Jóvenes de entre 20 y 30 años, con nivel socioeconómico medio, inteligencia normal, insatisfechos con la sociedad actual, con claros deseos de cambiar. Este es el perfil más habitual de las personas susceptibles de caer en las redes de las sectas. Es común también que vivan situaciones de crisis personal por razones afectivas o sociales y, por lo tanto, se encuentren en inferioridad de condiciones y con los mecanismos de defensa bajos ante estímulos provenientes del exterior. En esta coyuntura, los afectados buscan soluciones globales y definitivas a sus problemas personales. Y las iluminadas promesas de los grupos sectarios, ornamentadas con una retórica muy eficaz, pueden resultar muy atractivas. Especialmente, en personas cuyo carácter tiende a la dependencia emocional de otras. Pero, de todos modos, no puede afirmarse que las personas captadas por las sectas padezcan mayoritariamente alteraciones psicológicas.
En su libro «Adictos a sectas», Pepe Rodriguez, periodista y escritor, se_ala que en Espa_a 200.000 personas pertenecen a estos grupos destructores de la personalidad, que captan adeptos que han de ser sumisos y fieles a la secta. Lo consiguen recurriendo al enga_o y a t’cnicas de manipulaci¢n y control con el fin de conseguir los objetivos de los l¡deres de estos grupos, normalmente a costa de la explotaci¢n de las personas reclutadas. Tal vez, como afirma este investigador, la causa principal de la captaci¢n no est tanto en la capacidad persuasiva de los manipuladores como en la fragilidad personal de los j¢venes, porque «hemos hecho dejaci¢n de nuestra responsabilidad en un proceso educativo que deber¡a tener como objetivo promocionar personalidades fuertes y emancipadas».
Si un grupo que pretende atraernos hacia sus actividades a nosotros, a nuestros hijos o amigos, reone alguna de las caracter¡sticas que siguen, sospechemos. Ve moslas: Exigen una dedicaci¢n excesiva, absorbente, casi una devoci¢n, a alguna persona o idea, utilizan programas de modificaci¢n del pensamiento para convencer y controlar a sus miembros en un onico y estricto patr¢n de creencias y valores, producen estados de dependencia psicol¢gica en sus miembros, explotan a sus seguidores para conseguir objetivos, normalmente econ¢micos, del grupo. Y causan da_o psicol¢gico en los seguidores y graves problemas en su entorno familiar, de trabajo y/o de amistades.
La secta persigue la transformaci¢n de la personalidad de sus seguidores para modificar sus interesesy valores y su tipo de relaciones. Para ello utiliza t’cnicas de manipulaci¢n psicol¢gica, que se plasman en las diversas fases que vive el captado.
Fase 1.- La captaci¢n
Para despertar el inter’s del candidato, se filtra la informaci¢n que recibe el destinatario y se recurre al enga_o para que el reci’n llegado desconozca los objetivos reales del grupo y los niveles de compromiso que ir adquiriendo. El captador o «gancho» utiliza su atractivo personal y ofrece seguridad y ayuda para ganarse al novato. A veces se magnifican las cualidades del reci’n llegado y otras, por el contrario, se ponen de manifiesto sus carencias y necesidades, presentando a la secta o grupo como la soluci¢n de todos los problemas. El grupo presiona y no deja que la persona reflexione sobre la propuesta. Se le obliga a comprometerse con los miembros del grupo para conseguir los objetivos marcados por el propio grupo.
Fase 2.- La conversi¢n
Cuando el individuo ya est interesado, comienza la fase de modificaci¢n de su personalidad para adecuarla a los intereses del grupo. Se manipula la informaci¢n, seleccionando para el nuevo adepto exclusivamente lo que interesa al grupo. O se le reinterpreta la informaci¢n: las cr¡ticas externas se presentan como calumnias, persecuci¢n, confabulaci¢n o como voluntad de desestabilizar. Adem s, se modifica el lenguaje habitual del reci’n introducido y se le proporciona la jerga o argot espec¡ficos del grupo, lo que acentoa la complicidad y refuerza el sentimiento y la conciencia de pertenencia a la secta. Que nunca ser presentada como lo que es. Se organizan congresos, seminarios o conferencias en las que los dirigentes inculcan los principios y directrices de la organizaci¢n. Finalmente, se configuran ante el ya adoctrinado dos mundos diametralmente distintos: el de la secta (en el que todo es correcto, l¢gico y verdadero) y el del exterior, donde todo lo que est’ en contra de la organizaci¢n es perverso, err¢neo y perjudicial.
