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Noticias Curiosas

LOS YANOMAMI SER-N ESTUDIADOS SIN SU PERMISO POR LA UNIVERSIDAD FEDERAL DE ZURICH

escrito por Jose Escribano 4 de diciembre de 1999
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El Ministerio del Ambiente de Venezuela firmó un contrato con la Universidad Federal de Zurich, Suiza, por el que otorga derechos de acceso a los recursos genéticos y a recursos «intangibles» del territorio Yanomami. Los ‘intangibles’ incluyen los conocimientos y prácticas ancestrales de las comunidades indígenas.
La Organización de Pueblos Indígenas del Amazonas (ORPIA) ha denunciado que este compromiso fue contraído sin la debida notificación a las poblaciones Yanomami, y sin su consentimiento. El contrato es un inusitado saqueo de los conocimientos ancestrales de los Yanomami y de la biodiversidad genética de su territorio.
El contrato cuenta con un permiso firmado por Horacio Biord, mientras fungía temporalmente como Director Encargado de la Dirección de Asuntos Indígenas (DAI) del Ministerio de Educación. Aparentemente, el convenio también cuenta con el aval del Herbario de la Universidad Central de Venezuela.
El contrato explícitamente le otorga al colegio Eidgen÷ssische Technische Hochschule (ETH) de Z_rich, Suiza, una concesi¢n para el accesso a los recursos gen’ticos y sus productos derivados «…con fines de investigaci¢n, prospecci¢n biol¢gica, conservaci¢n, aplicaci¢n industrial y aprovechamiento industrial, entre otros».
El contrato tambi’n incluye el acceso y aprovechamiento, en los mismos t’rminos, de los componentes intangibles. Estos se definen de la siguiente manera: «Todo conocimiento, innovaci¢n o pr ctica, individual o colectiva, con valor real o potencial, asociado al recurso gen’tico o sus productos derivados, o al recurso biol¢gico que lo contiene, protegido o no por regimenes de propiedad intelectual».
La entrega es total. En ninguno de los documentos anexos al contrato se menciona la posibilidad de registrar patentes de comercio e industrializaci¢n. Pero el contrato final s¡ incluye esta posibilidad. Los posibles beneficios se reparten entre la Universidad Federal de Zurich y el Ministerio del Ambiente de Venezuela. El Ministerio se ha conformado con el 20% «…de los derechos de regal¡as por patentes, comercializaci¢n e industrtializaci¢n de los productos o sustancias que se deriven de las investigaciones y descubrimientos del uso de los recursos gen’ticos otorgados en concesi¢n al ETH». El 80% restante es para los Suizos.
Los ind¡genas fueron excluidos de las negociaciones de sus propios conocimientos y pr cticas ancestrales. Fueron tambi’n excluidos en la repartici¢n de los beneficios que pudieran derivarse. El contrato deja unilateralmente a juicio del ETH la decisi¢n final sobre el otorgamiento a los ind¡genas de un porcentaje de los beneficios derivados del contrato de concesi¢n, a trav’s de posibles negociaciones directas con los ind¡genas, sin la participaci¢n del estado venezolano.
De esta manera, el Ministerio del Ambiente, en representaci¢n de todos los venezolanos, se hace part¡cipe de un grotesco e inusitado despojo del conocimiento ancestral de las comunidades Yanomami. La negociaci¢n establece ademas una profunda desigualdad en la distribuci¢n de los beneficios comerciales o industriales que pudieran derivarse del aprovechamiento de la biodiversidad existente en el territorio Yanomami.
Los Yanomami se encuentran localizados en el corazon del Amazonas, en donde los indices de biodiversidad se encuentran entre los mas altos registrados en el mundo. Su cultura se ha desarrollado en estrecha vinculaci¢n con su entorno natural, acumulando conocimientos y refinando sus relaciones con las selvas que les sirven de hogar durante cerca de 20.000 a_os. Venezuela es uno de los ocho pa¡ses mas ricos en diversidad gen’tica del mundo. Esta diversidad se encuentra estrechamente vinculada a los bosques naturales del pais. Una de las zonas m s ricas en biodiversidad es prec¡samente el Alto Orinoco.
La Coordinadora de Organizaciones Ind¡genas de la Cuenca Amaz¢nica (COICA) ha establecido que los conocimientos tradicionales de los pueblos ind¡genas no pueden ni deben ser patentados. COICA es una organizaci¢n que agrupa a los pueblos ind¡genas de los ocho pa¡ses que comparten el territorio Amazonas. Los Yanomami venezolanos no s¢lo no fueron ni informados ni consultados sobre el contenido y alcance de la investigaci¢n. Sus leg¡timos derechos sobre sus propios conocimientos ancestrales, y sobre los recursos gen’ticos en sus territorios, fueron ignorados.
Para a_adir injuria, el ins¢lito contrato incluye un pago de 30% de su costo «para las comunidades ind¡genas involucradas cuyo conocimiento esta siendo utilizado». El costo del contrato se establece en 30.000 francos suizos, unos 18.000 d¢lares. Ese pago es adem s negociable, por lo que podr¡a al final convertirse en el motor de una lancha, o cualquier otra cosa.
A la Directora de Vegetaci¢n del Ministerio del Ambiente, Delfina Rodr¡guez, quien agilizara la autorizaci¢n del contrato por parte de ese ministerio, extra_¢ el rechazo de las organizaciones ind¡genas. Segon ella «el contrato recoge una cantidad de beneficios, incluso econ¢micos, para los Yanomami».

