La temporada gripal 2025 está rompiendo patrones tradicionales de circulación del virus de la gripe (influenza) tanto en el hemisferio sur como en el norte. Una serie de datos epidemiológicos y análisis genéticos explican por qué esta temporada ha sido inusualmente extensa y por qué podría prolongarse aún más, afectando a países como España en los próximos meses. El origen de este comportamiento atípico se encuentra en un cambio de variante que emergió inicialmente en Nueva York y se propagó desde allí a escala internacional.
Todo comenzó con señales preocupantes en Australia, donde las autoridades sanitarias registraron cifras récord de casos confirmados por laboratorio desde que se iniciaron los registros actuales en 2001. La temporada se extendió desde mayo hasta noviembre, una duración extraordinaria en comparación con los patrones históricos. Nueva Zelanda, aunque con menor intensidad, presentó una “cola” prolongada de casos que se extendió significativamente más allá de lo habitual.
Durante la primera parte de la temporada, la variante dominante fue el virus influenza A (H1N1) pdm09. Sin embargo, un evento inusual cambió el rumbo de la curva epidemiológica: a partir de agosto se detectó un repunte de casos asociados a una variante diferente, influenza A (H3N2), que pasó a ser predominante en septiembre en Nueva Zelanda y entre octubre y noviembre en Australia. Este cambio de variante hacia el final de la temporada es extremadamente poco común y ha sido clave en la extensión temporal del brote.
Uno de los datos más reveladores fue la mediana de edad de las personas infectadas con la nueva variante: 20 años, frente a los 25 años registrados con los virus H3N2 que circularon al inicio de la temporada. Esta variación en el perfil demográfico sugiere una mayor vulnerabilidad en adultos jóvenes, probablemente por la menor exposición previa a virus similares o por diferencias en la respuesta inmune.
Ña variante de gripe H3N2 se ha cebado en adultos jóvenes, probablemente por la menor exposición previa a virus similares o por diferencias en la respuesta inmune.
La investigación genética fue crucial para entender el comportamiento del nuevo virus. El análisis de secuenciación reveló que el virus responsable del repunte tardío pertenece a un nuevo grupo genético, clasificado como subclado K (anteriormente conocido como J.2.4.1). Este se distingue claramente de los virus del subclado J, predominantes en los primeros meses de la temporada.
Los virus del subclado K presentan múltiples mutaciones en la proteína hemaglutinina —clave en la entrada del virus en las células humanas— incluyendo cambios como K2N, N158D e I160K. Además, se identificó una mutación específica en la neuraminidasa (D346G), otra proteína fundamental para la liberación del virus. Estas modificaciones alteran la «apariencia» del virus ante el sistema inmune, lo que dificulta su reconocimiento y neutralización.
Las pruebas de laboratorio confirmaron que el subclado K es antigénicamente distinto a la cepa utilizada en la vacuna del hemisferio sur para 2025.
En concreto, el 99,5 % de las muestras analizadas de este nuevo virus mostraron una reducción significativa en la reactividad frente a los anticuerpos generados por la vacunación estacional. Esto significa que tanto la inmunidad conferida por la vacuna como por infecciones anteriores fue insuficiente para detener su propagación, lo cual explica su crecimiento durante los meses de primavera austral.
El rastreo filogeográfico permite trazar el posible origen y rutas de dispersión de esta variante. La primera secuencia del virus subclado K fue identificada en Nueva York el 23 de junio de 2025. Posteriormente, se documentaron detecciones en Wisconsin y Michigan a lo largo de julio. Desde allí, el virus habría sido exportado a Nueva Zelanda y más tarde a Australia, siguiendo patrones de movilidad internacional que aceleraron su expansión.
A la luz de estos datos, las autoridades sanitarias europeas se enfrentan ahora a un escenario preocupante. Si el subclado K mantiene su ventaja antigénica y logra establecerse con fuerza en el hemisferio norte, países como España podrían experimentar una temporada gripal atípicamente larga. De producirse un repunte de esta variante hacia el final del invierno, cabría esperar una segunda ola de infecciones o un descenso mucho más lento de los contagios de lo que es habitual.
El seguimiento continuo de las secuencias virales y la vigilancia epidemiológica serán esenciales para prever el impacto de esta variante en los próximos meses y para diseñar campañas de vacunación ajustadas a la realidad antigénica emergente.
Artículo redactado con asistencia de IA (Ref. APA: OpenAI. (2025). ChatGPT (versión 2025-12-21). OpenAI)
