|
|
 |

Actualizado: 1 de Enero |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
MILAGRO EN EL CAMINO: UN MUNDO NUEVO
|
|
|
martes, 10 de septiembre de 2002
|
|
|
|
capitulo séptimo
Atrás quedaba el pueblecito cercano a Sarajevo. Desde el sendero donde ellos caminaban después de perderse carretera adelante para retornar y desviarse a la montaña, sabían ya que tenían Bosnia Herzegovina no demasiado lejos. La guerra quedaba al otro extremo. Ya ni siquiera se oía restallar el zumbido de las bombas ni el cielo se abría a pedazos como antes, iluminado por los explosivos de los misiles. Sin embargo, Abassi habla decidido dejar la carretera a un lado y continuar por el monte, que era, en aquel instante, el motivo de la conversación de la pareja. Caminaban monte a través, pero no ya por senderos estrechos, sino por ámbitos abiertos por los cuales correteaban los dos muchachos con un perro saltarín que parecía denotar la alegría de los jovenzuelos.
|
|
|
- Me pregunto - murmuraba Milani caminando al paso de su marido- por qué prefieres el monte a la carretera.
- Es tal el terror que traigo conmigo desde el principio, que prefiero este camino anónimo, que es como una incógnita, como un secreto. Habitualmente la gente no se pierde por las montañas habiendo una carretera, pero yo prefiero la soledad para vosotros y para mí.
- Dime, Abassi, ¿cuánto tiempo crees que llevamos caminando?
- Mucho. Tal vez más de un año. Piensa que cuando empezó Milosevic a dar órdenes a los serbios para destruir a todos los kosovares, fuimos de los primeros en salir huyendo. Tuve como un presentimiento, y supe que lo que se iniciaba entonces, terminaría en una total destrucción, como así fue. Al principio, Milani, fui cortando palitos y metiéndolos en el bolsillo de la zamarra, pero fue tanta la tragedia, el temor y los apuros, que un día perdí la cuenta y ya no seguí contando. Pero el tiempo no importa nada, para nosotros ya no tiene valor...
- Pero habrás pensado - dijo ella- dónde nos detendremos...
- Ni siquiera eso. Tengo en mente, por supuesto, encontrar un lugar apacible, seguro para el resto de nuestra vida, porque lo único que no tenemos previsto es la muerte, y es lo que nos vendrá cuando sea, no cuando quieran los demás. Pienso llegar a Croacia, así, caminando, día tras día; es posible que luego lleguemos a Eslovenia, y más tarde a Austria. Y cuando hayamos llegado a Austria será cuando nos detengamos y pensemos, tras una larga reflexión, a dónde queremos ir.
- Pero tú algo tienes en mente, ¿verdad, Abassi?
- Algo sí. De todas las naciones del mundo, he elegido una y se debe a lo que he leído. Allí no hay dictadores, los hubo, y después de cuarenta años de mando, el. pueblo ha quedado demasiado harto par soportar otro. Yo tengo miedo a los dictadores, Milani, nunca podré olvidarme de un hombre como Milosevic, que pretende no solamente dominar a los Kosovares, sino que ahora mismo, está enfrentando a Yugoslavia con la OTAN, que quiere decir casi el mundo entero.
- Pero nosotros sólo dominamos nuestro idioma.
- En el morral llevo un libro. No enviaré a mis hijos a la escuela, no pretendo una gran educación, pretendo que formemos la gran familia que somos y nosotros les enseñaremos el idioma que hayamos elegido, que si sigo pensando igual, será el español.
- Pero Abassi, los niños necesitan formación.
- No creas, en todas partes del mundo hay televisión, y a través de ella también se puede aprender un idioma, también en los libros, en los hábitos, las costumbres... hemos de adquirir todo eso a base de paciencia y tesón. Piensa que tú tienes apenas veintiocho años y yo escasos treinta. Los críos tienen diez, y apenas ocho Yeral, están, como el que dice, aún naciendo, por lo cual, si un día encuentro un rincón en España, ahí me quedaré. Ahora mismo allí hay democracia y han superado cuarenta años de dictadura. De momento, tampoco los nacionalismos son acérrimos, todo se lleva con pausa y con calma, y desde luego, no tendremos guerra allí. Nos falta mucho para llegar, pero un día llegaremos, ya lo verás.
Empezaba a anochecer. Ahora ya no solo caminaban en la noche, no era necesario, las nieves habían quedado muy atrás, y en cambio, apuraba el calor. Por eso solían caminar al amanecer y al anochecer, buscaban un lugar apacible entre los arbustos, formaban sus propios lechos con las ropas que llevaban y se tumbaban bajo el rocío. Así dormían. Abassi había recogido en el morral frutas silvestres y aún conservaba aquel queso milagroso y aquel pan duro que aún se podía cortar.
