La gestión del riesgo derivado de conflictos armados se ha convertido en un elemento central para las empresas que operan en el extranjero. Así lo expuso el especialista en seguridad Jesús Belenguer hace 2 años durante una jornada dedicada a inteligencia y seguridad internacional celebrada por el Instituto Mesias Inteligencia de la Marca España, donde abordó los desafíos que afrontan las organizaciones —especialmente las pequeñas y medianas empresas— cuando trasladan su actividad económica a entornos potencialmente inestables. A la vista de los actuales acontecimiento recordamos el contenido de esa entrevista.
Belenguer subraya el carácter complejo de sintetizar en pocos minutos una materia tan amplia como la seguridad en escenarios internacionales. En ese contexto planteó dos premisas que guían su enfoque profesional. Por un lado, la filosofía de su empresa, según la cual cualquier persona que interactúe con sus servicios debe experimentar una mejora significativa de su seguridad. Por otro, la responsabilidad de representar al sector de la seguridad privada dentro del panel de expertos, lo que le llevó a contextualizar la labor que desempeñan las compañías españolas dedicadas a este ámbito.
Belenguer explicó que, aunque la seguridad corporativa se aplica tanto a grandes corporaciones como a pequeñas empresas, su exposición se centraría en estas últimas. «Cuando trabajamos con empresas grandes tenemos presupuestos que nos permiten hacer otro tipo de cosas», señaló, para añadir que el objetivo de su intervención era analizar los principios básicos de la gestión del riesgo de conflicto bélico, aplicables a organizaciones de cualquier tamaño.
Según su definición, la función de la seguridad privada en la actividad económica internacional consiste en garantizar que una empresa pueda desarrollar su actividad en cualquier país en condiciones de seguridad comparables a las del lugar de origen. Esto implica comprender no solo el entorno del destino, sino también la experiencia vital y operativa de las personas y compañías que se desplazan.
Para abordar este escenario, Belenguer introdujo tres conceptos clave: las potencias antagonistas, las zonas de expansión de estas potencias y los efectos de la propaganda. Para ilustrarlo mostró un mapa geopolítico de la Guerra Fría, recordando que durante ese periodo los bloques estaban claramente definidos. En el mundo actual, en cambio, la división resulta más difusa.
En su análisis, las democracias occidentales se enfrentan a un conjunto heterogéneo de países que calificó como potencias antagonistas. Estas comparten dos rasgos principales: no son democracias —muchas son dictaduras de carácter comunista, teocrático o ideológico— y muestran una marcada tendencia a expandir su influencia en regiones próximas.
A esta complejidad geopolítica se suma un contexto internacional en el que numerosos conflictos se desarrollan simultáneamente, algunos de ellos de baja intensidad, lo que dificulta evaluar los riesgos cuando una empresa desplaza personal o inversiones al exterior.
En ese marco, el experto sintetizó el principio fundamental de la seguridad corporativa en zonas de riesgo con una expresión aparentemente simple: «que no te pille».
Belenguer explicó que las guerras suelen sorprender a la población civil. «A las personas normales la guerra siempre les pilla desprevenidas», afirmó, señalando que el proceso psicológico que se desencadena ante una crisis de este tipo se asemeja al duelo y comienza con una fase de negación.
Las empresas, sin embargo, cuentan con herramientas que les permiten anticiparse. Entre ellas destaca la inteligencia, que definió como «un flujo de información veraz, temprano y estructurado para la toma de decisiones». En España, añadió, existen empresas especializadas en inteligencia estratégica que nacieron en ámbitos militares y académicos y que hoy prestan servicios al sector privado.
Con esa información es posible elaborar planes de seguridad que incluyan tanto la gestión de situaciones normales como la preparación de posibles evacuaciones. En la gestión del riesgo, recordó, existen cuatro estrategias básicas: evitarlo, reducirlo, transferirlo o asumirlo. Aunque la transferencia —por ejemplo mediante seguros— es frecuente, muchas pymes tienden a asumir más riesgo del recomendable.
Aplicar el principio de “que no te pille” implica, en términos prácticos, no operar en determinadas zonas. Con información de inteligencia adecuada, las empresas pueden identificar áreas especialmente sensibles, como las zonas de expansión de potencias antagonistas, donde es más probable que se produzcan hostilidades.
Cuando la actividad económica requiere presencia en regiones inestables, existen alternativas como instalarse en países vecinos considerados seguros o distribuir operaciones entre distintos territorios. En cualquier caso, insistió en la importancia de prever la repatriación tanto de personas como de activos.
Otro elemento crítico es la revisión de la cadena de suministro. Las empresas deben identificar cualquier insumo que dependa de territorios en conflicto o de países políticamente antagonistas y disponer de alternativas que eviten interrupciones en la producción o incrementos inesperados de costes. La pandemia, recordó, ya evidenció la fragilidad de muchas cadenas globales de aprovisionamiento.
Una vez realizada la planificación estratégica, el siguiente paso consiste en diseñar un plan de repatriación rápida. Según la experiencia del sector, la evacuación de personas depende en gran medida de la capacidad de retirar previamente los activos de la empresa.