Unos 15.000 Yanomami viven en la Reserva de la Bi¢sfera Alto Orinoco de Venezuela, con una superficie de 8.3 millones de hect reas, aproximadamente del tama_o de Portugal. Los Yanomami venezolanos representan mas de la mitad de toda esta etnia. Otros 10.000, aproximadamente, viven en un territorio contiguo, al otro lado de la frontera, en Brazil.
Las investigaciones se realizan entre los Yanomami venezolanos a trav’s del colegio Eidgen»ssische Technische Hochschule (ETH) de Z_rich, Suiza. El trabajo sirve de tesis para optar al t¡tulo de Doctor de la Universidad de Zurich por parte J_rg Gertsch.
El Congreso Nacional aprob¢ una nueva Ley de Biodiversidad el a_o pasado. Pero, coincidentemente, el presidente Caldera la devolvi¢ a la Procuradur¡a «para su estudio». En el per¡odo intermedio se agiliza la entrega de los permisos necesarios para realizara esta investigaci¢n, cuando el pa¡s carece de legislaci¢n adecuada sobre la materia. Los planteamientos fundamentales del proyecto de Ley de Biodiversidad fueron ignorados.
El contrato lo firma Rafael Martinez Monro, Ministro del Ambiente, en representaci¢n de la Repoblica de Venezuela, s¢lo d¡as antes de la toma de posesi¢n del presidente Hugo Chavez, quien arriba al poder con el claro mandato de la inmensa mayor¡a de los venezolanos para que erradique la corrupci¢n e impulse una transformaci¢n a fondo del estado y sus mecanismos de gobierno. El Ministerio del Ambiente se caracteriz¢ por ser uno de los brazos mas corruptos de la administraci¢n del presidente Rafael Caldera. En representaci¢n del ETH aparece la firma de su vicepresidente, Albert Waldvogel.

El objetivo central del trabajo es, curiosamente, comprobar «…si los ind¡genas Yanomami utilizan plantas medicinales». Lo que es obvio para cualquier investigador con un m¡nimo de experiencia con el pueblo Yanomami, se presenta como una complicada teor¡a cient¡fica que es necesario demostrar, de suficiente profundidad como para que su demostraci¢n merezca un doctorado de una de las universidades mas prestigiosas de Europa, la Universidad de Zurich.
Stephen S. Tillett, Curador del Herbario de la Facultad de Farmacia de la Universidad Central de Venezuela, y defensor del proyecto, se_ala «Nunca he estado de acuerdo con la hip¢tesis de que los yanomami carecen de plantas medicinales» A_ade: «Yo estoy de la opini¢n de que hay varios otros grupos ‘nticos en visperas de extinci¢n que ser¡an mucho m s apropiados estudiar…pero yo no soy el tutor» (sic).
El uso de plantas medicinales por parte de los Yanomami no es ningon secreto, ni es una teor¡a que necesite demostraci¢n cient¡fica. Es un hecho cultural asociado a sus crencias, estrechamente vinculadas a que que para nosotros es «magia». Los Yanomami viven en un mundo muy diferente al nuestro, estr’chamente vinculado a otro mundo sobrenatural. El efecto curativo de una «medicina» occidental y el bebedizo de una planta «m gica» es, en ese mundo, algo que bordea en lo absurdo.
La distinci¢n entre «medicina» y «magia» es mas un problemas de los «diablos blancos», los que se empe_an en r¡gidas definiciones «cient¡ficas». Tambien dicen que lo que no este escrito en ese idioma «cientifico» de ellos es porque no existe. Por eso dicen que el mundo sobrenatural de los Yanomami tampoco existe.
Pero aun imponiendo nuestra visi¢n y nuestros valores, en donde la separaci¢n entre medicinas, magia y curaci¢n de enfermedades pretende ser mas «clara», el uso de plantas medicinales por los Yanomami es un hecho reportado en la literatura especializada (Fuentes 1980; Brewer Car¡as 1991; Estrella 1996, entre otros). Evidente para quien los haya conocido, especialmente cuando el juicio tama en consideraci¢n su propia visi¢n del universo.
Pero la investigaci¢n tambi’n contempla otros aspectos ‘secundarios’. Para confirmar el uso de planta medicinales por los Yanomami, el estudio incluye la comprobaci¢n fitoqu¡mica del potencial medicinal de esas plantas. Algunos de los an lisis fitoqu¡micos y biol¢gicos se har¡an en la Facultad de Farmacia de la Universidad Central de Venezuela. Los dem s en Suiza.

