En el Simposio Internacional de Bioética que la Fundación Areces ha organizado en Madrid, se ha estado estudiando qué hacer con los 30.000 embriones congelados que se almacenan en cámaras frigoríficas de diversas clínicas españolas, que se han convertido en los Auschwitz de la era moderna: más sofisticados y encubiertos que el original, pero no menos mortíferos. Hay que acabar con un procedimiento que da lugar a aberraciones como ésta. El buen fin de tener hijos no justifica este tipo de medios. Y mucho menos lo que pretenden las empresas biotecnológicas, a las que se les encienden los ojos pensando en las ganancias que obtendrán si consiguen que estos seres humanos indefensos puedan ser usados para experimentación: una vez más un supuesto buen fin -que esa investigación sirva para curar- tampoco justifica un procedimiento inadmisible -matar para curar-. El racismo nazi nos aterra. Pero peor es esta utilización instrumental de seres humanos que -manchando el buen nombre de la ciencia, cuyo avance toman como pretexto- arrebata su dignidad a los seres humanos m s inermes y convierte al cient¡fico en un d’spota sin sentimientos.
Antonio Arjona Mart¡nez
*Informativos.Net no se hace responsable ni comparte necesariamente las opiniones de los lectores.
