En el Serengueti, desafortunadamente, a nadie le resulta ya extraño. Los aviones privados de carga despegan desde pistas clandestinas construidas en el desierto, repletos de palets refrigerados que contienen la carne de antílopes, leones, leopardos y otros animales salvajes, abatidos por cientos de miembros de la realeza árabe. Se desplazan a Tanzania cada temporada para practicar la caza mayor en compañía de ilustres hombres de negocios, políticos y miembros de la realeza, procedentes de Europa y América; pero lo más paradójico de esta “sinrazón” es que cazan en sus tierras.