- ¿Y qué haremos - decía Milani- sin dinero?
- Eso no es problema, Milani, pero ahora, si te parece, descansemos aquí, llama a los chicos. Este rincón es bueno para formar el lecho. - y bajando la voz murmuró- Vamos a meterles aquí con Curry y tú y yo iremos un poco más lejos para estar solos, para querernos si nos complace y para seguir conversando. Abassi siempre tenía una voz suave, tierna, un poco ronca, pero afluyendo de ella aquella inmensa suavidad que indicaba su creencia en la vida, su gran bondad y la firmeza que le ofrecía la existencia. Milani, mudamente giró sobre sí y llamó a los chicos.
- ¡Alvi, Yerai, venid a comer! Curri. salió ladrando delante de los muchachos. Aún estaban limpios y el pelo no habla tenido tiempo para crecer. Se sentaron todos entorno a la manta, y como tantas otras veces, Abassi procedió a darles la comida. Había llenado la cantimplora aquella mañana en un manantial que halló entre dos rocas y había recogido de los arbustos frutas silvestres. Con aquello y con lo que aún quedaba de lo que les habían dado en el pueblo, les sirvió la cena.
- Ahora, a dormir. - les dijo.
Y Milani les tapó con sumo cuidado. Curry se escurría entre las piernas de Alvi y ponía el morro entre ambas rodillas asomando aquel por el bode de la manta. El cansancio era mucho y el sueño acudió a ellos casi inmediatamente de ser tapados por su madre. La noche era estrellada y los calores empezaban a apretar. Abassi pasó un brazo por los hombros de su mujer, que era mucho más baja que él, y caminaron juntos, hacia un recoveco donde ellos, silenciosamente, extendieron una manta y se tendieron cuan largos eran.
- Aparte de que pronto nuestro idioma será diferente,- decía Milani- tampoco tenemos dinero, Abassi, ni siquiera nuestro dinero.
- Ya te he dicho muchas veces - dijo Abassi atrayéndola hacia así y deslizando la mano bajo su blusa- que mientras haya brazos, hay dinero, porque el trabajo es lo que produce o bien dinero, o bien el alimento que necesitamos. Verás cómo encontraremos dónde formar una nueva vida.
- ¿Y por qué no nos quedamos en Austria o en Croacia? Tal vez en Zagrev nos sintamos a gusto. - y después con voz temblorosa, añadía- ¿pero qué haces, Abassi?
- Ahora - siseó él- no quiero hablar de lo que nos ocurrirá mañana, no quiero acordarme de la OTAN, ni siquiera de los kosovares. Tú y yo estamos solos bajo esta noche placentera y hace mucho que no nos acordamos de que somos un hombre y una mujer. Recuerda que nos hemos casado muy enamorados, que hemos vivido nueve años en la mayor felicidad, con nuestra humildad, pero nunca olvidábamos que nos queríamos y nos necesitábamos mutuamente. La guerra vino a destruir nuestra felicidad y nuestra placidez y también la tranquilidad de nuestros hijos, pero ahora mismo, nadie evitará que nos amemos y nos lo demostremos mutuamente. Además, mañana caminaremos más contentos, iremos pletóricos mundo adelante, habremos compartido unos sentimientos que nos guían hacia adelante en este infierno humano que nos ha tocado vivir. - y sus dedos palpaban los pechos palpitantes de Milani, que instintivamente se apretaba contra él, y durante un largo rato, se incitaban ambos con sus caricias.
Cuando al fin necesitaron los dos mayor fuerza y mayor pasión, se fundieron agitados, olvidándose de la noche que les cubría, de los hijos que estaban un poco alejados y de los ladridos de Curry que se oían en la distancia. Un tenue murmullo salía de los labios entrecortados de Milani y Abassi los besaba cuidadoso una y otra vez. Cuando culminó el momento sagrado para ambos lleno de placer y estremecimiento, se quedaron como agitados, uno apretado contra el otro. La noche seguía corriendo y el sueño se apoderaba de Milani y Abassi una noche más, pero ésta, ellos la habían hecho diferente. Cuando el sol dio en el rostro de Abassi, se sentó en el césped sobre la manta y miró a Milani, que tenía cara placentera y dormía serenamente. Se levantó con cuidado, se abrochó los pantalones sujetándolos en la cintura y dejó la zamarra tapando a su mujer. En mangas de camisa, despechugado, caminó monte abajo buscando no sabía qué. Hacía tiempo, además, que había terminado las hierbas de su morral, pero se diría que las comía todos los días, porque la fuerza que relajaba sus músculos continuaba imperando en su persona. Se sentía poderoso, como si el pecho se le hinchara y al mirar hacia adelante, el mundo se pusiera a sus pies y le perteneciera. Alvi y Yerai, seguidos de Curry, corrían tras él monte abajo y de repente, Abassi se detuvo y les hizo unas señas de silencio. Algo se oía allí cerca, era como si un río corriera y un molino funcionara incesantemente.
