|
|
 |

Actualizado: 1 de Enero |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
MILAGRO EN EL CAMINO: EL ABATIMIENTO DE ABASSI
|
|
|
miércoles, 11 de septiembre de 2002
|
|
|
|
|
A medida que el día avanzaba, el sol salía con más fuerza. Los dos chiquillos, una vez subieron al carromato al amanecer, volvieron a dormirse y estaban allí, en el fondo de aquel artilugio de madera empujado por un motor de automóvil. Dormían profundamente, y tanto es así, que a media mañana Milani rompió el silencio que parecía abatir a su marido.
|
|
|
- ¿No te parece, Abassi, que duermen mucho?
Desde el volante, Abassi volvió la cabeza y lanzó una larga mirada sobre sus hijos. Yerai tenía los ojos abiertos y jugueteaba con Curry, que le lamía la cara una y otra vez.
En cambio Alvi seguía dormido y, según pensó Abassi aunque no se lo dijo a su mujer, parecía pálido y demacrado. Tal vez, pensó Abassi, había jugado demasiado por aquel pueblo que quedaba atrás y dormía su cansancio, aunque por otra parte, Alvi siempre había sido madrugador y el sol le estaba dando plenamente en la cara. En vez de responder y comentar todo esto que pensaba con su esposa, dijo:
- Tendremos que buscar dónde pasar la noche. Me voy a desviar de la carretera a media tarde. Buscaré una sombra bajo un árbol espeso y acamparé. Hay algo, Milani, que no queremos recordar y lo tenemos encima. La única lata de gasolina que nos queda, tendremos que echarla en el depósito esta misma mañana, y si no encontramos una gasolinera por el camino, tendremos que prescindir de este armatoste y seguir a pié, lo cual no será nada grato para ninguno de nosotros
- Me parece que ayer quedaban dos, Abassi.
- No, no, antes de salir del pueblo eché la penúltima lata en el depósito. Nos durará hasta mañana, pero para que no haya posos y se llene el carburador de ellos, echaré la última lata tan pronto como me detenga.
El artefacto rodaba por la carretera con aquella lentitud que le era habitual. Yerai se puso de pié y se inclinó hacia su madre, que iba sentada junto a su padre.
- Mamá, Alvi no despierta, además, intenté moverle y sigue dormido.
- Déjale dormir - dijo Abassi sin mirar a su hija- estará cansado.
- Sí, papá.
Y el carromato siguió rodando. A media mañana, Abassi volvió el rostro y vio a Yerai jugando con el perro como dos horas antes, y a Alvi, su hijo, acurrucado en una esquina, encogido sobre si mismo y con una palidez extraña en el rostro.
- Voy a buscar un camino vecinal, Milani. - le dijo a la mujer- Voy a aparcar, no me gusta nada el semblante de Alvi.
Milani volvió el rostro justamente cuando aparecía ante ellos un camino vecinal hacia la izquierda y un bosque frondoso con amplios surcos a través de los árboles. Abassi torció el volante, deslizó el artilugio hacia las sombras y se detuvo. Primero saltó al suelo, se cercioró de que tenía la lata de gasolina debajo del carromato sujeta con las correas, tal como la había puesto, y luego se volvió hacia el interior del carromato. Allí seguía Alvi, pero para entonces ya Milani se había situado junto a su hijo y lo tenía entre los brazos. Alvi abrió apenas los ojos, lanzó un gemido y se quedó encogido en los brazos de su madre. Abassi, ya inclinado sobre ambos, posaba su mano en la frente de su hijo.
- Está ardiendo, Milani, ¿te das cuenta?. No es sueño ni cansancio, me parece que es enfermedad.
Alvi temblaba, pero en cambio ardía como si la temperatura le hubiera subido a más de cuarenta grados. Ambos se miraron uno al otro como preguntándose, ¿qué hacemos? ¿qué mal puede aquejar a nuestro hijo?
- ¿Que le pasa a Alvi? - preguntó Yerai angustiada entre tanto sujetaba entre sus brazos a Curry, que aullaba de forma lastimera, como si presagiara algo desagradable.
- Ve a dar una vuelta con el perro, Yerai, - le dijo Abassi- parece que Alvi está un poco enfermo, pero vamos a intentar curarle. No te vayas demasiado lejos, no pierdas de vista el carro, y si ves a alguien extraño, vente de nuevo con nosotros.
