Salud

Evaluación del riesgo del uso de insectos para la alimentación humana y de los animales

03/12/2015 

Evaluación del riesgo del uso de insectos para la alimentación humana y de los animales

El consumo de insectos es una práctica en alza, sea directamente en el caso de la alimentación de las personas o bien a través de su uso en la alimentación de los animales. Los insectos son potentes bioconvertidores que pueden transformar la biomasa de baja calidad en proteínas nutricionalmente valiosas.






En este contexto, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha publicado el 8 de octubre de este año un documento sobre el perfil del riesgo relacionado con la producción y el consumo de insectos como alimentos y piensos (Risk profile related to production and consumption of insects as food and feed), donde se revisan los pros y contras del uso de los insectos en dichos ámbitos. Esta revisión y evaluación del riesgo la ha realizado el Comité Científico de la EFSA.

En la revisión se puede leer que se han documentado más de 2.000 especies de insectos comestibles, a pesar de que actualmente no se dispone de datos sobre el consumo de insectos en Europa.

Estos insectos tienen, según la especie de la que se trata, un valor nutricional diverso. El proceso de recolección, cría, transformación y conservación de los insectos está sometido a los mismos requisitos de seguridad alimentaria que cualquier otro alimento. Por dicho motivo, saber con exactitud cuáles son los peligros asociados a su consumo por parte de las personas o su uso en la alimentación animal es clave.

En el documento, siempre desde la óptica de determinar el riesgo que supone este consumo, se exponen datos sobre la trascendencia de los sustratos empleados en la cría de los insectos, el contenido microbiológico de su aparato digestivo, los diferentes tipos de virus que los afectan, el papel de estas especies en cuanto a introducir contaminantes químicos en la cadena trófica, la circunstancia de que pueden actuar como simples vectores de los priones, virus o bacterias, y su implicación en las alergias y choques anafilácticos.

Actualmente ya existen certezas con respecto a algunos de estos aspectos, como por ejemplo el hecho de que las personas sensibles a los crustáceos pueden ser alérgicas a los insectos o a sus productos debido a la reactividad cruzada entre la tropomiosina y la arginina-quinasa de los insectos y crustáceos.

Es importante disponer de más información al respecto, sobre todo después de que en 2013 la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO) publicara un documento denominado Insectos comestibles. Perspectivas de futuro de la seguridad alimentaria y la alimentación, que resume las oportunidades y limitaciones en el uso de insectos como fuente de proteínas.

La EFSA concluye su revisión que se necesitan evaluaciones de riesgo específicas, las cuales deben hacerse teniendo en cuenta toda la cadena de producción de los insectos, desde su cría o recolección hasta el consumo, incluyendo las especies y el sustrato utilizado, así como los métodos para la cría y el procesamiento que se les aplica.



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