Octava maravilla del mundo, décima sinfonía de Beethoben, undécimo mandamiento del Señor: por todas partes se escuchan himnos de alabanza al mercado libre, fuente de prosperidad y garantía de democracia. La libertad de comercio se vende como nueva, pero tiene una historia larga. Y esa historia tiene mucho que ver con los orígenes de la injusticia, que en nuestro tiempo reina como si hubiera nacido de un repollo, o de la oreja de una cabra:
Hace tres o cuatro siglos, Inglaterra, Holanda y Francia ejercían la piratería, en nombre de la libertad de comercio, mediante los buenos oficios de sir Francis Drake, Henry Morgan, Piet Heyn, Francois Lolonois y otros neoliberales de época.
Cuando los Estados Unidos se independizaron de Inglaterra, lo primero que hicieron fue prohibir la libertad de comercio, y las telas norteamericanas, más caras y más feas que las telas inglesas, se hicieron obligatorias, desde el pañal del bebé hasta la mortaja del muerto.
Después, sin embargo, los Estados Unidos enarbolaron la libertad de comercio para obligar a muchos pa¡ses latinoamericanos al consumo de sus mercanc¡as, sus empr’stitos y sus dictadores militares.
Envueltos en los pliegues de esa misma bandera, los soldados brit nicos impusieron el consumo de opio en China, a ca_onazos, mientras el filibustero William Walker restablec¡a la esclavitud, tambi’n a ca_onazos, y tambi’n en nombre de la libertad, en Am’rica Central.
Rindiendo homenaje a la libertad de comercio, la industria brit nica redujo a la India a la oltima miseria, y la banca brit nica ayudo a financiar el exterminio de Paraguay, que hasta 1870 hab¡a sido el onico pa¡s latinoamericano de veras independiente.
Pas¢ el tiempo y a Guatemala se le ocurri¢, en 1954, practicar la libertad de comercio comprando petr¢leo a la Uni¢n Sovi’tica, y entonces los Estados Unidos organizaron una fulminante invasi¢n, que puso las cosas en su lugar.
Y poco despu’s, tambi’n Cuba ignor¢ que su libertad de comercio consist¡a en aceptar los precios que se le impon¡an, compr¢ el prohibido petr¢leo ruso, y ah¡ se arm¢ el tremendo l¡o que desemboc¢ en la invasi¢n de Playa Gir¢n y en el bloqueo interminable. (Al/QR/Au/Pe/mc)
