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Actualizado: 1 de Enero |
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MILAGRO EN EL CAMINO: SERENIDAD
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martes, 10 de septiembre de 2002
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capitulo octavo
Uno de los molineros llevó a Milani y Abassi a una alcoba con tres camas.
- Aquí - les dijo desde el umbral apuntando el interior- pueden acomodarse los cuatro y también el perro. Si van a trabajar para nosotros, les daremos albergue el tiempo que sea preciso. Los dos somos viudos y no tenemos familia, hace muchos años que nuestras esposas han fallecido. De momento, estamos viviendo una mala racha por la falta de agua, la sequía asola la zona y si no llueve, pronto las cosechas se Irán al traste. - dicho lo cual, dejó al matrimonio en el interior de la alcoba y él desapareció, pero al rato volvió sobre sí y dijo:
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- Me llamo Norati, y mi hermano Armi. - y esta vez sí que desapareció para no regresar.
- Descansaremos una semana - dijo Abassi a su mujer- dormiremos en cama blanda y comeremos caliente, pero nosotros no nos vamos a quedar en este lugar, seguiremos en busca de nuestro destino, que no está aquí precisamente.- y miraba entorno como analizando todo lo que le rodeaba. La casa en sí era destartalada y la formaban el piso bajo donde estaban los molinos y el segundo, al cual se accedía subiendo unas escaleras de madera ya carcomida. El tejado tenía agujeros y las tejas se amontonaban unas sobre otras. Abassi, con acento filosófico murmuró:
- Tendré que cubrirles el techo. Después dejó en una esquina las mochilas que portaban y se asomó a la ventana.
- Mira, Milani - dijo- mira tus hijos. Ellos son felices. Alvi y Yerai corrían tras Curry lanzando gritos de contento, mezclando aquellos con el ladrar feliz del perro que levantaba el hocico como si estuviera celebrando un festín.
- Al menos por ellos, - dijo Milani- merece la pena hacer una pausa. Después los dos descendieron hacia los molinos. Iniciaron el trabajo inmediatamente. Miilani fregó los suelos, lavó ropas y se pasó el día entero trajinando. Abassi subió al tejado y con su paciencia habitual, cubrió aquel, teja a teja, hasta que el anochecer le prohibió continuar trabajando. Cuando descendió, los dos chicos estaban sentados entorno a una mesa de madera en la cual había una cacerola de conejo y patatas que habla cocinado Milani en el fogón ante el cual los dos viejos se hallaban sentados mirándose en silencio. Esa noche Milani le dijo a Abassi.
- Estuve hablando con Armi, el mayor de los dos hermanos y dice que todo el pueblo está desolado porque no llueve, que si la cosecha no se da este año, todos quedarán arruinados. Hay mucha miseria, Abassi, hace ya dos años que escasea la lluvia, la sequía agrieta la tierra y seca la siembra.
- ¿Qué siembran por aquí? - preguntó Abassi.
- Maíz, trigo, cereales de todo tipo y patata. Esa noche, Abassi no se acostó. Subió monte arriba y empezó a pasear de un lado a otro mirando el firmamento. Se sentía fuerte, poderoso como siempre, con esa fuerza interior que ni él mismo sabia de donde procedía. Una gran serenidad rodeaba aquella noche, y paseando pudo observar la aridez yerma de los campos, las grietas en la tierra y los frutos escasos doblados sobre sus tallos, a punto de secarse. Se dio cuenta, como bien le había advertido Milani y los dos molineros, que el agua era tan necesaria como la misma vida, y. empezó a murmurar frases ininteligibles, mirando al firmamento con fijeza. Permaneció allí mucho rato, con las manos unidas, sin parpadear apenas y sin cesar de murmurar como si estuviera pronunciando una oración. Luego giró sobre sí mismo y, paso a paso, con la misma lentitud que habla salido, retornó a la casa y subió pesadamente, sin hacer ruido, las escaleras de madera hacia el cuarto donde Milani dormía ya. Desde la oscuridad contempló a sus hijos. Se hallaban ambos en una cama y a sus pies dormitaba Curry con el morro encima de la manta y como si se suspendiera sobre sus dos patas delanteras. Miró después a Milani y pensó que bien necesitaban aquella serenidad después de la fatiga sufrida durante tanto tiempo. No se acostó. No sentía ningún cansancio9 en cambio, se sentó en el borde de la ventana y miró hacia afuera. Un sutil viento empezaba a surgir entre los árboles, y de súbito, una gota cayó sobre su mano y luego otra, y después muchas más. Cuando vió que el agua empezaba a chocar contra la tierra reseca, cerró cuidadosamente la ventana y se tumbó junto a su mujer. No supo el tiempo que llevaba dormido cuando todos despertaban oyendo los gritos de satisfacción de los molineros.