El proyecto incluye, adem s:
– El an lisis de»… la distribuci¢n de las plantas medicinales, los venenos y las plantas m gicas entre los Yanomami».
– Una determinaci¢n de la distribuci¢n de los recursos bot nicos medicinales en el territorio Yanomami.
– Una evaluaci¢n cuantitativa de esos recursos. – Un an lisis de las estrategias culturales de los Yanomami para el manejo de estos recursos.

El proyecto incluye, en realidad, una compilaci¢n de la farmacopea Yanomami en Venezuela. Los conocimientos ancestrales del pueblo Yanomami sobre plantas medicinales, venenos y plantas m gicas, son tambi’n parte del estudio. Con este prop¢sito se incluyen entrevistas de los investigadores con los Yanomami «…sobre el uso y cuidado de plantas medicinales».

Es evidente que Venezuela debe agilizar la aprobaci¢n de una ley para la administraci¢n, protecci¢n y aprovechamiento de su biodiversidad. Es uno de los pa¡ses mas ricos en recursos gen’ticos del mundo. Una ley que reconozca y administre con destreza el valor econ¢mico y estrat’gico de esa diversidad gen’tica. Una ley que adem s proteja a la Naci¢n de decisiones apresuradas, interesadas o negligentes sobre la materia.
Debemos adem s reconocer derechos fundamentales de las comunidades ind¡genas, en t’rminos compatibles con principios elementales de dignidad y de justicia, asi como con los acuerdos internacionales que Venezuela haya suscrito y que esten directa o indirectamente relacionados con los derechos de los ind¡genas.
Sin embargo, la falta de instrumentos legislativos adecuados no justifica que el gobierno llegue a acuerdos como este, sin consultar con los ind¡genas y sin reconocerles sus derechos mas elementales. Fueron ignorados en la fase de preparaci¢n y negociaci¢n del proyecto, cuando el gobierno acuerda con un ente extranjero el acceso a sus propios conocimientos tradicionales, con fines potencialmente comerciales, sin ser consultados al respecto.
El Gobierno autoriza la presencia de investigadores extranjeros en territorio ind¡gena, investig ndolos a ellos mismos y a los recursos naturales de su lugar de vida, con fines potencialmente comerciales, mientras que les niega a esos mismos ind¡genas el derecho a compartir directamente los beneficios que estas actividades puedan generar.
La dignidad indigena fue insultada al establecerse en el contrato la repartici¢n de una «limosna», equivalente a unos 5 mil d¢lares, para «…los que colaboren con la investigaci¢n». Una actitud chantajista y generadora de divisiones en la comunidad ind¡gena.
El Ministerio del Ambiente se apoder¢ del valor tanto de los recursos gen’ticos como de los conocimientos tradicionales de la poblaci¢n Yanomami, al incluir en el contrato que es el Ministerio el que puede recibir compensaciones econ¢micas por concepto de regal¡as, y compartir los beneficios que puedan derivarse de la comercializaci¢n de productos.
A los Yanomami, por el contrario, se les niega un reconocimiento similar, el derecho a recibir regal¡as por los beneficios econ¢micos que puedan derivarse de sus propios conocimientos tradicionales, o por el aprovechamiento comercial de productos por ellos identificados, probados en sus propios cuerpos para diferentes fines. Este derecho ha sido expl¡citamente relegado a un plano secundario y posterior, sujeto a la buena voluntad de los Suizos. Una buena voluntad que queda sev’ramente cuestionada por la forma en que se adelanta y acuerda esta negociaci¢n, sin la participaci¢n de los ind¡genas.
Se han negociado los conocimientos de los Yanomami sobre la selva a la que pertenecen, con la que mantienen inusitados vinculos y relaciones ancestrales. Sus conocimientos sobre las selvas que les dan vida, que consideran su hogar, que protegen sus esp¡ritus y los de sus muertos. Las selvas que tanto quieren, que ni siquiera las consideran suyas. Las perciben mas como las selvas de sus hijos y de sus nietos. Ellos s¢lo estan administrandolas, temporalmente. Es lo mas valioso que le van a dejar a sus descendientes.
Las riquezas de estas selvas no son ni pueden ser de otros. Menos de los diablos blancos.
Julio Cesar Centeno

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