Así, Nealson cuenta que “en la última expedición que se hizo a ese planeta, los grandes descubrimientos que se hicieron fue encontrar capas de sedimento, que dan cuenta de que había grandes cúmulos de agua, y eso da las bases para buscar vida”.
No obstante, sobre la posibilidad de que tal aspiración se concrete, el experto es claro al afirmar que “todo el mundo está buscando encontrar la vida en Marte, pero es mucho más interesante ver los procesos que ocurrieron allí, y que quizás pudieran dar cuenta de vida alguna vez en ese lugar. Realmente es más importante conocer cómo se ha formado el planeta y cuál ha sido su evolución”.
Es que según explica, es muy difícil que haya vida en el planeta rojo, “porque uno de los componentes fundamentales de todos los seres vivos es el nitrógeno (N), y ahí no lo hay, pues, en general, éste no está presente en las rocas, y si la atmósfera alguna vez lo tuvo, ya lo perdió”.
Así, establece que el N está presente en todos los compuestos biológicos, así como también cumple un rol catalítico muy importante. Por eso, “efectivamente cuando uno busca los sedimentos para determinar si efectivamente hubo vida en Marte, busca si hay restos de nitrógeno, porque la existencia de éste nos podría decir que alguna vez hubo vida, de lo contrario no podría determinarse”, plantea.
Sobre los actuales trabajos de la NASA en esta materia, Nealson cuenta que ésta pretende enviar una misión que recorrerá y tomará muestras de suelo, para hacer un estudio geoquímico y químico de Marte, pero no directamente sobre la existencia de vida, “pues es muy complejo tener un ambiente absolutamente estéril para poder lograr eso, pero en base a esos estudios se podrían obtener evidencias mucho más importantes. En dos años más esto estará operativo”.
Por otro lado, una de las líneas importantes de estudio del científico son los alcalóficos, microorganismos que viven en condiciones muy alcalinas (PH alrededor de 12), por lo general en mares profundos. Por eso, en la Universidad del Sur de California están estudiando cuáles son los microorganismos y los procesos metabólicos que tienen para vivir en esas condiciones.
Otro tema que lo tiene muy motivado es cómo interaccionan las bacterias con las rocas, y cómo transfieren sus electrones a éstas, “porque si uno puede entender esto, después podrían plantearse incluso la vida extraterrestre”, enfatiza.
Nobel de Química
La nómina de expertos de primer nivel que participaron en el Congreso está integrada también por Sydney Altman, biofísico canadiense que en 1989 obtuvo el Premio Nobel de Química junto a Thomas Cech, por el descubrimiento de las propiedades catalíticas del ácido ribonucleico (ARN).
“Hay que entender que el ADN es el que contiene la información de las células, y que para que esa información se pueda trabajar tiene que ser traducida a ARN”, comenta el experto, quien llevó a cabo la parte esencial de sus trabajos en el Departamento de Biología de la Universidad de Yale, estudiando el proceso de cómo trabaja el ARN y cuál es la función que tiene en la célula.
Así, antes de que el investigador demostrara que los ARN son un soporte químico de la herencia, y moléculas capaces de intervenir directamente en las reacciones bioquímicas; se creía que la actividad enzimática era una propiedad exclusiva de las proteínas. Esto sitúa al ARN en posición privilegiada, como precursor obligado de ciertas etapas que han permitido la génesis de la vida.
Y lo suyo siempre ha sido la ciencia básica, a través del estudio del ARN, involucrado en la biosíntesis de proteína. Sin embargo, ser distinguido nunca fue el objetivo de sus trabajos. De hecho, Almant asegura que “cuando uno hace investigación no debiese pensar en premios nobeles”. Por lo mismo, tras haberse adjudicado dicha distinción, es claro al afirmar que no ha cambiado nada de lo que hacía, aunque reconoce la satisfacción de haber sido reconocido por sus pares y colegas por el trabajo realizado.
Actualmente el biofísico continúa trabajando en esta materia, en la que ha trabajado en los últimos 25 años.
