La vía adoptada, parece, se inclina por cierta «generosidad» en la
asignación, sobre todo al sector eléctrico, con el fin de que funcionen con
toda normalidad las centrales termoeléctricas de carbón, tanto nacional como
importado, pertenecientes sobre todo a ENDESA y a Unión Eléctrica Fenosa, y
en contra de la propuesta de Iberdrola, que daba prioridad a las centrales
de ciclo combinado de gas natural, favoreciendo de paso sus propios
intereses empresariales. Se habla de unos 85 millones anuales de toneladas
al sector eléctrico para el periodo 2005-2007, que son las emisiones
actuales, sin ninguna reducción real, dado el «mix» actual de generación y
la nueva potencia de ciclos combinados.
La alusión a los sectores difusos, como transporte y usos residenciales, es
interesente, pero difícil de concretar, pues es aún más difícil de actuar
políticamente, con decisiones impopulares y de dudosa rentabilidad
electoral, como nuevos y mayores impuestos energéticos. Unos los creemos
imprescindibles, pero su aceptación e introducción no va a ser nada fácil.
Al final habrá que acudir a los tres mecanismos de flexibilidad que permite
el PK. El problema es la cantidad (un 7% de las emisiones del periodo
2008-2012, como mínimo) y el coste previsible, de 500 a 1.000 millones
anuales de euros, y quién lo paga.
Los sumideros, como mucho, representarán un 2% adicional.
La herencia del PP, con un aumento de las emisiones de GEI del 40% entre
1990 y 2003, no deja mucho margen de maniobra, y ya veremos que decide la
Comisión Europea sobre el PNA, pues los criterios son bastante claros.
El gobierno sufre las presiones de las empresas afectadas por la Directiva y
el PNA (el 40% de las emisiones), gobiernos regionales de zonas mineras de
carbón, como Aragón y Asturias, y los sindicatos.
El PNA no puede contentar a todos.
No es lo mismo cumplir el PK con medidas de reducción de emisiones, que
acudiendo a los mecanismos de flexibilidad.
Pero todo es empezar, y la larga marcha hacia la sostenibilidad energética
tiene que empezar con un primer paso.
Unos querríamos mucho más que lo que se va a presentar el lunes, pero se
puede comprender la enorme presión y los grandes intereses en juego.
José Santamarta
