LA RUTA DE LOS TESOROS COLONIALES MEXICANOS

9/4/2006 

Informativos.net

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El conjunto de las ciudades de Guanajuato, Querétano, Morelia y Zacatecas es una joya de la arquitectura mundial. Casi 250.000 españoles visitan cada año México, sin embargo apenas unos cientos conocen Zacatecas, estado y ciudad situados en el centro del país, en el corazón de un conjunto de ciudades coloniales, muchas de ellas Patrimonio de la Humanidad. La próxima celebración en este lugar del congreso de la Federación de Agencias de Viajes Españolas (FEAAV), permitirá dar mayor protagonismo a un destino en pleno crecimiento que vale la pena conocer. Dicen los entendidos que no se conoce Zacatecas, o cualquier otra de las ciudades coloniales mexicanas, si no se han vivido sus "andanzas". Y vivirlas supone cantar y bailar al ritmo de los barreteros, un sonido metálico y cadencioso que producían las parejas de mineros que trabajaban en las entrañas de las montañas, uno sosteniendo la barreta y otro golpeando con el marro. Aquellos rítmicos sonidos, que se remontan a la época dorada de esta zona central de México, en el siglo XVII, han dado lugar a una de las fiestas más tradicionales en las que conviven diversas culturas.






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En Zacatecas se llaman "andanzas" o "tamborazo", en Guanajuato son "callejoneadas" y en Oaxaca "tuna de Antequera", pero en síntesis se trata de lo mismo: un itinerario festivo en torno a una banda de ocho o diez músicos que se realiza en la noche por calles y callejones del centro de la ciudad y en el que se combinan canciones, músicas y danzas de distinto tipo, con frecuentes paradas en las que degustar un trago de mezcal minero. Para que nada estorbe, se cuelga un jarrito del cuello en el que se escancia el licor en cada una de las frecuentes paradas.

En sus orígenes, el "tamborazo" era cosa de hombres y sólo participaban los mineros el sábado por la tarde después de cobrar la raya (jornal). Sus mujeres ya estaban instruidas para que si no llegaban a casa a tiempo fueran a buscarlos a la cárcel. La mujer usaba el dinero disponible para los gastos de comida de la semana para pagar la multa. Al salir de la prisión el minero empeñaba su mejor traje para reemplazar el dinero usado en la multa. El siguiente sábado sacaba su traje del empeño y la fiesta por las calles volvía a empezar.

Hoy, poco queda de aquello. La mayoría de las minas han cerrado y los mineros han emigrado y buscado otros oficios, pero la tradición y la fiesta continúan. Y el escenario de la representación sigue intacto. Zacatecas, que como Guanajuato, Querétano y Morelia, forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, es una perfecta simbiosis de ciudad española y carácter indígena, de belleza criolla y orgullo mestizo.


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Los españoles llegaron aquí en 1531, aunque su desarrollo comenzó quince años después cuando se descubrieron importantes yacimientos de plata. En 1585 Felipe II concedió a la urbe el título de "Ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas" y poco después la declaró noble y le concedió escudo de armas. Durante la época colonial se establecieron varias órdenes mendicantes (franciscanos, agustinos, dominicos, jesuitas, juaninos y mercedarios), quienes levantaron grandes monasterios y templos que llegaban a competir en suntuosidad y riqueza con las regias mansiones de los ricos "aristócratas de la plata".

Una maravillosa irregularidad

La herencia religiosa y civil de su época de esplendor se deja sentir cuando se recorren sus calles, callejones y plazas. Como todas las ciudades mineras que crecían en aquellos sitios donde se encontraban las vetas metalíferas, con frecuencia en zonas montañosas o cerriles, Zacatecas, como Taxco o Guanajuato, carece de la cuadrícula que organiza la ciudad, pero tiene a cambio vistas de enorme atractivo y variedad, llenas de sorpresas. Su irregularidad se convierte en una ventaja estética indudable.


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Construcciones de cantera rosa que tiñen las plazuelas solariegas del mismo color, la herrería de filigrana de los balcones, callejuelas caprichosas y rectas calles adoquinadas, pulidas por el tiempo, perfilan su rostro señorial. La cañada en la que crece la ciudad genera un tejido de calles irregulares, que de pronto se amplían para formar una plaza, como la principal, cuyos límites no acertaron a advertir sus fundadores, confundida con la calle alargada, a la que dan sus construcciones más importantes. Ahí está la catedral, cuya fachada ornamentada deja sin habla a quien la contempla por primera vez. Este edificio se inició hacia 1730 como parroquia y su diseño se atribuye al arquitecto Domingo Ximénez Hernández. En 1745 se terminó la gran fachada, que se levanta como un gigantesco retablo encajado entre las bases de las torres. Las columnas ornamentales están todas labradas con profusión, en fuerte relieve (que a veces alcanza los diez centímetros). Trece nichos alojan a Cristo y los doce apóstoles. Otros elementos iconográficos remiten a la Inmaculada Concepción, a la Trinidad y a la Eucaristía, simbolizada por racimos de uvas y ángeles con instrumentos musicales.