- ¡Está lloviendo, ha llovido, y sigue lloviendo! ¡Dios Bendito! ¡Qué suerte hemos tenido...! Alvi y Yeral corrieron escaleras abajo y tras ellos iba Curry, ladrando alegremente. Abassi también se levantó en seguimiento de Milani, que se asomaba a la ventana.
- Abassi, qué suerte, está lloviendo.., esta gente podrá salvar sus cosechas. Abassi asintió con dos cabezaditas y añadió en voz alta.
- No podré subir hasta el tejado lloviendo y para que la tierra se humedezca necesitan un día entero lloviendo. Voy a arreglar las correas del molino, están muy gastadas y han de renovarse.
Fue al atardecer de aquel día cuando Norati los buscó gritando:
- ¡Armi se ha caído al pozo! - y levantaba los brazos al cielo como si fuera a tirarse él. Abassi soltó las correas que estaba enhebrando y corrió hacia la salida, detrás iban Milani, los dos niños y el perro. Mientras, Norati gritaba desde la puerta.
- ¡Mi hermano se ha caldo al pozo! Abassi buscó el pozo y se asomó a él. Allá abajo oyó un gemido y el agua que aprecia ser azotada. Era un pozo artesanal. Se volvió para mirar a Norati y le gritó.
- ¡Calla, calla y busca ayuda! Norati le miró desolado.
- Es inútil, hace años se cayó mi esposa y no volvimos a usar el agua de ese pozo. Es muy largo y profundo. Es imposible sacarle de ......
Abassi ya no le oía. Milani tiraba de su zamarra intentando retenerle, pero Abassi, asiéndose a los bordes del pozo, iba descendiendo. Un pié aquí y otro en el otro lado y mientras descendía, gritaba:
- ¡Armi, aguanta, aguanta, que voy a tu lado, sujétate a la pared!
Norati le decía a Milani.
- No te dejes bajar, se quedará abajo como mi esposa... es imposible. Pero la voz de Abassi sonaba desde el agujero.
- Calma, estate tranquilo, voy a salvar a Armi.
Los dos niños, uno contra otro, con Curry en medio, sollozaban ahogadamente y Norati tiraba de la zamarra de Milani gritando a su vez.
- ¡No le dejes bajar, dile que suba, que no puede llegar al fondo! - y sollozaba con la cabeza metida entre las manos. Pero la voz de Abassi se oía ya muy ahogada. Entretanto Milani continuaba con la cabeza asomada a la negra boca del poco artesanal. No sabía si rezaba o suplicaba, sabía, eso sí, que una voz interior le advertía que Abassi volvería a emerger de aquel infierno. La misma lluvia caída aquella noche - pensaba Milani en su subconsciente- procedía del firmamento y se debía al poder sobrenatural de Abassi. No creía posible que Abassi se lanzara por aquel agujero negro que parecía la boca de un infierno, o de una mina sin estar seguro de salir indemne de la prueba. Había vivido a su lado todo aquel tiempo y le habla visto emerger sano y salvo de otras muchas peripecias tan graves o más que aquella.
Los gritos de sus hijos y el ladrar de Curry le obligó a volver el rostro. El agua los había empapado a todos, pero eso no importaba.
- ¡Cállate, Norati, cállate, por Dios! Abassi volverá con Armi, ya veras.
Norati movía la cabeza desesperadamente de un lado a otro gritando.
- No es posible, no es posible, cuando mi mujer cayó hace tiempo, todo el pueblo vino con cordeles y correas y no pudieron sacarla ni viva ni muerta. Tiene muchos años ese pozo y desconocemos su profundidad, sólo sabemos el ruido que hace cuando tiras algo, parece que es infinito.., es imposible que ellos salgan, Milani.
Empezaba a reunirse el pueblo entero ante los gritos de Norati y los niños. Las gentes se asomaban a la boca del pozo y no se oía absolutamente nada. Los sollozos se multiplicaban y los ayes de las mujeres. Milani seguía pegada al pozo, con la cara vuelta hacia aquel agujero infernal. Transcurría mucho tiempo, tal vez dos horas, cuando Milani, entre todos aquellos gritos y llantos, sintió un ruido especial dentro del pozo, así que alzó un brazo y pidió silencio.
