En Psicología se estudia que la agresividad es síntoma de tristeza. Por eso no me han convencido las declaraciones del Vicepresidente del colectivo homosexual andaluz, en la Prensa del pasado 19 de agosto. Están teñidas de una preocupante agresividad. Y esto muestra que la práctica homosexual como opción vital no debe ser tan gratificante como él asegura. Las descalificaciones alcanzan su punto más álgido cuando la periodista le pregunta por la postura de la Iglesia sobre la homosexualidad: le parece una gilipollez afirmar que Dios espera del homosexual que acepte el sacrificio de no dejarse llevar por esa tendencia desordenada (igual que pide a los heterosexuales que rechacen, por ejemplo, sus apetencias adulterinas). Nosotros estamos hasta las narices -concluye airadamente- de que nos digan cómo tenemos que ser, cómo tenemos que comportarnos y cómo tenemos que vivir nuestra fe. Que no se enfade tanto. Quien está convencido de estar en lo cierto, no se irrita cuando alguien discrepa de su opini¢n. Responde con argumentos, pero no se pone tan nervioso. Adem s, la Iglesia predica a quienes quieran escucharla. Nadie est obligado a aceptar sus ense_anzas. Pero, eso s¡, nadie puede llamarse cat¢lico si se hace una fe a la carta.
Manuel J. Lopez Suarez
Madrid
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