|
|
 |

Actualizado: 1 de Enero |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
MILAGRO EN EL CAMINO: EL ENCUENTRO
|
|
|
miércoles, 11 de septiembre de 2002
|
|
|
|
|
Tal como había pensado la noche anterior, Abassi amaneció, preparó el zurrón, un tipo de flecha que había hecho por la noche, llamó a Yeral en un susurro y el perro, Curry, que oyó a su amo, saltó silenciosamente del carromato. Abassi mostró a su hija los armamentos que llevaba y ambos salieron del carro adentrándose en el bosque. Abassi iba diciéndole a su hija:
|
|
|
- Espero cazar algún pájaro, o quizá una liebre... De todas las maneras hemos de volver con algo para que Alvi coma caliente.
- ¿Estaremos mucho tiempo por esta zona, papá?
- No, mañana mismo saldremos, aunque dado que no disponemos ya de reservas de gasolina, sólo cinco litros escasos, posiblemente tengamos que hacer el camino a pié y será más duro, pero a eso, hija, ya estamos habituados.
- íMira, papá, mira, ahí tienes una banda de pajaritos! - susurró la niña en voz muy baja.
Abassi puso el dedo en la boca mirando al perro indicándole silencio, y se adentró entre los arbustos para lanzar la flecha. La bandada de pájaros salió disparada, pero sin embargo, tres cayeron al suelo.
- Toma el morral, Yerai, y recógelos. - y él continuó atisbando, intentando lograr más caza.
Pero cuanto más distraído se hallaba apuntando a una manada de pájaros que colgaba de la rama de un árbol, oyó el grito terrible de Yerai, lo soltó todo y salió corriendo. Yerai se hallaba de pié entre las hojas secas que se amontonaban en el suelo, caídas de los árboles. Había un bulto que la niña miraba fijamente muy asustada. Curry husmeaba entorno al bulto y éste se movía, se movía hundido entre las hojas secas que casi le cubrían. Abassi se abrió paso, cayó de rodillas al suelo y observó aquel bulto. Había dos personas, un niño de unos cuatro años, vestido con harapos, que se movía y a su lado una mujer absolutamente inerte, también cubierta con harapos y a punto de descomponerse. Abassi separó al niño de la mujer, lo levantó en brazos, giró sobre si mismo y lo depositó lejos del cadáver. Después miró fijamente a Curry:
- Ve a buscar a Milani.- dijo.
El perro salió disparado. Tal se diría que era un ser humano y lo entendía. No tardó ni diez minutos en retornar, corriendo y ladrando delante de Milani, que corría a su vez.
- ¿Qué sucede Abassi?
- Mira - le mostró al niño tapado en el suelo con su propia zamarra.- Mejor que no mires más allá, la mujer que supongo madre del niño es cadáver y además, a punto de descomponerse. Llévate al niño al carro, calienta las hierbas que hice ayer y aplícaselas, dale masajes, te puedo asegurar que este niño está vivo.
- ¿Qué edad puede tener? - preguntó Milani levantándolo en brazos- Pesa poco.
- Pues tendrá cuatro años. Llévatelo y haz lo que te digo, yo voy a buscar una azada para enterrar a la mujer.
- Antes mira si lleva documentación, Abassi. Será una huida como nosotros, ¡sabe Dios de dónde viene!
- O a donde iba. - replicó Abassi. Y se fue caminando pesadamente al carro en busca de una azada con el fin de enterrar a la mujer. Para esto ya su mujer había trasladado al niño al carromato y lo tapaba con varias mantas cerca de Alvi, que aún convalecía y le daba a beber el agua de hierbas que Abassi había hecho la noche anterior. Al rato regresó Abassi con la azada al hombro en seguimiento de Yerai y Curry, que seguía saltando entorno a ellos comprendiendo, tal vez, aquella tragedia que habían encontrado. En la mano Abassi traía una pequeña carpeta de plástico. Se sentó en el borde del carro mirando al niño que dormitaba, aunque a veces parpadeaba como indicando que seguía vivo, aunque muy débil.
- Proceden de Kosovo, como nosotros, Milani.- dijo desplegando los papeles- La mujer se llamaba Gimia y el niño se llama Yuri, tiene cuatro años. Voy a guardar los papeles por si un día los necesito. ¿Has logrado revivir al niño?
- No del todo, pero creo que saldrá adelante.