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La catedral es testimonio de la prosperidad de la minería zacatecana de mediados del siglo XVII y a todo lo largo del XVIII, y la mayoría de las construcciones coloniales importantes de la ciudad datan de este periodo. Otro edificio digno de mencionarse es el templo de San Agustín, cuya portada lateral muestra dos enormes estípites de apretado estilo churrigueresco. El templo de Santo Domingo data del siglo XVIII y conserva en su interior ocho hermosos retablos de madera dorada. El Teatro Calderón, que se construyó en el siglo XIX, luce un sobrio estilo neoclásico y conserva en su interior adornos de hierro forjado y de maderas preciosas labradas, propios de la época de esplendor de la ciudad.


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Zacatecas cuenta con varios y excelentes museos: el Museo Pedro Coronel, alojado en el excolegio de San Luis Gonzaga, contiene la mejor colección de piezas del arte universal formada por el famoso pintor zacatecano Pedro Coronel; el Museo Francisco Goitia; el Museo Rafael Coronel que muestra una extensa colección de 5.000 máscaras de pueblos primitivos mexicanos, africanos y australianos, así como dibujos arquitectónicos realizados por Diego Rivera; además, una exposición retrospectiva de la obra de Rafael Coronel.

Conocer el interior de la mina El Edén es una grata experiencia. Un trenecito de estrechos vagones, similares a los que en la época hispana transportaban los preciosos minerales, conduce a los visitantes por estrechos vericuetos donde es posible admirar los brillantes colores de las vetas. A la salida, se puede tomar el teleférico que atraviesa por los aires de la ciudad hasta llegar al Cerro de la Bufa.

Tesoros coloniales

Zacatecas puede ser también el punto de inicio de un amplio recorrido por los tesoros coloniales mexicanos, una red de ciudades heredera de la conquista española y que hoy son auténticas joyas de arquitectura, muchas de ellas declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En los primeros diez años de conquista, se fundaron la ciudad de México (1521), Oaxaca (1521), Puebla (1531), Villa Real, hoy San Cristóbal de las Casas (1528), Querétaro (1532), Pátzcuaro (1534), Valladolid, hoy Morelia (1541) y Mérida (1542). Otros asentamientos fueron resultado del nuevo orden económico; así nacieron las ciudades mineras, como Taxco (1534), Zacatecas (1548) y Guanajuato (1557). Las ciudades costeras, como Veracruz y Campeche, fueron consecuencia natural de las necesidades de comunicación marítima con España y de ésta con el Oriente, a través del Pacífico con destino a Filipinas, lo que implicó desarrollar puertos, como Acapulco.

Una de las ciudades más próximas a Zacatecas es Aguascalientes, fundada en 1575 para brindar amparo, refugio y protección a los viajeros en su tránsito por los antiguos caminos de la conocida "Ruta de la Plata". Un recorrido a pie por el centro histórico de la ciudad permite descubrir bellísimas joyas arquitectónicas y numerosos vestigios históricos reflejo de su valioso pasado. Por ejemplo, la Catedral Basílica de estilo barroco salomónico y en la que destaca la Capilla del Sagrario y su pinacoteca religiosa. En la ciudad destacan también, como su nombre indica, los prestigioso balnearios.


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No muy lejos está Guanajuato, cuyo nombre significa "cerro de ranas", y se fundó en 1552. Está ubicada en un estrecho valle protegido por áridas montañas. Bajo un cielo transparente y azul, sus casas, calles y vericuetos se amoldan a la accidentada topografía del lugar. La ciudad creció un poco al azar, sembrando aquí y allá balcones, plazas y callejuelas que después fueron uniéndose al pie de mercados e iglesias. Guanajuato es una ciudad bella y acogedora, la traza de sus calles forma sorprendentes rincones como el famoso callejón llamado del Beso, que debe su nombre a una romántica leyenda colonial. Tres de las edificaciones en las que se manifiesta el estilo churrigueresco son los templos de la Compañía, San Diego y San Cayetano, del siglo XVIII. Sobresalen a su vez, notables edificios como el Teatro Juárez, la Alhóndiga de Granaditas, la Universidad y la mansión del Conde Rul, entre otras.


