En los extremos de los extremos, entre los ricos riquísimos, que aparecen en las páginas pornofinancieras de las revistas Forbes y Fortune, y los pobres pobrísimos, que aparecen en las calles y en los campos, el abismo resulta mucho más hondo.
Una mujer embarazada corre cien veces más riesgo de muerte en Africa que en Europa. El valor de los productos para mascotas animales que se venden, cada año, en los Estados Unidos, es cuatro veces mayor que toda la producción de Etiopía. Las ventas de sólo dos gigantes , General Motors y Ford, superan largamente el valor de la producción de toda Africa negra.
Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, diez personas, los opulentos más opulentos del planeta, tienen una riqueza equivalente al valor de la producción total de cincuenta países, y cuatrocientos cuarenta y siete multimillonarios suman una fortuna mayor que el ingreso anual de la mitad de la humanidad.
El responsable de este organismo de las Naciones Unidas, James Gustave Peth, declar¢ en 1997 que, en el oltimo medio siglo, la cantidad de ricos se ha duplicado en el mundo, pero la cantidad de pobres se ha triplicado, y mil seiscientos millones de personas est n viviendo peor que hace quince a_os.
Poco antes, en la asamblea del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, el presidente del Banco Mundial hab¡a echado un balde de agua fr¡a sobre la concurrencia. En plena celebraci¢n d3e la buena marcha del gobierno del planeta, que ambos organismos ejercen, James Wolfendohn advirti¢: si las cosas siguen as¡, en treinta a_os habr cinco mil millones de pobres en el mundo , «y la desigualdad estallar , como una bomba de relojer¡a, en la cara de las pr¢ximas generaciones».
