de encontrarme con fugitivos, ladrones o cualquiera que huya del infierno de Kosovo. Estamos solos en este panorama desolador, pero hemos de encontrar senderos por dónde caminar en solitario, ya te he dicho que mi objetivo no es ni volver a Prístina, ni Kukes, ni Montenegro, tengo toda la intención del mundo de salir de estos entornos conflictivos. Ni siquiera confío en la OTAN, nuestra vida se tiene que realizar lejos de aquí. Si hemos quedado sin hogar, si hemos visto convertido en cenizas todo lo que hemos trabajado durante años desde que nos casamos, en el futuro intentaremos lograr un lugar nuevo, pero tendrá que ser en ámbitos que no tengan afinidad ninguna con las guerras, las ambiciones y los poderes.
-Yo creo -decía Milani al tiempo de meterse entre las mantas con sus hijos- que la civilización que tú buscas está muy lejos, y además ¿a dónde vas a llegar con ese pantalón, esas raídas botas y la fina camisa que vistes?, el frío es gélido aquí; los chicos duermen más por esos fríos, precisamente, que por el sueño o el cansancio... Abassi se lanzó campo a través. El camino era angosto. Apenas si quedaban árboles, las bombas habían quemado parte de los arbustos y Abassi pateó y pateó durante horas todo el entorno buscando el sendero más apropiado para caminar en la noche. Al retorno, cuando ya anochecía nuevamente, encontró a sus hijos sentados en la tierra, cubiertos con las mantas y a Curry aullando como un moribundo.
-Tengo hambre, papá. -decía Alvi. Y añadía Yerai
-Y yo sed y hambre, papá. Abassi miró largamente a su mujer y luego tomó asiento junto a ellos dos.
-Podremos caminar dentro de una hora, así que os daré pan y queso y alguna fruta silvestre que he cogido por el camino.
-¿Y tu hambre, Abassi? -preguntó Milani en voz baja. Abassi hizo un gesto vago, miró al frente y murmuro:
- Si supieras que no tengo apetito alguno...
-¿Has comido más hierbas?
-Claro, en dos ocasiones más, cuando el apetito me apuro.
- No me digas que lo has saciado con esas hierbas...
- No te engaño, Milani. No tengo apetito alguno.
-¿Y si se las dieras a los niños?
-Tengo miedo. He llenado el morral, pero sólo para mí. Podría matarlos y nunca me perdonaría quedarme sin Alvi y sin Yerai cuando ya he perdido tanto.
-¿Y yo, Abassi?
-Tampoco te daré a ti, ya sabes lo que ocurrió cuando lo hice la primera vez, te dolió el estómago y a mi en cambio no me duele nada y me satisface. Aún queda queso y pan, y también agua en la cantimplora. y echaron a andar en la oscuridad. Abassi iba delante con Curry y caminaba firme, había estudiado bien el sendero.
-No temais- iba diciendo- por aquí podemos llegar aún bastante lejos. Nos estamos desviando de la frontera de Macedonia y Albania, vamos camino de Montenegro pero no lo cruzaremos, después iremos rodeando el mar Adriático y ya os diré más tarde a dónde llegaremos. De momento, llevamos el cielo abierto y voy a lograr no tropezar con los que se amontonan en las fronteras de Macedonia y Albania, son demasiados y mueren cada día y a cada hora por centenares.-su voz se hacia tenue, de modo que solo la oía su mujer.
-Y tú sin probar bocado...-decía Milani-
-Ya te he dicho, querida Milani, que me siento satisfecho, que por una u otra razón que no voy ahora a estudiar, esas hierbas llenan mi apetito aunque a ti te produzcan dolor de estómago.
-¿Sabes, Abassi?, desde que empezó toda esta refriega y Milosevic decidió que desapareciéramos del mundo, tengo en mente empezar en otra vida, pero también es cierto que tú y yo como pareja apenas si nos hemos mirado a los ojos- Abassi alzó un brazo y asió contra si el cuerpo de su mujer.
-Esta noche, cuando los chicos duerman, cuando nos detengamos, tú y yo nos alejaremos un poco para encontrarnos nuevamente...
-Ya sé- añadía Milani con voz ahogada- que recordar situaciones de sentimientos o de ansiedad de poco sirve en los tiempos que vivimos.
-Te equivocas, Milani, sirven porque se acentúa con mayor poder ese sentimiento del cual hablas y que no debemos permitir se borre de nuestras vidas.