- No hay nombre de hombre, esta mujer se perdió por estos riscos hace ya mucho tiempo. Me parece que ha muerto de hambre, aunque ha alimentado a Yuri hasta el final de sus días. La he enterrado, y tendremos que hacernos cargo del chico. Será uno más de nosotros, estás de acuerdo, ¿verdad, Milaní?
- Claro que sí, Abassi, claro que sí. - y apretó al niño contra su pecho restregándole la espalda con mucho cuidado.
- Buscando donde enterrar a la mujer muerta, - explicaba Abassi- he visto humo allá abajo, como si existiese vida y bultos que me indicaban, entre la niebla, hogares, casas. Iremos por ese sendero hasta el fondo y sabremos dónde nos encontramos, por una parte, y por otra, tal vez alguien nos proporcione combustible para seguir en este carromato. Ahora somos uno más y de momento voy a considerarlo un hijo, para nada voy a referir lo que he encontrado y ni dónde he enterrado a la mujer . Ah, - añadió con una exclamación- limpia estos pajaritos, son seis; al menos, antes de marcharnos de este lugar, podremos hacer un guiso. - y aún añadió- Dame al niño, que lo voy a apretar contra mí, a ver si le doy calor y lo revivo del todo.
No lo logró enseguida, pero cuando Milani tuvo los pájaros pelados, sin una pluma y los metió en un recipiente y colocó aquel sobre el fogón de la noche anterior, Yuri había abierto del todo los ojos y bebido con ansiedad el último brebaje que le daba Abassi.
- ¿Y mi mamá? - preguntó el niño Fueron las primeras palabras que pronunció.
Abassi le pasó la mano por el pelo una y otra vez.
- Mañana - le dijo por toda respuesta- cuando estés un poco mejor, como dispongo de unas tijeras, te cortaré esta melena de niña, porque tú eres un niño...
- Si, ¿y mi mamá?
- ¿Hace mucho que andas por estos montes, Yuri? - preguntó Abassi.
- No sé.
- ¿Siempre has ido solo con tu mamá?
- Sí- .
- ¿No tenias papá?
- No.
- ¿Te acuerdas de él?
- Sí.
- ¿Dónde dejaste de verle, Yuri?
- Mamá siempre dijo que cuando íbamos a entrar en Albania, un misil mató a mucha gente en un puente y mi padre estaba allí.
- ¿No sabes nada más?
- Nada.
- ¿Ni siquiera cómo se llamaba?
- Iván.
- Y no sabes nada mas...
- No, nada más.
- ¿Recuerdas si hace mucho tiempo de eso?
- Mucho, sí.
- Vamos a ver, Yuri, de ahora en adelante vendrás con nosotros, formarás parte de nuestra familia.
- ¿y mi mamá? Quiero ver a mi mamá...
- De momento no va a venir, fue a buscar una casa donde vivir contigo. Tienes que conformarte.
Yuri lanzó una mirada desesperada sobre todos los demás y se encontró con muchas sonrisas. Tenía cuatro años, eso lo sabía Abassi seguro por la documentación que había guardado, y un niño a esa edad olvida pronto, y confiaba que Yuri se fuese haciendo a su familia y olvidase toda la tragedia que había vivido anteriormente. Esa noche comieron pájaros asados en las llamas a través de una cacerola. bebieron agua aromática y durmieron todos en el carro. Al amanecer, sin siquiera despertarlos, Abassi puso el carromato en marcha rumbo hacia aquel humo que había visto el día anterior. Rodó durante más de media mañana, y cuanto más avanzaba por aquel sendero que no era una carretera y bordeaba toda la falda de una montaña, mejor precisaba que, efectivamente, iba hacia un pueblo.
Pensaba mientras conducía que tal vez le correspondiera volver a reponer casas y a usar de sus poderes para enderezar entuertos, pero a medida que el carromato avanzaba, veía que el pueblo no dejaba de ser un pueblo corriente y moliente, como tantos otros que existían por allí. El pueblo no había sufrido devastación, las casas eran pequeñas y humildes, los tejados rojos, de teja, pero sin agujeros. Había campos sembrados y callejas estrechas, y íDios!, pudo ver al principio del pueblo una tienda de comestibles y una especie de surtidor de gasolina. Para entonces ya estaba despierta Milani aunque los chavales seguían durmiendo y el perro, acurrucado entre los chicos, parecía también descansar. Con una seña, Abassi pidió a Milani que fuese a sentarse junto al volante. En voz baja le dijo:
- Al menos es posible que aquí no tengamos que reconstruir casas. Parece un pueblo humilde, pero se diría que la guerra no ha pasado por él.
