El equivalente femenino del preservativo tradicional parece una idea sencilla, pero el «condón femenino» (que se coloca dentro de la vagina) existe desde hace menos de una década. Disponible en un número creciente de países del mundo entero, abre grandes perspectivas para reducir la propagación del VIH, SIDA.
A mediados del decenio de 1980, el médico danés Lasse Hesse tuvo la idea de inventar un preservativo femenino que, en la actualidad, está disponible comercialmente en muchos países. Es fabricado por Females Health Company a través de su filial Chartex International de Chicago, Illinois y se comercializa, entre otros, con los nombres de realty, Femidom y Femi.
La iniciativa nació de la necesidad de cuidar la salud física de las mujeres. En épocas en que el movimiento feminista a nivel internacional había alcanzado algunos logros, la preocupación en el campo de la salud y de los derechos sexuales de las mujeres, llevó a pensar en la importancia de que ellas tomen sus propias decisiones y que se logre prevenir mejor las enfermedades de trasmisi¢n sexual.
El preservativo femenino es una funda blanda pero resistente de poliuretano que tiene la misma longitud que el masculino pero es m s ancho. Un anillo de pl stico en el extremo cerrado ayuda a mantener fijo el preservativo dentro de la vagina, extendido sobre la zona genital externa de la mujer.
El cond¢n femenino es un instrumento de protecci¢n para las mujeres. Hasta mediados de los a_os 80 el preservativo masculino era el onico m’todo de barreras disponibles para prevenir la transmisi¢n del VIH. Las mujeres suelen tener poco control sobre el hombre para que use un preservativo tradicional. En muchos casos la mujer es reacia a decir no a la relaci¢n sexual, o es incapaz de negarse a ella si el hombre se niega a pon’rselo.
Algunos piensan que una mujer solo corre el riesgo de contraer VIH si tiene numerosas parejas sexuales o es una profesional del sexo. El mito de que el VIH es una enfermedad de homosexuales, est muy lejos de ser verdadero. Muchas mujeres se infectan a trav’s de las relaciones sexuales con el onico hombre con que las han tenido, es decir con su marido.
Las mujeres que tienen m s de un compa_ero sexual suelen estar en condiciones de mayor debilidad todav¡a para insistir en la proteci¢n. A veces las profesionales del sexo est n poco dispuestas a discutir con un cliente que no quiere ponerse preservativo, por miedo de perder unos ingresos o, demasiado a menudo por temor a una reacci¢n violenta.
La muejer es aproximadamente cuatro veces m s vulnerable que el hombre a las enfermedades de transmisi¢n sexual, inclu¡do el VIH. Eso se debe en gran parte a su anatom¡a: la zona genital femenina expuesta al semen y a otras secreciones sexuales durante la relaci¢n sexual es cuatro veces mayor que la del hombre.
La mujer tambi’n corre m s riesgo de infectarse porque el semen contiene mayores cantidades de virus que las secreciones vaginales. Y al igual que el hombre, la mujer corre un riesgo mucho mayor de infeci¢n por el VIH si tiene una enfermedad de transmisi¢n sexual sin tratar. Pero el problema es que en la mujer las enfermedades de transmisi¢n sexual con frecuencia no causan s¡ntomas, y muchas veces reciben un tratamiento tard¡o o no son tratadas en absoluto.
El preservativo femenino es seguro y puede usarse sin receta ni supervisi¢n del m’dico. Est hecho de pl stico y se ajusta holgadamente. Contrariamente al dispositivo intrauterino o la p¡ldora, no tiene efectos secundarios tales como p’rdidas de sangre o calambres.
El poliuretano es menos probable que se rompa o tenga algon desperfecto que el l tex -material del que est n hechos la mayor parte de los preservativo masculinos- y causa menos reacciones al’rgicas.
El preservativo femenino facilita una protecci¢n suplementaria a los hombres y las mujeres porque cubre tanto la entrada de la vagina como la base del pene. Se trata de zonas en que las olceras de las ETS facilitan la entrada del VIH.
El preservativo femenino previene el contagio de otras enfermedades de transmisi¢n sexual como la s¡filis: Si se usa correctamente cada vez que se tienen relaciones sexuales, tiene m s de 95% de eficacia contra la transmisi¢n del VIH.
Aproximadamente el 42% de los 22 millones de adultos que viven con el VIH son mujeres. Adem s, la proporci¢n de mujeres que se infectan por el virus est creciendo en todas las regiones del mundo. Ocho de cada 10 mujeres infectadas contraen el virus teniendo relaciones sexuales no protegidas con un compa_ero infectado. La vulnerabilidad biol¢gica de la mujer al VIH a trav’s de las relaciones sexuales es hasta cuatro veces superior a la del hombre.
Pero no todo es color de rosa. Cada cond¢n femenino puede usarse solamente una vez y cuesta de $2.50 a $5.00. El anillo exterior es algo molesto. Como es el caso del condon masculino, el femenino no ofrece una protecci¢n completa contra todas las enfermedades transmitidas sexualmente. Existe la posibilidad de transmitir infecciones por organismos en las reas de la piel que no est’n cubiertas por el cond¢n. Por ejemplo, el cond¢n no ofrece una protecci¢n confiable contra el virus del herpes simple, ni contra el de las verrugas ven’reas.
