La certeza de que unos pueblos nacen para ser libres y otros para ser esclavos ha guiado los pasos de todos los imperios que en el mundo han sido. Pero fue a partir del renacimiento, y de la conquista de América, que el racismo se articuló como un sistema de absolución moral al servicio de la glotonería europea. Desde entonces, el racismo impera en el mundo: en el mundo colonizado, descalifica a las mayorías; en el mundo colonizador margina a las minorías.
La era colonial necesitó del racismo tanto como necesitó de la pólvora, y desde Roma los papas calumniaban a Dios atribuyéndole la orden de arrasamiento. El derecho internacional nació para dar valor legal a la invasión y al despojo, mientras el racismo otorgaba salvoconductos a las atrocidades militares y daba coartadas a la despiadada explotación de las gentes y las tierras sometidas.
En la América hispana, un nuevo vocabulario ayudó a determinar la ubicación de cada persona en la escala social, según la degradación sufrida por la mezcla de sangres. Mulato era, y es, el mestizo del blanco y negra, en obvia alusi¢n a la mula, hija est’ril del burro y la yegua, mientras muchos otros t’rminos fueron inventados para clasificar los mil colores generados por los sucesivos revoltijos de europeos, americanos y africanos en el Nuevo Mundo.
Nombres simples como castizo, cuarter¢n, quinter¢n, morisco, cholo, albino, lobo, zambaigo, cambujo, albarazado, barcino, coyote, chamiso, zambo, j¡baro, tresalbo, jarocho, lunarejo y rayado, y tambi’n nombres compuestos como torna atr s, ah¡ te est s, tente en el aire y no te entiendo, bautizaban a los frutos de las ensaladas tropicales y defin¡an la mayor o menor gravedad de la maldici¢n hereditaria.
De todos los nombres, no te entiendo es el m s revelador . Desde eso que llaman el descubrimiento de Am’rica, llevamos cinco siglos de no te entiendos. Crist¢bal Col¢n crey¢ que los indios eran indios de la India, que los cubanos habitaban China y los haitianos Jap¢n. Su hermano, Bartolom’, fund¢ la pena de muerte en las Am’ricas quemando vivos a seis ind¡genas por delito de sacrilegio: los culpables hab¡an enterrado estampitas cat¢licas para que los nuevos dioses hicieran fecundas las siembras. (Mu/QR/Pno/Dh-Vi/mc)
