|
|
 |

Actualizado: 1 de Enero |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
MILAGRO EN EL CAMINO: PARADA OCASIONAL
|
|
|
miércoles, 11 de septiembre de 2002
|
|
|
|
|
El anciano llamado Boris le ofreció su casa y organizó en una alcoba varios colchones para que descansara la familia de Abassi. Durante el día se había puesto de acuerdo con Boris y Yerma, su mujer, para recolectar el centeno, a ser posible, en tres días, por lo cual Boris le entregaría gasolina para el resto del viaje, y algo de comida. El semblante de Boris denotaba con mucha facilidad la bondad de que era dueño, lo que rápidamente entendían los demás; por lo tanto, Boris se percató de que estaba tratando con un hombre serio, un hombre trabajador y un cumplidor a extremos, por eso le dió toda la información que le pedía y aquella noche, cuando todos descansaban y Yerma se habla retirado a su alcoba, Boris y Abassi, sentados en el dintel de la puerta, contemplaban la noche estrellada y apacible, y a la par conversaban sobre los intereses de ambos.
|
|
|
- Aquello fue un infierno - explicaba Abassi- Los kosovares huían montañas arriba, pero los serbios los atrapaban en cualquier esquina. Han muerto a centenares, he visto a mi familia degollada, a mis padres, a mis hermanos... nosotros nos hemos salvado de verdadero milagro y te advierto que llevo más de un año vagando por esos montes, buscando un lugar donde poder descansar apaciblemente.
Boris le miró largamente.
- ¿Y si te quedaras aquí, Abassi?
- No se trata de eso, Boris, busco un lugar donde mi familia pueda prosperar, donde no tema mirar a parte alguna para encontrarme con un fogonazo. Ya nunca soportaré ni envidias ni tiranteces, ni poderes, ni siquiera acumularé dinero aunque pueda hacerlo. Solo quiero vivir apaciblemente y el lugar no es éste. Además, ni siquiera sé bien donde estoy, si puedes explicármelo tú, te lo agradecería. He huido de Macedonia, he dejado muy atrás Montenegro y no digo nada de la frontera con Albania; he tirado monte arriba y he pasado Sarajevo. Ahora mismo Yugoslavia ya no me dice nada, ni tampoco los serbios, y mucho menos Kosovo. Yo vivía en Pristina, tenía una ebanistería acreditada, era un trabajador, un buen artesano, mis hijos iban a la escuela y mi mujer me ayudaba en la contabilidad. Todo eso se vino al traste y ya no soy un crío, ya no volveré a cumplir nunca treinta años, de modo que voy camino de Austria, mi objetivo de momento es ese, aunque no para quedarme; cuando haya ganado unos cuartos chelines, me iré para España, cada chelín en España vale doce pesetas, con mis brazos y mis manos no me será difícil ganar algún dinero que me conduzca a mi destino.
- Estoy de acuerdo contigo, Abassi, porque eres joven y tienes fuerzas para luchar. Yo sin embargo, ya estoy viejo. En cuanto a la situación geográfica, nos encontramos a las afueras de Zagreb, a unos cientos de kilómetros de Eslovenia, si llegas a Liubliana, te será fácil dar el salto a Austria, si es eso lo que pretendes...
- Es lo que pretendo justamente.
- Pues no te preocupes, una vez hayas recolectado mi centeno, yo te negociaré la gasolina, te ataré bajo tu carro latas para que puedas llegar al menos hasta Eslovenia, porque aunque luego no tengáis más remedio que seguir el camino a pié, que no creo, podréis encontrar un autobús que os conduzca a Austria. Voy a hacerte otra advertencia que tal vez ignores, dado que vienes de camino por esos montes desde hace doce meses.
- Dime, dime,... - le apremió Abassi deseoso de conocer su situación actual.
- Verás, los kosovares están siendo acogidos en todo el mundo, desde el Canadá hasta España, todos los países los han recogido y los protegen, no solo en Europa, sino también en América. Eso significa que cuando llegues a Austria, no serás un extraño, sino un refugiado y como estáis documentados como kosovares, os será fácil encontrar amparo y ayuda, y estoy seguro, por lo que oigo en la radio y la televisión, - que de eso si abundamos en este rincón perdido del mundo- que a los kosovares les están ayudando en todas partes, y si pretendes llegar a España, lo conseguirás.
- Fue poniéndose en pié poco a poco- Ahora, Abassi, ve a descansar un rato. Al amanecer te llamaré y nos iremos todos a las eras. Yerma y yo somos demasiado mayores y no podríamos recolectar todo el centeno. Para el año que viene es posible que ya ni siquiera podamos sembrarlo, pero de momento, hay que prepararlo para que la próxima remesa para el camión esté dispuesta.