-No teníamos demasiado- decía Milani- pero éramos felices.
-Hay que olvidarse de eso, Milani, hay que empezar nuevamente, hay que encontrar un mundo nuevo donde podamos empezar de cero... - de repente, sujetó con el brazo a su mujer
- Aguarda, algo ocurre por aquí, estoy sintiendo un lamento. Lleva a los muchachos un poco más lejos, que ya oscurece, tápalos y dile al perro que se quede con ellos. Ven tú aquí.
- ¿Pero qué vas a hacer, Abassi?
- No lo sé, hay alguien por aquí cerca. Voy a buscarlo, voy a intentar ayudar, o si es necesario, matarlo, hacerle desaparecer.
Milani empujó a sus hijos hacia un rincón lejano. Los tapó y dijo a Curry:
- Tú no te muevas de aquí, no los abandones.
El perro la miró con los ojos grandes. Parecía entenderla porque se acurrucó junto a los niños mientras Milani volvía sobre sus pasos al encuentro de su marido. Lo vio perdido entre los matorrales, inclinado hacia adelante, y cuando llegó jadeante a su lado, vio el cuadro. Había un hombre tendido en el suelo, sangraba copiosamente. Tenía el tórax como hundido y se cubría con harapos. Milani observó cómo Abassi lo vendaba con sus propias ropas y automáticamente, el hombre dejaba de sangrar y abría los ojos. Abassi dijo muy bajo:
- Vas a levantarte y a caminar, verás como caminas.
- Si estoy muriendo, me ha alcanzado la metralla de un misil... Por toda respuesta, Abassi le ayudó a ponerse en pié. Las vendas iban cayendo de sus piernas y con gran asombro de Milani y el propio Abassi, veían que no quedaba ni una sola herida en aquellas piernas y el tórax iba cubriéndose de piel, como si naciera nuevamente. El hombre se miraba, ya de pié, sosteniéndose sobre sus anchas piernas.
- ¡ Estoy curado! - decía casi como un silbido.
- Camina. - decía Abassi automáticamente.
- ¡Dios mío! - murmuraba Milani sin comprender.
Tampoco Abassi comprendía, le había tocado, le había limpiado, restañándole las heridas, y aquel hombre caminaba ya sendero abajo.
- ¡Abassi! ¿qué has hecho?
- No lo sé, Milani,... no lo sé, le he curado las heridas.
- Pero si no siquiera están abiertas, y camina, mira cómo camina, parece que huye...
- Huye de nosotros, huye del mundo, huye como huimos nosotros, ni más ni menos.
- Pero se caerá...
- Quizá no, Milani.-contestó Abassi pensativo.
- ¿Pero puede curarse un hombre por si solo?
Y Milani se apartó para mirar de arriba abajo a su marido con estupor.
- ¿O lo has curado tú?
- No lo sé, he cubierto sus heridas con mis ropas, he desgarrado su camisa...
- Pero si no tiene heridas ahora...
- No nos preguntemos nada, vamos a descansar con nuestros hijos. Y mudamente, abrió el morral e introdujo la mano en él para sacar un puñado de hierbas de aquellas que había recogido la noche anterior.
- Te van a hacer daño, Abassi.
- No, a mi no, no sé por qué, pero a mi no. A mi me quitan el apetito.
- Pero te vas a debilitar.
Abassi abrió los brazos y mostró su pecho fuerte y sus brazos de piel dura.
-Mira, Milani, no estoy débil, es más, esta noche, aquí en la oscuridad, mientras los niños duermen, voy a demostrarte mi fortaleza y mis sentimientos, ese que echabas de menos desde que hemos perdido nuestro hogar bajo las llamas de un mundo infernal, de un odio de locura, de una destrucción irreparable...
INDICE
|
|
|
|
Nota: Los comentarios son moderados y no se muestran hasta su aprobación
Nota: Los comentarios son moderados y no se muestran hasta su aprobación
No escribas TODO CON MAYUSCULAS
No des datos personales: mail, telefono, etc...
Si quieres recibir otras respuestas utiliza la opción "Seguir":
Ahí puedes introducir tu correo (lo mantiene privado) y pueden comunicarse contigo
Se consecuente con la opción que te brindamos, haz comentarios serios (con sentido)
Y lo más importante: ¡Revisa tu ortografía!
|
|
|
|
Creemos
en la personalización: Pulse en los logos para un contacto directo con las marcas
|
Google Friend Connect (desde 07ENE010)
|
|
|
|