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El estado vecino es Querétano cuya capital, del mismo nombre, consiguió una gran prosperidad económica en el siglo XVIII, que dio a la ciudad su perfil característico que perdura hasta nuestros días: iglesias, conventos, plazas que fueron talladas en una piedra rosada, suave y tersa. Una de las obras civiles más admirables de América construida en el siglo XVIII es el imponente acueducto de 1.280 m. de longitud con una monumental arquería que alcanza hasta 23 m. de altura. Algunos edificios son verdaderas joyas coloniales, entre los más notables de arte churrigueresco se encuentran: el convento agustino, el templo y convento de San Francisco, las iglesias de Santo Domingo, la Congregación, Santa Clara y Santa Rosa; el edificio del actual Palacio de Gobierno, construido en el siglo XVIII, cuya fachada muestra barandillas de hierro forjado. Frescos jardines y parques públicos, como la Alameda Hidalgo y la Plaza de la Independencia, invitan a descansar contemplando la hermosa arquitectura de su entorno.

Morelia, capital del estado de Michoacán, es una ciudad de singular belleza, un grato ambiente estudiantil y magníficas construcciones coloniales. Entre las múltiples edificaciones dignas de mencionarse está la Catedral de estilo barroco, cuya fachada en forma de tríptico es una lección de señorial belleza, el Palacio de Gobierno que data del siglo XVIII, el Colegio de San Nicolás de Hidalgo, cuyo fundador fue Vasco de Quiroga y el Palacio Clavijero, antiguo convento jesuita, entre otros. Diversos museos guardan tesoros de la época virreinal; entre ellos destacan el Museo de Arte Colonial, que muestra una colección de Cristos hechos de pasta de maíz, de los siglos XVI y XIX y el Museo Michoacano, que exhibe piezas arqueológicas.

El rápido recorrido por los tesoros coloniales mexicanos concluye en San Luis de Potosí, llamada la "ciudad de los jardines" por sus numerosas plazas, la capital del estado se extiende en una árida llanura, con su traza de ajedrez, edificios de cantera y casas sobrias de balcones y nobles proporciones. Entre sus abundantes monumentos, la ciudad guarda uno de los ejemplares más valiosos del arte churrigueresco: la capilla de Aránzazu del exconvento franciscano, hoy ocupado por el Museo Regional Potosino. En la Plaza Mayor se eleva la Catedral de San Luis Rey que data del siglo XVII, en su fachada sobresalen las figuras talladas en piedra de los doce apóstoles, copia de las que hiciera Bernini en la Basílica de San Juan de Letrán en Roma. En una de las más bellas plazas de San Luis se asienta el templo del viejo exconvento del Carmen, erigido a mediados del siglo XVIII, cuya portada es de estilo barroco churrigueresco. El templo de San Francisco, construido en el siglo XVII, presenta una caprichosa fachada barroca en la que aparecen diversas esculturas de santos franciscanos.

Una gastronomía diferente

Dentro de la amplia gama de ricos platillos típicos regionales, destaca el Asado de Boda, llamado así por que es muy común servirse en las bodas regionales. Se prepara a base de lomo de cerdo cortado en trocitos, el cual se fríe y se le agrega una salsa de chiles anchos rojos, fritos en manteca; se sazona con pimienta, clavo de olor, canela, hoja de laurel, cáscara de naranja, pan dorado, tablilla de chocolate, azúcar y sal al gusto, al final se sirve con rebanadas de cebolla cruda y se acompaña de sopa de arroz. Otros platillos de consumo y demanda popular son la birria de carnero, el menudo, el pozole rojo, las enchiladas, la carne adobada en chile rojo y las gorditas rellenas de guisado, entre otros.

La bebida típica zacatecana es el mezcal de Huitzila, sin embargo, Zacatecas es también una excelente región vinícola, en donde se producen exquisitos vinos de mesa: tintos, blancos y rosados. Como postres, están las deliciosas cocadas jerezanas, las melcochas y charamuscas, los ates de guayaba y membrillo, los jamoncillos de leche, el queso y miel de tuna, así como los tradicionales dulces de camote, biznaga, chilacayote y calabaza.

ENRIQUE SANCHO
Bufa 01_1.JPG Bufa 02_1.JPG Callejon 01_1.jpg CapillaBufa_1.jpg
Catedral 01_1.jpg Catedral3-1024_1.jpg durango_catedral_1.jpg Felguerez 01_1.jpg
Fresnillo1-1024_1.jpg Fuentefaroles1024_1.jpg GUANAJUATO 1_1.jpg GUANAJUATO 2_1.jpg
laquemada2_1.jpg QUERETANO 1_1.jpg QUERETANO 2_1.jpg RafaelCoronel1-1024_1.jpg
SantoDomingo2-1024_1.jpg Sombrerete2-1024_1.jpg Sto Domingo 01_1.jpg TeatroCalderon 01_1.jpg
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