Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana nació en 1648 en un México dominado por la iglesia católica y por un machismo exacerbante. En aquella época solo los hombres asistían a los pocos colegios que había en la región. Sin embargo, existían maestras llamadas «amigas», quienes daban clases particulares. De esta manera Juana, una mestiza de sangre española y criolla, aprendió a leer y a escribir.
A los seis años de edad Juana ya mostraba inquietud por conocer todo lo que le rodeaba. Así, inocentemente pidió a su madre – una mujer iletrada- que le vistiera de hombre para poder asistir a la Real y Pontificia Universidad de México. La solicitud fue negada. Ante esto, Juana no se detuvo y siguió auto instruyéndose y a los ocho años gano un libro como premio por escribir y declamar su primer poema: «Loa al Santísimo Sacramento.
A los doce años viajo a la ciudad de México. Ahí tuvo acceso a bastas bibliotecas con obras de Calderón y Góngora, historias de las Indias, libros en lat¡n, etc. Al mismo tiempo, Mart¡n de Olivas le daba clases particulares de lat¡n y aprendi¢ a leer el vascuence, el portugu’s y el nahuatl.
Su fama como poetisa y su belleza le acercaron a los virreyes de Espa_a. Con el tiempo pas¢ a ser la dama m s querida de la virreina. Pero la envidia de quienes le rodeaban no tard¢ en llegar. Los religiosos y seglares de la ‘poca le acusaron de estar inspirada por el demonio. De no ser por al aprecio de los virreyes hubiera ca¡do en manos de la inquisici¢n.
Al ser sustituidos los virreyes, Antonio Nu_ez de Miranda, jesuita y confesor suyo, la convenci¢ de entrar a la vida religiosa. Ademas, Juana sabia que las onicas opciones para la mujer de su ‘poca eran el matrimonio o el convento. Ingreso al convento de San Jos’, de las Carmelitas Descalzas, pero tiempo despu’s se cambio al convento de San Jer¢nimo, tomando el nombre de Sor Juana In’s de la Cruz.
En su nueva vida conventual Sor Juana aprende a cocinar, creando sus propias recetas. Entra como corista, e incluso escribe un tratado te¢rico sobre mosica, llamado «El Caracol». Ademas de ser la contadora del convento, compone villancicos y continoa con la poes¡a por encargo de las monjas. Desde el Viejo Mundo le env¡an instrumentos cient¡ficos para sus experimentos. Casi no duerme por hacer estudios astron¢micos.
Sor Juana segu¡a ganando premios y reconocimientos por sus obras literarias. Pero un nuevo arzobispo se interpuso en su camino: Francisco de Aguiar y Seijas, antifeminista y exageradamente moralista. Pero los verdaderos problemas comienzan con el obispo de Puebla: Manuel Fern ndez de Santa Cruz, aparente amigo de Sor Juana a quien le pide hacer un comentario acerca de un serm¢n escrito cuarenta a_os atr s.
Sor Juana valientemente demostr¢ los errores acerca de «Las finanzas del Amor de Cristo» y defendi¢ las posturas de Sto. Tomas, San Agust¡n y San Cris¢stomo. El obispo Fern ndez, sin consultarle a Sor Juana, publica el escrito como «Carta Atenag¢rica», provocando esc ndalo entre toda la comunidad religiosa.
Es as¡ que Sor Juana es calificada de pecaminosa. Ella se defiende apelando a los derechos de la mujer a tener acceso al saber. De cualquier forma, Sor Juana duda de si misma y se deprime. La situaci¢n empeora cuando el obispo Aguiar la presiona a arrepentirse. Ella, a sus 44 a_os, ora, ayuna y se flagela sin medida. Regala al obispo sus libros, sus instrumentos y dem s valiosos documentos para ayudar con su venta a los pobres.
Acaba por hacer una confesi¢n general y luego, ante el Tribunal Divino, pide perd¢n y firma con su propia sangre: «He sido y soy la peor que ha habido. A todas pido perd¢n por Amor de Dios y de Su Madre, yo la peor del mundo, Juana In’s de la Cruz».
Tras el azote de una epidemia de tifoidea que llego hasta el convento, Sor Juana se empe_o en cuidar a las enfermas, cayendo v¡ctima de la peste. El 17 de abril de 1695, muere. Fue sepultada en la fosa comon de las monjas.
