La atención mediática sobre el estrecho de Ormuz se ha centrado en las últimas semanas en el impacto sobre el petróleo. Sin embargo, en el ámbito sanitario emerge una preocupación menos visible pero potencialmente crítica: el suministro de helio, un recurso esencial para el funcionamiento de las resonancias magnéticas.
Este gas, en estado líquido a temperaturas cercanas a los -269 °C, es imprescindible para mantener en condiciones de superconductividad los imanes de estos equipos. Sin él, las resonancias magnéticas dejan de ser operativas, y en la actualidad no existe un sustituto viable que permita prescindir de su uso.
El contexto internacional añade presión a esta dependencia. Qatar concentra aproximadamente un tercio de la producción mundial de helio, cuyo transporte depende del paso por el estrecho de Ormuz. Desde comienzos de marzo, el país ha declarado fuerza mayor y ha detenido su producción, mientras que los ataques registrados los días 18 y 19 han afectado infraestructuras cuya recuperación podría prolongarse entre tres y cinco años. En paralelo, el precio del helio se ha duplicado en apenas dos semanas.
En España, el impacto potencial de esta situación se amplifica por la estructura del parque tecnológico. Se estima que existen entre 800 y 900 equipos de resonancia magnética en funcionamiento, de los cuales cerca del 45 % supera los diez años de antigüedad. Estos dispositivos requieren recargas periódicas de grandes volúmenes de helio líquido para mantenerse operativos.
A esta circunstancia se suma la ausencia de producción nacional y la falta de reservas estratégicas, lo que sitúa al sistema sanitario en una posición de dependencia total del suministro exterior. Según este modelo, los hospitales operan con una logística ajustada en la que el helio se recibe en plazos de entre 24 y 48 horas, sin almacenamiento significativo.
Una interrupción prolongada del suministro podría traducirse en fallos progresivos de los equipos. En los casos más extremos, la pérdida de helio puede provocar un fenómeno conocido como quench, en el que el gas se evapora de forma súbita, expandiéndose hasta 750 veces su volumen. Este proceso no solo implica riesgos para el personal, sino también daños técnicos que pueden superar los 100.000 euros y dejar fuera de servicio los equipos durante meses.
Este escenario ha reactivado el debate sobre la necesidad de acelerar la renovación tecnológica. Los nuevos sistemas de resonancia magnética, como los desarrollados por fabricantes como Philips, Siemens o GE, utilizan cantidades mínimas de helio en circuitos sellados —en torno a siete litros frente a los aproximadamente 1.500 litros de los equipos convencionales—, reduciendo de forma significativa la dependencia del suministro externo.
No obstante, estos equipos representan todavía entre el 15 % y el 20 % del total instalado en España, y la sustitución completa del parque no se prevé antes de 2035. Hasta entonces, la exposición a posibles interrupciones del mercado internacional de helio seguirá siendo un factor de riesgo.
La situación actual plantea la necesidad de considerar el helio como una materia prima estratégica dentro del sistema sanitario, en un contexto geopolítico en el que las cadenas de suministro pueden verse alteradas con rapidez.
Artículo redactado con asistencia de IA (Ref. APA: OpenAI. (2026). ChatGPT (versión 5.3, 24 marzo). OpenAI)