Belenguer abordó también el componente psicológico de las decisiones en situaciones de crisis. El cerebro humano procesa las emociones en el hemisferio derecho —rápido pero impulsivo— mientras que el razonamiento lógico se desarrolla en el izquierdo, más lento y analítico. Si las personas que se encuentran sobre el terreno deben decidir en medio de una crisis, es probable que lo hagan guiadas por la emoción.
Para evitarlo, el experto en seguridad expone el uso de árboles de decisión diseñados previamente. Estos establecen una secuencia automática de acciones cuando se produce un hecho determinado, evitando deliberaciones que podrían retrasar la evacuación y hacer perder las llamadas “ventanas de oportunidad”.
En el caso de que la crisis se produzca de forma inesperada, existen marcos normativos que regulan la protección de civiles en conflictos armados. El Derecho Internacional Humanitario, explicó, establece normas destinadas a reducir los efectos de la guerra sobre las personas y el entorno.
Dentro de estas normas existe la figura del protegido, que incluye a la población civil, a los combatientes heridos o capturados y a determinados bienes esenciales. Algunos símbolos internacionales identifican instalaciones que no deben ser atacadas, como infraestructuras de protección civil, bienes culturales protegidos por la UNESCO o instalaciones técnicas cuya destrucción podría provocar catástrofes mayores. También destacó los emblemas sanitarios —como la Cruz Roja, la Media Luna Roja o el denominado Cristal Rojo— que identifican instalaciones y personal sanitario protegidos por el derecho internacional.
«Los ciudadanos extranjeros en un país en guerra», recordó, «tienen derecho a abandonar el territorio según lo establecido en los Convenios de Ginebra.» En el caso español, la Ley Orgánica 5/2005 de la Defensa Nacional permite a las Fuerzas Armadas ejecutar operaciones de evacuación de nacionales cuando su vida o intereses estén en riesgo. Estas operaciones se conocen como NEO (Non-combatant Evacuation Operations).
Belenguer explicó que existen diferentes modalidades de evacuación: administrativa —cuando el Estado recomienda abandonar el país—, civil —cuando se facilitan medios de transporte—, civil reforzada —con participación militar— y civil-militar, que puede implicar incluso operaciones de combate para extraer a los ciudadanos. Además de las Fuerzas Armadas, señaló que la Policía Nacional y la Guardia Civil disponen de unidades especializadas que intervienen en el extranjero cuando ciudadanos españoles son víctimas de delitos graves.
En cuanto a la organización de estas evacuaciones, la Convención de Viena sobre relaciones consulares establece la obligación de las embajadas y consulados de asistir a los nacionales de su país. Entre los recursos disponibles se encuentran las unidades de crisis del Ministerio de Asuntos Exteriores y el Registro de Viajeros, una herramienta que permite localizar a ciudadanos españoles en caso de emergencia y de la que existe una APP tanto para Android como para iOS aunque su calificación (1,6 sobre 5 sobre 567 opiniones) deja bastante que desear y se aleja de los estándares de calidad mínimos esperados en este tipo de aplicaciones ‘críticas’
El experto lamentó que muchos viajeros no utilicen este registro, especialmente quienes viajan por cuenta propia y no a través de operadores turísticos. Sin esa información, explicó, los servicios consulares pueden tener dificultades para localizar a los ciudadanos en situaciones de crisis.
Durante la sesión de preguntas, Belenguer insistió en la importancia de registrarse antes de viajar al extranjero. «De España no debería salir nadie sin registrarse; es un serio problema que no se registre y es una pérdida de oportunidad», afirmó.
También respondió a una cuestión sobre ciberseguridad en viajes internacionales. Según explicó, cuando se viaja a países considerados antagonistas o a zonas de expansión de conflictos, el riesgo de incidentes tecnológicos es prácticamente total. Por ello recomendó utilizar dispositivos seguros y evitar transportar teléfonos personales o equipos informáticos convencionales.
En un ‘off-record‘ nos comentó que le ocurrió en uno de sus habituales viajes «me sacaron de la fila de embarque y me llevaron a una sala donde, entre otras pertenencias, se llevaron mi móvil y mi ordenador. Me devolvieron todo con un ‘no ha habido ningún problema, puede embarcar’ y el tiempo justo de coger mi vuelo. Al llegar a España vi que había ‘desaparecido’ todo mi ‘cash’ y cuando llegué a mi oficina procedimos a la destrucción de ambos dispositivos y llevarlos a un punto verde para su reciclaje. Si las autoridades de un país se quedan con tus terminales, aunque solo sea unos minutos, y los apartan de tu vista, la seguridad ya está comprometida. En esos casos nuestro protocolo es claro: lo más sensato y seguro es proceder a su destrucción«
Belenguer concluyó su intervención insistiendo en que la seguridad empresarial depende en gran medida de la planificación previa y de la capacidad de evitar decisiones impulsivas en situaciones de crisis. «Necesitamos sobreponernos a las decisiones emocionales y necesitamos los árboles de decisión», señaló, destacando que anticipación y preparación siguen siendo las herramientas más eficaces frente a la incertidumbre internacional.
Artículo redactado con asistencia de IA (Ref. APA: OpenAI. (2026). ChatGPT (versión GPT-5.3, 15 de marzo). OpenAI).