Fase 3.- La Retenci¢n
Paulatinamente, el grupo va introduciendo en el individuo sentimientos de culpa y de temor ante la posibilidad de «traicionar» a la organizaci¢n, con la intenci¢n de dificultar el posible abandono del colectivo. Se llega, a veces, al chantaje: no conviene abandonar la secta porque los l¡deres conocen aspectos ¡ntimos de cada miembro, o porque sobrevendr n males sin fin.
«No es el mismo de siempre»
Los familiares y amigos le perciben raro, diferente. El grupo se ha adue_ado de su personalidad de manera que vive casi esclusivamente para servir a los intereses de la secta. Se muestra ausente, se siente por encima de todo y en posesi¢n de una verdad absoluta a la que los dem s no han tenido la suerte o la lucidez de acceder. La alteraci¢n de su car cter, descrita en los manuales como «trastorno disociativo at¡pico», se caracteriza por una forma distante de relacionarse con los dem s, sobre todo con quienes cuestionan su nueva forma de enfocar la vida. Se muestran m s fr¡os y menos emotivos con sus seres queridos. A menudo, abandonan el trabajo o los estudios o convierten esos ambientes en un espacio en el que captar adeptos para la secta. Afortunadamente, aun siendo intensa la manipulaci¢n, la mayor¡a de los contactados por las sectas consigue salir indemne de esos perniciosos nocleos de influencia. E, incluso entre los captados, algunos conservan cierta autonom¡a. La organizaci¢n los utilizar ante los indecisos para demostrar que en esa secta «todo el mundo puede entrar o salir cuando quiera.»
Las fases del proceso
En el comienzo, durante los primeros contactos con la secta, el individuo mantiene su identidad y la capacidad de relaci¢n con en personas ajenas al grupo. En la «luna de miel», una vez que el ne¢fito est ya del todo identificado con los objetivos del grupo, se van evidenciando los cambios de personalidad y aumenta el sentimiento de pertenencia al grupo. Se exalta todo lo relativo al nuevo descubrimiento. Es, para el adepto, lo m s maravilloso que le ha ocurrido en su vida. Ya no acepta observaciones sobre el grupo, rechaza cualquier cr¡tica y se aleja de sus familiares y amigos. Son habituales los cambios bruscos de humor. En la consolidaci¢n de la dependencia aparecen s¡ntomas de infantilismo e inmadurez: se razona muy poco y queda anulada la capacidad de tomar decisiones. Surgen dificultades de relaci¢n en el entorno familiar y social, y se sufre una incapacidad para desenvolverse fuera de del grupo y para evaluar la propia conducta al margen de ‘l. Otra fase es, naturalmente, la salida del grupo, aunque algunos miembros permanecen de forma indefinida en la secta. Quienes huyen lo hacen porque aparecen dudas, por cansancio, por intervenci¢n terap’utica o porque el grupo, sin m s, lo expulsa. Lamentablemente, esta no es la oltima etapa. Quedan las secuelas: la experiencia en el grupo sectario produce trastornos que West define como «S¡ndrome de adoctrinamiento sectario» y Galper como «S¡ndrome de Persuasi¢n coactiva». Los s¡ntomas: estados alterados de conciencia, incertidumbre, sentimientos de culpa, miedo, falta de confianza en uno mismo y percepciones paranoicas. Otros efectos m s graves: psicosis reactiva esquizofr’nica, episodios psic¢ticos y s¡ntomas postraum ticos por estr’s, incapacidad para mantener la atenci¢n, trastornos de la memoria, fobias, sintomatolog¡a psicosom tica, fobias e incluso intentos de suicidio.
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