Un inmueble con todos los ingredientes necesarios para transmitir a sus huéspedes la especial energía de una comarca catalana, el Maresme, caracterizada por un microclima benévolo que ha favorecido desde el s.XIX el asentamiento residencial de vacaciones de las clases pudientes barcelonesas.
El Hotel Vilaclara, acostumbrado a albergar aristócratas, deportistas de élite y viajeros románticos a la búsqueda de placeres sensoriales, recupera para sus clientes el estilo de vida de una época -los años ´50- en la que la industrialización metabolizaba sus beneficios en glamour y bienestar, como los mayores exponentes del buen gusto.