Cuando Abassi entró era la estancia que les habían dispuesto para descansar, lo hizo cauteloso y pisando con cuidado. Todos dormían profundamente. No le asombraba, estaban rendidos. Miró al chiquitín, que dormía pegado a Milani, y sonrió con ternura: uno más, una responsabilidad más que asumía aunque le costase un gran esfuerzo, que dado como era, ni siquiera lo sería. Durmió mal y poco porque se pasó más de media noche pensando en el futuro y en la forma de llegar a Eslovenia, y sobre todo, de pasar a Austria. Al amanecer, Boris le llamó y a media mañana la era estaba casi recolectada. Menos Yuri, todos trabajaban allí, hasta Alvi ataba los montones que iba formando su padre con las largas guías del centeno. Allí no había tractores, solo unos caballos hambrientos tiraban del carro de madera que conducía el centeno de las eras a los patios de las propiedades de Boris, cercanos a los campos. Al anochecer, había sido recolectado todo, y Boris, con la ayuda de Abassi, ataba fuertemente las latas de gasolina bajo el carro. Boris entonces advirtió a Abassi:
- Ten cuidado, las maderas están algo gastadas. Si eres ebanista, quizá podrías arreglar estos pequeños desperfectos antes de continuar la ruta, porque pueden dejarte tirado en el camino si no lo haces.
- No tengo madera para ello. - dijo Abassi.
- De esa dispongo yo. Pasa a los almacenes si lo deseas.
Y Abassi se pasó la noche remendando el carro para poder salir al amanecer del día siguiente. Yuri se iba recuperando poco a poco, pero lloraba con frecuencia y clamaba por su madre. Milani se multiplicaba para acariciarle y cubrir ese lugar que había dejado la madre de Yuri.
- ¿Lograrás conseguirlo? - le decía Abassi con paciencia.
- Verás cómo pronto se olvida, tiene cuatro años y, desgraciada o afortunadamente, la memoria de un niño a esa edad le vacila, sobre todo cuando encuentra calor y amor en otros seres.
- Y tú le estás dando la ternura que necesita.
Al amanecer de aquel día, emprendieron la marcha de nuevo. Los niños, medio dormidos, se habían colocado en una esquina del carro y Milani los tapaba con una manta. Curry, el perro, como siempre, se situaba entre las piernas de los muchachos, y levantando el hocico lo apoyaba en el muslo de cualquiera de ellos. Ni siquiera gruñía, había aprendido a obedecer, y cuando Abassi le ponía el dedo en la boca, ya sabía que su amo le imponía silencio.
- Esta vez - le dijo Milani, que iba sentada a su lado junto al volante- no has necesitado tus poderes, Abassi.
- No me hables de eso - dijo él- Estoy seguro de que los he perdido, los he perdido el día que no pude salvar a Alvi de aquella terrible fiebre que lo consumía.
- Te olvidas de algo, Abassi.
El carro rodaba ya por el camino vecinal buscando una carretera excusada, una carretera que les conduciría al objetivo sin ser la principal. Abassi no estaba dispuesto a encontrarse con camiones de guerra ni con desechos de chatarra ni siquiera con los últimos refugiados de Sarajevo. Iba directo a su ruta. Había pasado las mil y una miserias durante más de un año y el tiempo para él ya no contaba.
- ¿De qué cosa me tengo que acordar Milani?
- De la cantimplora. Si no tuviera dentro el manantial, ¿cómo ibas a mojar la manta en la cual envolviste a tu hijo Alvi?
- Casi prefiero que no me hables de eso.
- Pero es que entre nosotros debemos hablar, Abassi, siempre nos hemos comprendido en todo, recuerda cuando hacemos el amor, es como si un hambre devoradora nos acuciara a los dos y la saciáramos juntos, pues igual que en el sexo es en todo lo demás. Supongo que no habrás olvidado cuando al salir del colegio me buscabas y llevándome de la mano, siendo dos críos, me conducías hasta casa.
Nunca has permitido que yo sufriera, hasta que nos vimos obligados, casados ya, a sufrir los dos. Piensa que yo no he conocido a otro hombre en mi vida, que tú y nunca nos ocultamos nada, y emocionalmente somos la misma persona.
Abassi levantó un brazo y mientras conducía con una mano, apretó contra sí el busto de su mujer. La besó en el pelo.
- Siendo tan linda como eres, Milani, - le siseó en el oído- no entiendo cómo puedes querer a un grandullón como yo, pelirrojo, pecoso, largo...