Yerai siempre obedecía a su padre, como también lo hacía Alvi. Eran dos seres que se amaban profundamente y que obedecían a sus padres como si fueran dioses para ellos, aunque Abassi y Milani consideraban que sólo eran obedientes y bien educados. La ternura de la pareja que formaban sus padres nunca les faltó, ni en los peores momentos, ni en aquellos terribles recuerdos que ambos niños tenían en mente al haber visto atrocidades en el interior de Kosovo. Tal vez la visión de aquel infierno devastador les habla hecho más obedientes, más educados y mejores, sobre todo, más humildes. Hasta la fecha, habían sido dos niños normales que acudían a la escuela, que veían la televisión, que estaban aprendiendo idiomas diferentes al suyo por ver películas y dibujos animados. Por otra parte, tenían el recuerdo de sus padres amándose siempre, sin una disputa, sin una contrariedad que los alterara a ellos, y todo aquello había sido destruido casi de un día para otro. Aún con ser tan pequeños tenían una experiencia tan vasta dentro de sí y tan destructiva, que todo lo que les ocurriera en adelante seria bien aceptado. La niña se fué con Curry hacia el interior del bosque y Abassi miró interrogante a Milani, como preguntando nuevamente: ¿Qué hacemos?
- No lo se... - dijo ésta adivinando los pensamientos de su marido- es la primera vez que nos ocurre en todo este tiempo y no tenemos nada, ni aspirinas, ni un analgésico. Lo único que podemos hacer es mantener a Alvi a dieta, y a ver qué ocurre.
- Tampoco está comiendo mucho más que pan duro y seco.
- Tiene los labios resecos...
- Espera, voy a buscar la cantimplora para aplicársela a los labios, que beba un poco de agua.
- Es que está ardiendo... Abassi volvió a tocarla, la mujer lo miró anhelante.
- Abassi, tú tienes un poder, ¿no puedes hacer uso de él?
- No quisiera. Pretendo ser un hombre humano como los demás y esos poderes que se me atribuyen me hacen pequeño, me menguan, Milani, pero aquí se trata de mi hijo y voy a intentar doblegar mi mente, apoderarme de ella si es que puedo y buscar un consuelo para Alvi.
Se sentó al lado de su mujer, asió la cabeza entre las manos e intentó buscar aquel poder que, en aquel instante, cuando más lo necesitaba, no acudía a él.
- Este poder, si es que existe, Milani - decía sin separar la cara de las manos- no es para salvar a los míos, no es para librarme de una enfermedad, debe ser otra cosa... debe ser enfocado sólo a hacer el bien a los demás...
- Pero tu hijo es los demás, Abassi.
La respuesta de Abassi fué arrodillarse a los pies de su mujer y mirarla ansiosamente.
- No pienso nada, Milani - decía- estoy tan vacío, tan ausente, que me es imposible concentrarme. Además, si me bastó mover un dedo para apagar un fuego, ¿por qué no puedo ahora tocar a mi hijo y librarlo de esta fiebre que le consume?
- Tócale, Abassi, por el amor de Dios, tócale, y piensa que lo tocas para despojarle de la fiebre...
Abassi estiró la mano con timidez. Algo dentro de sí le decía que sus poderes no salvaban enfermedades, y menos las de su propia carne. Tocó con los dedos la frente de Alvi y los sostuvo allí un momento, pero después los retiró.
- Me arden... - dijo- Me arden... He de hacer algo, pero aún no sé qué. Imitaré el recuerdo que me dejó mi madre.
- ¿Y que recuerdo es, Abassi?
- Verás, en una ocasión tenía una fiebre altísima, ya andaba yo tonteando contigo, entonces mi madre me envolvió en un cobertor mojado y la fiebre fué bajándome paulatinamente, y empecé a curarme.
- ¿Y donde encontraremos agua para mojar estas mantas, Abassi?
- No lo sé. Pero voy a buscarla.
- No te alejes demasiado, me da miedo quedarme sola en este paraje; por esta carretera, además, no pasan autos, ni camiones, ni se ve un ser humano.
- Es que no hemos tomado la carretera general, querida, intento atajar lo más posible para llegar a las afueras de Bosnia Herzegovina y pasar hacia Croacia lo antes posible. Aguarda aquí, por favor.
Y saltó del carromato. Buscó a Yerai y asiendo su mano, murmuró.
- Vamos en busca de un río.
- ¿Qué llevas ahí, papá?
- Una manta. Y esto es un recipiente para traer la manta mojada.
