La conmemoración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia sirve para reflexionar sobre una brecha de género que sigue presente en el ámbito científico. En la actualidad, las mujeres representan aproximadamente un tercio de la comunidad investigadora mundial, según datos de la UNESCO, una proporción que evidencia un desequilibrio persistente. Esta realidad adquiere especial relevancia en aquellos campos donde las vocaciones dependen en gran medida de la existencia de modelos visibles.
Más allá de figuras ampliamente reconocidas como Marie Curie o Jane Goodall, la historia de la ciencia está jalonada por nombres menos conocidos que realizaron aportaciones fundamentales. Muchas de estas mujeres desarrollaron su carrera en contextos adversos, sin reconocimiento institucional o incluso obligadas a ocultar su identidad para poder publicar.
Uno de los ejemplos más antiguos es el de Peseshet, médica del antiguo Egipto que vivió en torno al 2500 a. C. Su existencia se conoce gracias a una inscripción hallada en una mastaba en Guiza. Los registros indican que ejercía funciones de supervisión sobre otras médicas, lo que revela no solo su relevancia profesional, sino también la presencia de mujeres en la práctica médica de aquella época.
En el siglo XVIII destacó Émilie du Châtelet (1706-1749), matemática y física francesa que realizó una influyente traducción comentada de los Principia Mathematica de Isaac Newton. Su versión sigue siendo una referencia en lengua francesa. Su trabajo fue reconocido por algunos contemporáneos, entre ellos Voltaire, quien valoró públicamente su capacidad intelectual, aunque su figura quedó durante mucho tiempo en segundo plano en los relatos históricos.
También en el ámbito de las matemáticas sobresalió Maria Gaetana Agnesi (1718-1799), considerada la primera mujer en obtener una cátedra universitaria en esta disciplina, aunque no llegó a ocuparla formalmente. Fue autora de un tratado que tuvo amplia difusión internacional y dio nombre a la conocida curva matemática denominada “bruja de Agnesi”, ejemplo de su influencia en el desarrollo del análisis matemático.
En astronomía, Caroline Herschel (1750-1848) logró consolidarse como investigadora profesional en una época en la que la presencia femenina era excepcional. Descubridora de varios cometas, trabajó inicialmente junto a su hermano William Herschel, pero sus aportaciones propias le valieron reconocimiento institucional y el respaldo de la Corona británica, convirtiéndose en un referente temprano para las mujeres en esta disciplina.
La paleontología cuenta con la figura de Mary Anning (1799-1847), cuyos hallazgos de fósiles en la costa de Dorset resultaron fundamentales para comprender la vida prehistórica. A pesar de la relevancia científica de sus descubrimientos, y de su reconocimiento entre geólogos y coleccionistas, no fue admitida en las sociedades científicas de su tiempo, lo que ilustra las limitaciones estructurales que afrontaban las mujeres.
En el campo de la genética, Nettie Stevens (1861-1912) realizó una aportación decisiva al identificar el papel de los cromosomas en la determinación del sexo biológico. Su trabajo constituyó un avance esencial para la biología moderna, aunque durante años el reconocimiento público de este hallazgo se atribuyó en gran medida a otros investigadores, relegando su contribución.
En el contexto español, destaca María Andresa Casamayor (1720-1780), una de las primeras mujeres dedicadas a la ciencia en España. Publicó un tratado de aritmética con tan solo 17 años, recurriendo a un seudónimo masculino para sortear las restricciones sociales de la época. Su labor docente contribuyó además a fomentar la educación científica entre las niñas, en un momento en que el acceso femenino al conocimiento era limitado.
Estas trayectorias muestran cómo, desde la antigüedad hasta la edad contemporánea, diversas mujeres lograron abrirse paso en entornos marcadamente masculinos. Sus aportaciones no solo ampliaron el conocimiento en campos como la medicina, la física, las matemáticas, la astronomía, la paleontología o la genética, sino que sentaron precedentes para que otras pudieran continuar ese camino. Recordarlas no responde únicamente a un ejercicio de memoria histórica, sino también a la necesidad de comprender los condicionantes sociales que han influido en la construcción del saber científico.
Artículo redactado con asistencia de IA (Ref. APA: OpenAI. (2026). ChatGPT (versión GPT-5.2, 16 de febrero). OpenAI).
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