- No sigáis gritando, dejad de sollozar, pienso que Abassi vuelve- y todos, como si fueran uno, se abocaron al pozo. Fue cuando vieron cómo las piernas de Abassi se fijaban a los lados del pozo. Tiraba de algo que por lo visto le pesaba mucho, ya que lo sujetaba con las dos manos.
- Es Abassi - dijo Milani apenas con un hilo de voz- es Abassi y trae algo.
La cabeza de Abassi ya asomaba, serena, con aquella mirada que parecía de un cristo resucitado y los cabellos mojados que le empapaban el rostro, y entre sus manos, las manos blancas y crispadas de Armi. Todos se abalanzaron y sujetaron a Armi. Abassi salió de un salto y se quedó mirándoles uno a uno. Armi aún echaba agua por la nariz y por la boca, pero estaba vivo.
- ¡Es un milagro! - decía Norati abrazado a su hermano- ¡Es un milagro! La voz de Abassi acalló los sollozos y los gritos.
- No es ningún milagro. He bajado al pozo con mucho cuidado y he buceado hasta encontrar a Armi. Lo demás, ya lo habéis visto. He trepado de nuevo. Ha sido todo real y natural, pero Dios me ha ayudado. Llevaos a Armi al interior de la casa y abrigadlo mucho. Ponedle ropa seca. Milani, con timidez, se acercó a su marido y le dijo al oido:
- Abassi, también tú estás mojado. El aludido sacudió la cabeza y retiró los cabellos del rostro. Los alisó maquinalmente una y otra vez, y otra vez y otra. Después, silenciosamente, entró en la casa. En un mismo silencio extraño se fueron retirando los vecinos y Norati, aún sollozando, continuaba abrazado a su hermano a la vez que lo empujaba hacia el interior. Curry ladraba alegremente jugando entorno a sus dos amigos, mientras Yeral y Alvi saltaban de gozo. En cambio Milani, sujeta a la cintura de su marido, con la cara apoyada en su pecho, caminaba hacia la casa pensando también y en silencio, que aquello no había sido razonable, que algún poder extraño tenía su marido para salir indemne siempre de cualquier peligro.
- Ha sido un milagro, Abassi - le dijo en voz baja.
- No lo creas, me ha costado un montón descender y mucho más subir, además, tuve que hacerle el boca boca abajo, sujeto por las piernas contra las paredes, es muy profundo el pozo y el agua es sucia.
- ¿No te habrás intoxicado?
- No, no temas, no he tragado agua. He asido por los pelos a Armi y lo he levantado. Pero recuerda que no ha sido ningún milagro, me ha costado un esfuerzo casi inhumano. Dice Norati que su mujer ha caído hace años y nunca la han recuperado. Tampoco me asombra. Dice que usaron correas y cordeles y no la lograron sacar, pero ya te digo que no me asombra. - y entre tanto hablaba, procedía a despojarse de la ropa mojada y se cubría con una manta
- No tengo otra, llévala junto al fuego y que se seque. Los dos viejos son muy pequeños y su ropa no me sirve. Melani hizo lo que le mandaba. Cuando llegó junto al fogón, encontró a Norati y a Armi abrazos y mojados los dos.
-Que se cambie de ropa, Norati, va a pillar una pulmonía - dijo Milani.
Ellos dos se volvieron hacia la mujer y se arrodillaron ante ella.
-Es un milagro, Milani, un verdadero milagro, nunca nadie ha podido bajar ahí y se han caído animales y personas... Además, - añadía Norati sin dejar de sollozar- lo habíamos tapado con unas tablas.
- Es por lo que yo caí, fui a cerrarlas bien y resbalé. Es muy profundo, Norati, es muy profundo, yo todavía no comprendo cómo pudo sujetarme por los pelos, yo estaba ahogándome, pero Abassi me hizo el boca a boca y de repente respiré y él me alzó. Milani no quiso oírlos. Extendía la ropa sobra unas maderas y esperaba allí a que se secara atizando el fuego. Entre tanto, oía a sus hijos correr por el prado y gritar bajo la lluvia. Aquella azotaba los cristales con fiereza.
- Norati, dile a los niños que entren, que hay que secar sus ropas- y a la vez que hablaba, pensaba una vez más que nada de aquello era natural...
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