Gastronomía-vinos

Numanthia, equilibrio en la viña

17/07/2014 

Numanthia, equilibrio en la viña

Los vinos de Toro han dado un salto exponencial en prestigio y calidad, un impulso propiciado en buena medida por la determinación de los elaboradores de esta Denominación de Origen zamorana de situarse en lo más alto del vino español. Toro se ha convertido en sello de señorío y elegancia, y en esa división de honor juegan bodegas en la cumbre de la excelencia. Un olimpo de los dioses en el que reina Numanthia, alegoría del refinamiento, épica de la perfección, epopeya de la superación.







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Numanthia y Termanthia son los dos vinos de referencia de esta bodega que comenzó su andadura en el año 1998. Sus nombres evocan los de dos ciudades históricas, con paralelos significados. La resistencia numantina ante las tropas romanas trasladada a la de los viñedos que han conseguido superar el paso secular del tiempo. La riqueza de su aliada Tiermes llevada al tesoro artesanal de un vino muy exclusivo.

Del sello de Numanthia destaca el enólogo jefe y director técnico de la bodega, Manuel Louzada, su intensidad y potencia, “la expresión de Toro interpretada con elegancia”, a partir de un equilibrio desde la propia viña entre concentración, delicadeza y una acidez concebida como un elemento de frescura. Esa acidez bien entendida, ese juego preciso de elementos hace del Numanthia (que ha llegado a su añada 2010) un tinto exuberante y goloso que mantiene su juventud y frescura. Fruta madura, balsámicos y torrefactos en nariz. Una boca voluptuosa, sedosa, carnosa, envolvente, persistente.


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¿Sobran adjetivos? Pues tal vez son insuficientes para describir a su hermano Termanthia. Sencillamente magnífico. Un manjar de reyes que procede de viñedos plantados entre 1870 y 1890, nada más y nada menos, vino realmente redondo, con una nariz excelsa en matices de eucalipto, bosque, regaliz, cacao. Suavidad y elegancia máximas en este tinto de enorme amplitud, entrada dulce y final glorioso. Delicadeza suprema, persistencia exquisita.

Todos tienen de 19 a 20 meses de barrica y un año y tres meses de botella antes de salir al mercado, “porque el proceso de integración del vino y la barrica necesita tiempo”, subraya Manuel Louzada, quien se declara afortunado de su función al frente de Numanthia.

Cuarta generación de familia bodeguera, Louzada comenzó su trayectoria en Oporto y, tras una etapa en Mendoza (Argentina), recaló en Toro (año 2006), donde “desconocía el tesoro que hay, es una joya”.

De sus 82 hectáreas de viñedos viejos prefiloxéricos, que llegan a alcanzar los 160 años de edad, nacen estos “grandes vinos” de producciones limitadas. Vinos como expresión de una tierra sólo trabajada con orgánicos y el máximo respeto. Vinos que forman parte de un mundo que Louzada entiende como “uno de los ejercicios más creativos que hay”. Los grandes vinos te seducen por el olfato y te dan placer en boca, como recuerda el enólogo. Pero, sobre todo, “los grandes vinos lo son siempre”. Esa es su grandeza.

Mar Villasante
@marvillasante



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