- Quedaos aquí - les siseó- voy a ver qué pasa.
Y Abassi caminó monte abajo siguiendo el ruido y el zumbido que producía el molino. Enseguida vio a un hombre de barba que llenaba harina en unos sacos y a otro que vertía el grano en una especie de embudos. Al ver a Abassi en la puerta, ambos hombres se le quedaron mirando:
- ¿Qué desea?
Por la mente de Abassi cruzó una idea... ¿por qué no?, así que dijo con una voz suave y amable.
- Trabajo, señores. Deseo trabajo si es que pueden dármelo.
- ¿Y qué puedes hacer? - le preguntó uno de ellos.
- Lo que está haciendo usted, por ejemplo.
- ¿Y qué busca a cambio?
- Algún dinero, o comida, o poder dormir con mi familia en un lecho después de tantos meses de caminar sin detenernos... Los dos hombres cruzaron las manos sobre el pecho y se le quedaron mirando silenciosos. De repente, uno de ellos dijo:
- Por unos días, podéis quedaros aquí. ¿Cuántos sois?
- Mi mujer y yo, y mis dos hijos y el perro.- y volviéndose llamó
- ¡Alvi, Yeral, Curry! venid hasta aquí. Y se cuadraron en la puerta. Uno de los molineros comentó:
- Nosotros somos solo molineros, molemos el grano que nos traen del pueblo próximo, les devolvemos la harina, y les cobramos. Como tenemos ganado al otro lado del corral le dejamos aquí para mover todos estos sacos de grano. Le daremos cama esta noche para los cuatro, comida, y algún dinero que se pueden llevar.
El otro hombre preguntó:
- ¿De dónde proceden ustedes?
- Huimos de Kosovo.
Los hombres se miraron y uno de ellos comentó:
- Eso está muy lejos... están ustedes saliendo de Bosnia Herzegovina. Dentro de una semana, aproximadamente, si continúan caminando, llegarán a Croacia. Pero nosotros, que tenemos mucho trabajo pendiente, podríamos darles albergue durante una semana aproximadamente, les pagaremos con comida, cama y algún dinero.
- Voy a buscar a mi mujer. - dijo Abassi- Vosotros quedaos aquí.
Dijo dirigiéndose a los chicos. Y subió monte arriba, hasta el rincón donde había dejado a Milani. Esta aún dormía, se agacho hacia ella y la besó en la frente. Milani dio un salto y se quedó sentada.
- ¿Qué sucede, Abassi? Y Abassi se lo contó.
- Podemos disfrutar una semana de un sueño reparador, de una linda cama y una comida caliente. Además, nos darán algún dinero. Y después, como Milani pasaba los dedos por los ojos como si no comprendiera o estuviera aún medio dormida, él le murmuró al oído.
- Milani.
- Que.
- ¿Has sido feliz ayer noche? Por toda respuesta, Milani se acercó a él. y dijo a media voz, como si le temblara aquella.
- He querido soñar, Abassi, como si el tiempo no hubiera transcurrido, como si nos casáramos ayer noche y la familia nos dejara en nuestro hogar, solos al fin los dos, dispuestos a disfrutar de nuestra mutua compañía... claro que fui feliz, pero es que estando a tu lado, olvido enseguida nuestra tragedia, y cuando lo recuerdo, me da mucha pena.
- Te prometí, Milani, que pronto volveremos a tener un hogar, un lecho y volveremos a gozar de nuestro amor.
INDICE
|
|
|
|
Nota: Los comentarios son moderados y no se muestran hasta su aprobación
Nota: Los comentarios son moderados y no se muestran hasta su aprobación
No escribas TODO CON MAYUSCULAS
No des datos personales: mail, telefono, etc...
Si quieres recibir otras respuestas utiliza la opción "Seguir":
Ahí puedes introducir tu correo (lo mantiene privado) y pueden comunicarse contigo
Se consecuente con la opción que te brindamos, haz comentarios serios (con sentido)
Y lo más importante: ¡Revisa tu ortografía!
|
|
|
|
Creemos
en la personalización: Pulse en los logos para un contacto directo con las marcas
|
Google Friend Connect (desde 07ENE010)
|
|
|
|