De repente, se detuvo y dió un golpe sobre su propia frente.
- Soy tonto, si tengo agua en la cantimplora... - pero añadió enseguida- será poca.
De todas formas volvió sobre sus pasos. Pensaba que podría no tener poder para salvar a Alvi, pero seguramente habría mil formas de librar a su hijo de aquella peligrosa temperatura.
- Quédate aquí jugando, Yerai, y procura que el perro no siga ladrando, y no de tantos saltos, díselo, a ti te obedece. Yo voy a volver al carromato, junto a tu madre y tu hermano.
- ¿Cómo está Alvi, papá?
- No lo sé. Tiene mucha fiebre y lo que pretendo es bajársela. Aguarda aquí. Pero no te alejes, que por estos lugares todo es peligroso, hasta las alimañas.
Y echó a andar nuevamente hacia el carromato. Iba en mangas de camisa, con éstas arremangadas y medio despechugado, tan alto, tan pelirrojo y tan lleno de pecas, tenía un aspecto extraño. El pensaba que no era como los demás, algo había dentro de él que lo aniquilaba y abatía, pero tenía que vivir con ese segundo ser que lo dominaba.
- No has encontrado agua. - dijo Milani al verle.
- No, no la he buscado, me he dado cuenta de súbito de algo...
- ¿Algo?
- Verás - y saltaba al interior del carromato- Tenemos una cantimplora con agua, si mis poderes existen, espero que el agua no se termine, hasta la fecha ha saciado la sed de todos nosotros. ¿Por qué ha de acabarse ahora?
- No me digas que pretendes con ella empapar una de estas mantas...
- Pues sí, es lo que pretendo, si es que tengo ese poder. No podré, sin duda, salvar a mi hijo con un dedo, pero si podré despojarle de la fiebre que le consume. Ayúdame tú, vamos a meter la manta en este recipiente.
Era un caldero simple de plástico que les había dado Norati, el molinero, con muchas otras cosas, pero todas aquellas habían desaparecido porque eran alimentos, mientras que el caldero no saciaba el hambre de nadie.
- Ahora - dijo Abassi empuñando la cantimplora- veremos si esto se convierte en un manantial o se acaba el agua antes de que moje una esquina de la manta.
Milani le miraba anhelante.
- Tengo miedo, Abassi. - murmuraba
- No es el momento ahora de temer miedo - dijo él con súbita energía, pero con aquella dulzura inmensa que le unía a su mujer- Verás como esto sale bien, si venimos rodando por aquellos pueblos desiertos y devastados y he ayudado a todos mis congéneres, ahora que mi hijo me necesita, comprenderás que debo esforzarme muchísimo más...
- Pero no es cuestión de esfuerzo, Abassi, es cuestión de un milagro.
- Queramos o no, desde que salimos de Kosovo, venimos palpando los milagros paso a paso, es como si salieran con nosotros de aquel infierno y nos condujeran, a través de un purgatorio, hacia el cielo.
- Crees en ti mismo, ¿verdad, Abassi?
- No tanto; ni quiero creer, solo te puedo decir que voy a intentar con todas mis fuerzas íntimas e interiores salvar a mi hijo. No me veo sin él siguiendo mi ruta, no me veo, Milani, no me iré conduciendo este artefacto sin la presencia de Alvi; hemos tenido dos hijos, los hemos criado con amor, luego llegó la batalla y el sufrimiento, pero para nosotros siguen siendo dos ángeles vivientes que hemos engendrado entre los dos...
Y dicho lo cual, volcó la cantimplora sobre el caldero y sobre la manta. Milani y él se miraron intensamente. El agua no paraba de salir de la cantimplora...
INDICE
|
|
|
|
Nota: Los comentarios son moderados y no se muestran hasta su aprobación
Nota: Los comentarios son moderados y no se muestran hasta su aprobación
No escribas TODO CON MAYUSCULAS
No des datos personales: mail, telefono, etc...
Si quieres recibir otras respuestas utiliza la opción "Seguir":
Ahí puedes introducir tu correo (lo mantiene privado) y pueden comunicarse contigo
Se consecuente con la opción que te brindamos, haz comentarios serios (con sentido)
Y lo más importante: ¡Revisa tu ortografía!
|
|
|
|
Creemos
en la personalización: Pulse en los logos para un contacto directo con las marcas
|
Google Friend Connect (desde 07ENE010)
|
|
|
|