Me parece grave el error de quienes interpretan la no-confesionalidad que nuestra Constitución atribuye al Estado español, en términos de anti-confesionalidad laicista. Eso es fundamentalismo grave. Un Estado no confesional es un Estado que reconoce la libertad religiosa de todos sus ciudadanos y que, por tanto, favorece y fomenta sus legítimas expresiones religiosas, tanto personales como comunitarias, en un clima de respeto hacia todas las opciones. Por el contrario, un Estado laicista es un Estado intolerante, que persigue a aquellos ciudadanos que tienen convicciones religiosas para que las escondan en su vida privada ûen el huerto de su conciencia, que decía Aznar en una entrevista-, las releguen al ámbito de las sacristías y les nieguen relevancia pública, como si se tratara de supersticiones vergonzosas o estados anímicos civilmente irrelevantes. El Estado no-confesional es pluri-confesional. El laicista es anti-confesional. Es un Estado donde sólo el agnóstico vive a sus anchas. El creyente o es perseguido o tiene que ponerse la careta de agn¢stico para parecer «pol¡ticamente correcto». A ver si con tanto fundamentalismo laicista van a organizar los fan ticos una cruzada contra los que tengan ideas religiosas, me dan miedo los laicistas fundamentalistas, y haberlos haylos.
Marcos Guti’rrez Sanju n
Ja’n
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