El reciente informe de las autoridades sanitarias argentinas, junto con el episodio registrado en el crucero MV Hondius, ha situado nuevamente al hantavirus en el foco internacional. Aunque no existen evidencias que permitan afirmar que el virus haya sufrido un cambio biológico significativo, sí se observa una situación epidemiológica diferente a la conocida hasta ahora: mayor incidencia, dispersión geográfica de casos y una letalidad que continúa siendo elevada.
El Dr. Francisco José Roig Vázquez, especialista en neumología y divulgación científica, señala que la explicación no puede reducirse a una única causa. Desde la epidemiología se contemplan múltiples factores concurrentes: cambios en la densidad y distribución de roedores reservorio, alteraciones climáticas, expansión humana hacia zonas rurales o silvestres, incremento del turismo en áreas de riesgo, modificaciones en la movilidad y también una mayor capacidad diagnóstica y de vigilancia.
El aumento de casos de hantavirus en Argentina durante la temporada 2025-2026 ha reabierto el debate científico y sanitario sobre la evolución epidemiológica del virus Andes y otras variantes detectadas en el país.
El hantavirus Andes continúa transmitiéndose principalmente por inhalación de aerosoles contaminados con excretas de roedores, pero el contexto ecológico parece estar cambiando. En epidemiología, recuerdan los expertos, no siempre cambia el virus; a veces cambia el entorno que favorece la exposición humana. El caso del MV Hondius resulta especialmente relevante porque funciona como una “señal centinela”: un entorno cerrado, con convivencia prolongada y movilidad internacional, muy distinto al patrón clásico de brotes rurales asociados a viviendas o espacios contaminados.
La preocupación científica se centra, sobre todo, en determinar si la situación actual requiere reforzar la transparencia informativa y los mecanismos de vigilancia. Los especialistas insisten en que no existen datos que permitan comparar el comportamiento del hantavirus Andes con el de un virus respiratorio pandémico, pero sí consideran legítimo preguntarse si se está produciendo una evolución epidemiológica que exige análisis más profundos y una comunicación pública más clara.
Uno de los aspectos que más confusión genera es la transmisión entre personas. La evidencia científica confirma que el virus Andes puede transmitirse de forma interhumana, aunque en circunstancias muy concretas: contacto estrecho y prolongado con pacientes durante la fase inicial de la enfermedad, especialmente en el período prodrómico y los primeros días del síndrome cardiopulmonar por hantavirus.
El Dr. Roig recuerda que la detección prolongada de ARN viral en sangre o incluso en semen no implica necesariamente capacidad de contagio sostenido. Diversos estudios clínicos han demostrado que el ARN del virus Andes puede permanecer detectable durante largos periodos tras la infección aguda. En sangre, la viremia puede persistir durante semanas e incluso más de dos meses en algunos pacientes graves, mientras que en determinados reservorios biológicos, como el semen, se ha detectado material genético viral hasta 71 meses después de la infección. Insiste en que «la presencia de ARN viral no significa necesariamente que exista capacidad de transmisión».
Esta evidencia epidemiológica disponible indica que la ventana real de contagiosidad entre humanos es mucho más breve y se concentra principalmente en la fase prodrómica y los primeros días del síndrome cardiopulmonar por hantavirus. Esta diferencia entre persistencia biológica e infectividad efectiva resulta clave para interpretar correctamente los hallazgos clínicos y evitar alarmas injustificadas.
Evolucion Hantavirus Argentina
Los estudios clínicos muestran que la ventana real de contagiosidad es relativamente breve y se concentra en los momentos iniciales de la enfermedad, coincidiendo con la fase inflamatoria más intensa y la aparición de alteraciones vasculares y pulmonares graves. Esta diferenciación entre “persistencia viral” y “transmisibilidad” resulta esencial para evitar interpretaciones erróneas tanto en la comunicación pública como en el manejo clínico y epidemiológico de los contactos.
En paralelo, la investigación científica argentina está revelando un panorama viral más complejo de lo que se creía hace apenas unos años. Durante la pandemia de COVID-19 se detectó en Santa Fe un caso humano asociado al denominado virus Alto Paraguay, una variante que hasta entonces solo había sido identificada en roedores paraguayos. El hallazgo sugirió que ciertos hantavirus podrían estar circulando en regiones que no estaban siendo vigiladas activamente y abrió la posibilidad de que algunos cuadros atribuidos inicialmente a otras infecciones respiratorias hubieran tenido un origen diferente.
También ha despertado interés el descubrimiento del llamado virus Leyes en el roedor Scapteromys aquaticus, presente en zonas húmedas cercanas a ríos y arroyos de Santa Fe. Los investigadores observaron características genéticas inusuales que podrían indicar recombinaciones entre distintos hantavirus, un fenómeno que la comunidad científica considera especialmente relevante para comprender la evolución de estos agentes infecciosos.
Argentina concentra históricamente una parte importante de los casos de hantavirus en América del Sur. Entre 1996 y 2022 se registraron cerca de mil infecciones en la región este del país, con una elevada concentración en la provincia de Buenos Aires. La secuenciación genética completa de distintas cepas ha permitido identificar variantes como los virus Buenos Aires, Lechiguanas y Plata, cuya circulación simultánea en determinadas regiones dificulta establecer con precisión qué variante afecta a cada paciente sin estudios moleculares específicos.
Las investigaciones también han aportado información sobre la susceptibilidad individual. Algunos estudios sugieren que determinadas variantes genéticas humanas podrían facilitar la entrada del virus en las células, mientras que otras actuarían como un factor protector parcial. Esta línea de trabajo intenta explicar por qué algunas personas desarrollan la enfermedad tras exposiciones similares mientras otras no llegan a infectarse.
A ello se suma otro elemento relevante para la salud pública: la supervivencia ambiental del virus. El hantavirus puede permanecer viable varios días en superficies contaminadas y prolongar su persistencia en ambientes fríos o con materia orgánica. Por ello, las recomendaciones preventivas siguen siendo fundamentales: ventilar espacios cerrados antes de limpiarlos, evitar barrer en seco, utilizar desinfectantes adecuados y extremar la precaución en depósitos, viviendas rurales o construcciones abandonadas.
El objetivo, subraya el Dr. Francisco José Roig Vázquez, no debe ser alimentar el miedo, sino fomentar una comprensión rigurosa del problema desde la evidencia científica.
Actualmente no existe una vacuna ni un tratamiento antiviral específico frente al virus Andes. El manejo médico continúa siendo principalmente de soporte, especialmente en los casos graves con afectación pulmonar. Sin embargo, los avances en genética viral y en el conocimiento de los mecanismos de entrada del virus en las células están ofreciendo nuevas perspectivas para el desarrollo futuro de terapias dirigidas.
El objetivo, subraya el Dr. Francisco José Roig Vázquez, no debe ser alimentar el miedo, sino fomentar una comprensión rigurosa del problema desde la evidencia científica. En un contexto marcado por la rápida circulación de información y titulares alarmistas, la divulgación epidemiológica adquiere un papel esencial para interpretar correctamente los riesgos reales y evitar conclusiones precipitadas.
Artículo redactado con asistencia de IA (Ref. APA: OpenAI. (2026). ChatGPT (versión 10 de mayo de 2026). OpenAI).

