El bromuro de metilo se emplea como plaguicida en la agricultura. Es barato
y fácil de aplicar, pero contribuye a la destrucción de la capa de ozono.
España es uno de los países que más aplican el bromuro de metilo, sobre todo
en los cultivos de fresas en Huelva, de pimientos en Murcia y de tomates en
las regiones mediterráneas.
Los países en desarrollo ya han disminuido el uso de bromuro de metilo en un
70% y acordaron eliminarlo completamente para 2005.
La posición de EE UU ha generado polémica. Muchos tememos que Bush comience
a ignorar sus compromisos en materia de protección del ozono, al igual que
ha hecho con el cambio climático. EE UU quiere aumentar, en lugar de
eliminar, el empleo del bromuro de metilo.
Desde el 1 de enero de 1995 en todos los países industrializados está
prohibida la producción, importación y consumo de CFC (clorofluorocarbonos),
halones, tetracloruro de carbono y tricloroetano, productos que dañan la
capa de ozono.
El plaguicida bromuro de metilo ha causado centenares de casos de
envenenamiento, y además daña la capa de ozono de la estratosfera, que
protege la superficie de la tierra de una excesiva luz ultravioleta. El
bromo del bromuro de metilo es 50 veces más eficiente como destructor del
ozono que el cloro de los clorofluorocarbonos (CFC), el mas conocido entre
los compuestos que dañan el ozono, usado hasta hace poco en una amplia gama
de aplicaciones industriales.
El bromuro de metilo se usa como plaguicida desde la década de 1930. Cada
año se venden 76.000 toneladas en todo el mundo (4.238 toneladas en España,
el 5,6% del consumo mundial), sobre todo para la fumigación del suelo. La
mayoría de las emisiones humanas de bromuro de metilo se debe a su empleo
como plaguicida, pero se libera también mediante la quema de biomasa tal
como la madera empleada como combustible, y mediante la combustión de
gasolina con plomo. El bromuro de metilo es producido también por los
océanos, pero estas emisiones no se conocen bien y es posible que los
océanos absorban más de lo que liberan.
Los esfuerzos internacionales iniciales en el marco del Protocolo de
Montreal de 1987 relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono, se
centraron en las sustancias de larga vida que destruyen el ozono, tales como
los CFC. Los niveles atmosféricos de cloro han comenzado consiguientemente
a declinar, pero los niveles de bromo continúan subiendo. En la actualidad,
el bromuro de metilo se cree que ocasiona el 17 por ciento de la pérdida
observada de ozono; si las emisiones continúan creciendo al ritmo actual, la
cifra puede poner en peligro esfuerzos realizados para salvar la capa de
ozono. Los científicos consideran que la eliminación del bromuro de metilo
es el siguiente paso importante para recuperar la capa de ozono.
Algunos agricultores temen la prohibición del bromuro de metilo porque éste
es un plaguicida sumamente versátil. En Estados Unidos se usa en más de 100
cultivos, para todo tipo de plagas: insectos, lombrices, roedores, malas
hierbas, hongos, y patógenos. A causa de la eficacia del bromuro de metilo,
algunos países explícitamente requieren su uso en los productos importados.
Según un informe técnico del Protocolo de Montreal, existen alternativas
para la totalidad de los usos del bromuro de metilo. Estudios recientes
sugieren que otro producto químico, el yoduro de metilo, podría no afectar
al ozono, aunque aún deben completarse las pruebas de seguridad. El informe
recomendó la estrategia de gestión integrada de plagas, que emplea la
rotación de cultivos como táctica, el arado profundo, y el uso de capas de
plástico para matar las plagas del suelo. Alemania y Holanda han dejado de
usar el bromuro de metilo para la fumigación del suelo. La Agencia de
Protección Ambiental de EE UU ha elaborado una serie de estudios sobre
alternativas viables, y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos
distribuía un boletín de alternativas en la época de Clinton.
José Santamarta Flórez
Director de World Watch