- Te quiero como eres, Abassi, pero lo curioso, además, es que el mérito en ti no está en tus pecas ni en tu pelo rojo ni en tu figura alargada, sino dentro de ti, en esos genes que han crecido contigo, que quizá los has heredado; eres un hombre bueno, honesto y cabal. Para mí eres la segunda pieza de mi cuerpo, de mi alma y mis entrañas, y eso ya, querido Abassi, tengas o no tengas poderes, nunca podremos olvidarlo ni tú ni yo.
- Mira - dijo él de repente- mira enfrente de ti... Hay algo tirado en el borde del camino. Voy a parar el carro. No despiertes a los chicos, desciende tú conmigo si gustas, pero déjalos dormir, que aún no ha amanecido.
Y ambos se tiraron del carro. Abassi empuñaba una linterna que le habla regalado Boris y pudo enfocar el bulto. Era un hombre vestido de soldado. Tenía una pierna desgarrada y se hallaba recostado contra el tronco de un árbol. Abassi le sujetó por la espalda y Milani le retiró el trozo de pantalón de la herida, era profunda, se le veía el hueso y sangraba sin cesar.
- ¿De dónde has salido? - le preguntó Abassi.
- Vengo huyendo de unos bandidos que me encontré en la montaña, soy mercader.
- Pero vistes ropas de soldado.
- Es que me han despojado de las mías y me han puesto esto. Deben ser milicianos que escapan de las refriegas que hay por ahí atrás. He subido a un árbol para escapar de ellos pero me he caído y me he desgarrado la pierna, no me puedo mover.
Abassi le dijo a Milani.
- Vete y tráeme la cantimplora y unas vendas, sácalas del botiquín que me dio Boris, y trae también desinfectantes. Al momento, Milani dio la vuelta. - Los chicos siguen dormidos - siseó.
- Mejor - y procedió a limpiar la pierna del herido. Cuando la hubo desinfectado, vertió el agua de la cantimplora sobre la herida con el fin de detener la sangre y contempló algo insólito: la sangre dejó de manar, la herida se fue cerrando y al minuto solo quedaba una cicatriz rojiza, como si la herida se hubiera cerrado dos meses antes.
Milani y Abassi se miraron perplejos. El hombre estaba tan asombrado que lo único que pudo hacer fue ponerse en pié, coger el maletín que tenía cercano y echar a correr. Iba corriendo sin dejar de tropezar en las ramas de los árboles y volviendo la cabeza para mirar, como si acabara de ver un milagro. Abassi, muy despacio, lo iba recogiendo todo y se lo entregaba a Milani: el frasco de desinfectante y las vendas, que ni siquiera había usado, las tijeras con las cuales ni ya había cortado el trozo de pantalón y la cantimplora que reposaba en el suelo llena nuevamente.
- Te la entrego a ti, Milani - dijo Abassi estremecido.
- ¿Y por qué?
- Porque quiero saber si el poder lo tiene la cantimplora o lo tengo yo, y también tú. Milani con mucho miedo, asió la cantimplora que le dio Abassi y la movió sin que sonara nada dentro.
- Está vacía, Abassi.
- ¿Cómo?
- Sí, está vacía.
- Dame. La recogió y la hizo sonar en su oído. Después dijo a media voz.
- Milani, te has equivocado, está llena.
- ¡Oh, no! tú mismo has visto que estaba vacía, no sonaba nada. Dámela otra vez.
Y silenciosamente, Abassi se la entregó. Milani temerosa agitó la vasija. Nada sonaba dentro.
- ¿Lo ves? ¿Lo ves, Abassi?. Ni tiene poder la vasija ni yo, pero cuando tú la tocas, vuelve a tener un poder incalculable...
Abassi bajó la cabeza, asió la cantimplora y la colgó al hombro. Pesaba. Volvía a estar llena.
INDICE
|
|
|
|
Nota: Los comentarios son moderados y no se muestran hasta su aprobación
Nota: Los comentarios son moderados y no se muestran hasta su aprobación
No escribas TODO CON MAYUSCULAS
No des datos personales: mail, telefono, etc...
Si quieres recibir otras respuestas utiliza la opción "Seguir":
Ahí puedes introducir tu correo (lo mantiene privado) y pueden comunicarse contigo
Se consecuente con la opción que te brindamos, haz comentarios serios (con sentido)
Y lo más importante: ¡Revisa tu ortografía!
|
|
|
|
Creemos
en la personalización: Pulse en los logos para un contacto directo con las marcas
|
Google Friend Connect (desde 07ENE010)
|
|
|
|