Mis disfraces, sobre todo en las oficinas públicas, han acrecentado el temor de quienes trabajan allí. Ahora me dicen que ahí tratan a todos como si fueran reyes. El riesgo para los funcionarios de que yo sea uno más de la fila ha tenido resultado. Pero este no es el verdadero objetivo de la iniciativa. En los barrios donde hay problemas, mando a mis expertos para que me entregan un informe. A ese punto, si la situación lo requiere, voy a controlar personalmente. Al final puedo tener un dossier detallado sobre lo que no funciona. Puedo combatir mejor la ineficiencia de la burocracia, contra la que también luchan mis colegas coetáneos, como el rey de Marruecos y el príncipe heredero de Bahrain…
Cuando era príncipe podía ir al teatro, al supermercado, o salir de picnic con mi mujer. El año pasado, ya siendo rey y encontrándome en Estados Unidos, pensé ir al cine a ver la película «The Matrix». Fui escoltado por 10 autos, motos, policías y 26 agentes. Le dije entonces a un amigo: ‘Est bien que no tenga m s el control de mi vida, pero tengo que hacer algo con est¢. Y, entonces, ‘l me dio la idea de disfrazarme.
Entrevista concedida al » El Corriere della Sera»
