Los subordinados deben obediencia eterna a sus superiores, como las mujeres deben obediencia a los hombres. Unos nacen para mandones, y otros nacen para mandados.
El racismo se justifica, como el machismo, por la herencia genética: los pobres no están jodidos por culpa de la historia, sino por obra de la biología. En la sangre llevan su destino y, para peor, los cromosomas de la inferioridad suelen mezclarse con las malas semillas del crimen. Cuando se acerca un pobre de piel obscura, el peligrosímetro enciende la luz roja; y suena la alarma.
Los mitos, los ritos y los hitos.
En las Américas, y también en Europa, la policía caza estereotipos, culpables del delito de portación de cara. Cada sospechoso que no es blanco confirma la regla escrita, con tinta invisible, en las profundidades de la conciencia colectiva: el crimen es negro, o marrón, o por lo menos amarillo.
Esta demonización ignora la experiencia histórica del mundo. Por no hablar más que de estos oltimos cinco siglos, habr¡a que reconocer que no han sido para nada escasos los cr¡menes de color blanco. Los blancos sumaban no m s de la quinta parte de la poblaci¢n mundial en tiempos del Renacimiento, pero ya se dec¡an portadores de la voluntad divina. En nombre de Dios, exterminaron a qu’ s’ yo cu ntos millones de indios en las Am’ricas y arrancaron a qui’n sabe cu ntos millones de negros del -frica. Blancos fueron los reyes, los vampiros de indios y los traficantes negreros que fundaron la esclavitud hereditaria en Am’rica y en -frica, para que los hijos de los esclavos nacieran esclavos en las minas y en las plantaciones. Blancos fueron los autores de los incontables actos de barbarie que la Civilizaci¢n cometi¢, en los siglos siguientes, para imponer, a sangre y fuego, su blanco poder imperial sobre los cuatro puntos cardinales del globo. Blancos fueron los jefes de estado y los jefes guerreros que organizaron y ejecutaron, con ayuda de los japoneses, las dos guerras mundiales que en el siglo veinte mataron a sesenta y cuatro millones de personas, en su mayor¡a civiles; y blancos fueron los que planificaron y realizaron el holocausto de los jud¡os, que tambi’n incluy¢ a rojos, gitanos y homosexuales, en los campos nazis de exterminio. (Al/QR/Po-Pno/Vi/mc)
Eduardo Galeano