- Está demasiado escondido - replicó Milani- Si no fuera porque tu fuiste a cazar, no lo hubiéramos visto y hubiéramos bordeado la montaña.- y de repente añadió- Oye... y su voz tenía una cierto temblor.
- Dime, Milani, me ibas a decir algo...
- Es sobre Yuri, ¿qué vamos a hacer con él?
- Llevarlo con nosotros. Será como un hijo más.
- ¿No sería mejor dejarlo con una buena familia? te lo digo porque no sabemos lo que será de nosotros, y me parece que Yuri ya ha sufrido suficiente para permitirle que siga sufriendo.
- No, Milani, no, hemos encontrado a Yuri y si el destino quiso que fuera así, lo uniremos a nuestra familia. Será uno más, sin distinción de los otros dos. Más que compañía, lo que Yuri necesita es cariño, afecto, amor maternal. Ha perdido lo más hermoso de este mundo y nosotros hemos de ocupar su lugar.
Ya entraban en el pueblo. Las gentes salían a las ventanas y los miraban con curiosidad. Abassi detuvo el carromato en una pequeña plaza destartalada y miró entorno. Algunas personas se asomaban a las ventanas. Era un pueblo chiquito, de esos pueblos que se encuentran en las rutas de los caminos y que están abocados a desaparecer. Los niños despertaron en aquel instante y miraban entorno con expresión asustada. Abassi se volvió hacia ellos sin soltar el volante y ya con el carromato frenado.
- Calmaos, yo estoy aquí. La gente que estáis viendo no tiene por qué ser mala. Un hombre anciano se acercó al carromato.
- ¿Qué buscáis? porque aquí poco podemos daros.
- Un trabajo en el campo y un pedazo de pan, si acaso.
- Aquí no hay dinero y la tienda de comestibles, que nunca está muy abastecida, nos cambia la comida por cualquiera de las siembras que sacamos de la tierra.
- Vamos de paso - dijo Abassi- pero necesito descansar una noche al menos y hacerme con gasolina.
- ¿Tienes dinero para pagarla?
- No. Pero tengo brazos y sé trabajar. También mi mujer, hasta mis hijos...
- será mejor que bajéis del carro - dijo el anciano- y podéis seguirme. Trabajo nunca falta, sobre todo porque estamos recolectando. Dos veces al año pasan camiones a recoger y llevarse las cosechas y nosotros las cambiamos por comestibles en esa tienda, que también abastecen los mismos camiones que vienen a recoger la cosecha.
A todo esto, Abassi alzó a Yuri en brazos y todos descendieron del carro. Caminaron tras el viejo hacia un caserón, que si bien no estaba destartalado si se apreciaba su vejez.
- Vivo aquí con mi esposa - decía el viejo- Ya somos demasiado mayores para recoger la siembra. Es posible que el año próximo ya no podamos ni sembrar.
Milani dijo a Abassi en voz baja. - Podríamos quedarnos aquí.
Abassi la miró espantado.
- Claro que no, yo busco algo más amplio para vosotros. Milani, hemos recorrido demasiados caminos, hemos sufrido mucho calor y demasiado frío como para conformarnos con tan poco. No es soberbia, Milani, es el deseo de vivir más tranquilo aunque trabaje más y también la ansiedad de darles a nuestros hijos una educación más plena para enfrentarse al mundo que les espera. Trabajaremos aquí, claro que sí, pero sólo para comprar algún comestible y hacernos con la gasolina que necesitamos. Dentro de una semana, todo lo más, seguiremos nuestro camino, pero no olvides que de ahora en adelante son tres hijos los que tenemos. - y aún apretaba a Yuri contra su cuerpo.
El niño parecía dormitar todavía. Estaba flaco pero Abassi sabía que lo sacaría adelante con paciencia y ternura, toda aquella que él llevaba siempre dentro de si mismo.
INDICE
|
|
|
|
Nota: Los comentarios son moderados y no se muestran hasta su aprobación
Nota: Los comentarios son moderados y no se muestran hasta su aprobación
No escribas TODO CON MAYUSCULAS
No des datos personales: mail, telefono, etc...
Si quieres recibir otras respuestas utiliza la opción "Seguir":
Ahí puedes introducir tu correo (lo mantiene privado) y pueden comunicarse contigo
Se consecuente con la opción que te brindamos, haz comentarios serios (con sentido)
Y lo más importante: ¡Revisa tu ortografía!
|
|
|
|
Creemos
en la personalización: Pulse en los logos para un contacto directo con las marcas
|
Google Friend Connect (desde 07ENE010)
|
|
|
|