Embarcar en el Sulawesi Star supone entrar en otra dimensión. El espacio-tiempo se altera de inmediato y el pasajero comienza a pensar en piratas, corsarios, tesoros e islas perdidas y paradisíacas marcadas con una cruz de sangre en un viejo mapa ilegible. La sensación es, sencillamente, indescriptible. Construido a mano en los astilleros de Tana Beru, el corazón de la industria naval de la etnia Bugi, poderosos marinos descendientes de los mongoles que se establecieron en la costa de las islas de Célebes hace más de mil años, el casco y la estructura del Sulawesi han sido realizados con “Kayu Besi”, un tipo de madera denominada “de hierro” por ser considerada la más fuerte del mundo gracias a su densidad y resistencia. Su diseño es el mismo que el del “prahu”, barco tradicional bugi conocido como Pinisi, de casco redondeado y bellas líneas, famoso en todos los mares asiáticos y de África por su belleza, habitabilidad y robustez.
En la construcción del Sulawesi Star se han respetado todas las fases que marca la tradición incluidos los rituales que los bugi celebran desde la elección del primer árbol hasta la botadura de la embarcación; una operación laboriosa, compleja y muy delicada que duró más de dos meses y precisó de la colaboración de decenas de hombres. El capitán Antonio Codoñer fue el encargado de traerlo a España siguiendo la línea del Ecuador y acompañado de una tripulación indonesia con la que se comunicaba mediante un lenguaje náutico inventado por él mismo. Toda una aventura en la que no faltó el riesgo, ya que el Sulawesi Star estuvo expuesto a los ataques de los piratas en las costas de Yemen, Somalia y el golfo de Adén.
Con 37 m de eslora, 8 m de manga y 220 toneladas de desplazamiento esta maravilla de la navegación e icono de un “life style” sublime es única en el mundo, absolutamente exclusiva en su diseño y tecnológicamente perfecta.
Dispone de dos cubiertas de teca con una superficie de más de 160 metros cuadrados, un espacioso comedor decorado con todo lujo de detalles y una sala de buceo totalmente equipada; además de tres exquisitas suites y seis camarotes dobles con baño completo y aire acondicionado. Una manera exótica, sofisticada, elegante y aventurera de pasar unas vacaciones a la medida de los más exigentes y dotados del sentido del buen gusto.
Incapaz de separarse de su 'blackberry' incluso embarcado en esta maravilla de los mares, el empresario Vicente Muñoz Pomer nos explicaba la historia del barco con toda naturalidad en compañía de su hijo, Vicente Jr, mientras fijaba la mirada en su reloj y en la pasarela de acceso a la nave.
Sus seis abogados estaban por llegar, y es que lo que para nosotros era una jornada de placer invitados por un amigo, para él suponía un día de reuniones de trabajo contextualizadas en un marco de excepción. Está convencido de que un negocio deja de serlo cuando la “vox populi” asegura que lo es, de que el tiempo es oro y de que las oportunidades deben analizarse con agilidad, rapidez y cierto gusto al riesgo. Sibarita por carácter y convicción, es de los pocos empresarios españoles que han sabido aunar placer y negocios al más puro estilo aristocrático; es decir, que ha conseguido ser productivo al cien por cien sin parecer que trabaja. Quizás este sea el secreto de sus éxitos.
Todo un 'gentleman' hecho a sí mismo que aprovecha sus viajes de negocios para adquirir obras de arte -sobretodo esculturas- y visitar al Doctor Cham en Suiza, donde coincide con Isabel Preisler y otros, porque la imagen es también una poderosa arma de convicción a la hora de firmar acuerdos. Vicente Muñoz Pomer no lo niega. Muy al contrario, siempre presume de su último “arreglito”.
Tremendamente inteligente, dotado de un gusto exquisito, locuaz, seductor y con un ego fuera de lo normal, se expresa con un tono de voz bajísimo, una estrategia que obliga a su interlocutor a prestarle toda su atención. Ardua tarea la de sus abogados en altamar. Aunque el grueso de su patrimonio procede del negocio de la construcción e inmobiliario, la crisis no le ha cogido desprevenido. Pomer fue uno de los primeros en diversificar la actividad de su Grupo, VMP, en un tiempo en el que todo el mundo creía que “el ladrillo” era la panacea.
Ahora, una parte importante de su actividad se centra en el negocio del lujo, sobretodo resorts, hoteles y spas exclusivos de alto valor añadido, aunque acaba de realizar una inversión considerable en la aviación privada, un sector que -está convencido- tiene un futuro más que prometedor en España a corto y medio plazo. Tras el suculento almuerzo el Sulawesi toma posiciones para que podamos ver la regata con la mayor comodidad.
La tarde era perfecta, con vientos de 18 nudos, y el espectáculo se preveía excepcional. Los barcos avanzaban hacia la primera bolla de barlovento y el NZL 92 ganaba 12 segundos de ventaja sobre Alinghi. El duelo estaba servido. Tras montar la bolla vemos como el spinnaker de los kiwis revienta literalmente provocando la tragedia y el Alinghi toma la primera posición protegiéndola hasta el final. “Ernesto Bertarelli estará contento, Rita Barberá no tanto”. Comenta Pomer.
El empresario se refería a las imposiciones del multimillonario suizo a la hora de traer de nuevo la America´s Cup a Valencia, pero este es otro tema. “¿Tomamos una “paellita” en mi casa antes de que volváis a Barcelona?”. Por supuesto, Don Vicente. Siempre es un placer contar con la compañía de un empresario de alto nivel, que disfruta fomentando las relaciones humanas.
Gema Castellano
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