La niña María Isabel no pudo entender el porqué su maestra se ensañó contra su muñeca. Sus compañeritas llevaban juguetes y muñecas también. Pero su nenita negra de pelo rizado y mejillas suaves, no podía sentarse con ella en su butaca. Su maestra se la quitaba. La encerraba en una gaveta de su escritorio. No sabía la maestra lo que amaba aquella niña ese juguete.
Después,María Isabel no tenía ánimo de atender las lecciones.
La maestra mandó a llamar a sus padres.
– ¿Que pasa con mi hija?, preguntó la madre de la niña con voz insegura.
La maestra le explicó:
– Es que María Isabel no puede traer esa muñeca NEGRA al aula. En este colegio no se quiere nada con los negros, ni con los juguetes….. María Isabel no entendió nada. Sus seis añitos de vida los vivió en Europa. De allí es su padre. Su madre es de un campo de Moca y en su hogar nunca vio una señal de racismo…Este año vinieron a vivir a Santo Domingo y ninguno de los tres entendió nada sobre el problema de la mu_eca negra y optaron por retirar la ni_a del colegio.
No es historia. Le sucedi¢ a unos amigos de una amiga. El racismo lo sembramos en nuestros hijos conciente o inconcientemente. As¡ lo hicieron con nosotros cuando ‘ramos ni_os, pero as¡ no tendr¡a que seguir siendo.
Por los a_os 70 eran famosos los programas infantiles en las emisoras de Radio. Canciones y cuentos dramatizados hicieron vivir gratos momentos a los ni_os y ni_as de aquella ‘poca. Pero muchos de esos cuentos eran veneno puro. Puro racismo.
+Recuerda aquel que relataba la triste historia de la Negrita Espaminonda?
S¡ le dec¡an NEGRITA y le llamaron ESPAMINONDA.
La negrita Espaminonda pas¢ el fin de semana donde su madrina rica. Al despacharla hacia su casa le regal¢ un perrito, una barra de mantequilla y un pan y le dijo:
-Mira Espaminonda. Aqu¡ tienes. Toma este lazo. Amarra el perro por el cuello y tira de la otra punta. La mantequilla envu’lvela en hojas y cada vez que pase por el r¡o m¢jala para que no se derrita. El Pan ponlo debajo del sombrero.
-S¡ madrina. Contest¢ la Negrita Espaminonda, pero al salir hizo todo al rev’s. Tom¢ el pan. Lo amarr¢ por una punta y tir¢ de la otra. Agarr¢ el Perro. Lo envolvi¢ en hojas y cada vez que pasaba por el r¡o lo sumerg¡a un buen rato. Tom¢ la mantequilla y la puso debajo del sombrero.
La Pobre Negrita Espaminonda lleg¢ a su casa toda chorreada de mantequilla. El pan sucio, destruido y el perrito muerto, ahogado.
Ah¡ terminaba la supuesta tierna historia. Era nada m s que una real y maliciosa historia racista con la que se entretuvieron varias generaciones hasta que los mu_equitos por televisi¢n desplazaron los cuentos infantiles en la Radio. Era pura discriminaci¢n para achacar maliciosamente falsas debilidades a una raza.
El racismo ha sido un problema grave en la humanidad. Por ella se violan los derechos humanos y se ponen en peligro las relaciones amistosas entre los pueblos. La paz misma de muchas naciones se ha ido a pique por diferencias raciales. Por discriminaci¢n, miles de personas aon sufren y mueren lejos y cerca de nosotros.
Los Pa¡ses miembros de la Organizaci¢n de las Naciones Unidas asumieron en el a_o 69 la Convenci¢n Internacional sobre la Eliminaci¢n de todas las Formas de Discriminaci¢n Racial. Uno de los principios de este instrumento jur¡dico internacional afirma que toda doctrina de diferenciaci¢n o superioridad racial es cient¡ficamente falsa, moralmente condenable, socialmente injusta y peligrosa, y nada permite justificarla, ni en la teor¡a ni en la pr ctica.(Do/QR/Pno-Au/Dh/pt).
