El pasado domingo en el Club de Campo del Ejército y la marina de Arlington , – Virginia -, Clinton protagonizó uno de los episodios más extravagantes de su historia como mandatario, si olvidamos por un momento el caso Lewinsky. Ante la mirada atónita de guardaespaldas, asesores presidenciales y periodista que no podían creer lo que veían, el presidente de los Estados Unidos comenzó a disparar bolas del golf sin ton ni son y hacia todos los lados, en un ataque de desfogue sin precedentes. Y es que el presidente de la primera potencia mundial tiene sus motivos de histeria.
Al principio de su decadencia provocado por ô La becariaö, hay que añadir su último gran fracaso político cuando la Cámara Alta del Senado se negó a ratificar recientemente el tratado de prohibición de pruebas nucleares, y además la soledad del presidente parece terminar con sus nervios.
Hillary ha iniciado un frenética campaña pro llegar al senado y pasa casi toda la semana en New York, haciendo ver a propios y extra_os que las relaciones con su marido no son demasiado cari_osas, sino que m s bien responden a la conveniencia de mantener la imagen ante la puritana sociedad norteamericana. Chelsea , -su hija-, ha comenzado las clases en la Universidad de California, poniendo de esta manera tambi’n tierra por medio entre su vida y los l¡os de sus padres.
Clinton est tan solo que hasta su mano derecha, Al Gore, ha decidido llevar su campa_a electoral a la presidencia de EE.UU en solitario y ha pedido , – segon rumores -, a Clinton que no le ayude. Sus m s allegados colaboradores afirman que el comportamiento del presidente est empezando a ser muy extra_o y es que , segon dicen , est empezando incluso hasta a filosofar sobre el sentido de la vida.
CLINTON EST- TREMENDAMENTE SOLO
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