Una chapa electrónica sujeta a unos vistosos chalecos que los niños deben de ponerse al acceder a una zona de juegos, comercios y otros establecimientos o lugares de grandes aglomeraciones humanas pone en marcha una alarma cuando los niños se quitan dicha prenda. El chip ha sido fabricado por la firma Sensormatic en el Reino Unido, como la panacea de la seguridad infantil. Las asociaciones benéficas especializadas en proteger a los pequeños creen, por el contrario, que enseñarles a defenderse de un peligro es la única forma libre y efectiva de educación.
Las chapas han sido bautizadas como SafeKids ("Niños Seguros") y la cadena de supermercados Tesco ha decidido probarlas en varios de sus locales. El experimento se pone en marcha en cuanto una familia con niños accede a la tienda. Los pequeños son dejados en la guardería de la misma (los hipermercados suelen contar con dicho servicio en el Reino Unido) después de hacerles una foto. Una vez con el chaleco puesto, pueden jugar en el área reservada para ellos.
Si alguno decide abandonarla suena de inmediato una alarma. Una cámara de vídeo enfoca a continuación la zona por donde vaga el pequeño. Su retrato, almacenado en un ordenador, es repartido a todos los empleados mientras los padres son alertados a través del busca que se les facilita al llegar.
El rapto y posterior asesinato en 1993 de Jamie Bulger, que pereció a los dos años de edad, a manos de dos chicos de ocho años, ha incrementado los miedos colectivos de los británicos en materia de protección infantil. De ahí que Sensormatic asegure que el sistema es también aplicable a centros escolares y cualquier comercio.
No obstante, hay quienes opinan que el ingenio es destructivo para los propios niños. Asociaciones como Kidscape, la más veterana en la defensa de la seguridad infantil, opina que impedir a un niño que explore su entorno es nocivo para su desarrollo emocional.
En los años 70, el 90 por ciento de los menores británicos iba andando al colegio. Ahora sólo lo hace un nueve por ciento.
