La llamada estrategia de ô tolerancia ceroö sobre la que a Giuliani, alcalde de New York, le gusta alardear y proclamar como suya, ha dado sus frutos en la ciudad con más alto índice de criminalidad a principios de los 90, pero no hay que olvidar, que los ciudadanos han hecho mucho porque esa situación de inseguridad disminuya.
Las patrullas de barrio, constituidas por los propios vecinos, recorren las calles en una caza del hombre sin cuartel e incluso las universidades y empresas ofrecen el servicio llamado de ô caminantesö, que no son otra cosa que guardias que se ofrecen para acompañar a personas cuyo temor les impide caminar por la ciudad de noche.
Pero este servicio y nueva profesión del ô caminanteö no es la más curiosa que ha surgido en New York. A raíz del exceso de inseguridad y el miedo que esta provoca en la ciudadanía, existen en la urbe los llamados ô puertos segurosö, centenares de locales o apartamentos con distintivo incluido en la puerta, a donde el transeúnte puede dirigirse en el caso de que sospeche que alguien lo persigue o acosa en la calle. Tras entrar en el » puerto», la persona deber identificarse como perteneciente a cualquier asociaci¢n vecinal adscrita al sistema y entonces se le facilitar un tel’fono y una patrulla policial, que la acompa_ar hasta su domicilio.
Pero para los m s desconfiados o miedosos existen otros sistemas m s completos. Por 27 d¢lares a la hora se pueden contratar los servicios de un polic¡a, que lo acompa_ar y proteger si tiene que salir de noche. No existen cifras concretas sobre el volumen de negocio que generan estos sistemas de defensa personal, pero lo que si est claro es que la demanda cada vez es mayor.
VIVIR EN NEW YORK
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