Cuanto mayor es el poder de la ciencia, más necesidad hay de someterla a la +tica y al Derecho. Las expectativas terapéuticas que se presentan con el proyecto Genoma son imponentes. Pero no son menores sus riesgos. Por eso, es preciso prevenir abusos. Con tanta película como se ha producido sobre ciencia ficción, no es difícil imaginarse lo que puede pasarnos si se permite que las empresas correspondientes patenten los genes o las secuencias genéticas: tanto poder en manos privadas sería una imprudencia imperdonable. Imaginemos que acabe permitiéndose el comercio con órganos humanos, o la clonación de seres humanos, o la fabricación de tejidos que implicara la destrucción de embriones. Pensemos en las discriminaciones laborales que puede cometer las empresas si acceden a la información sobre el perfil genético de los individuos; o en los riesgos de manipulación genética de las línea germinal de los seres humanos con el fin de lograr bebés de diseño. Pues lo que pasaría es que esas escenas inquietantes que hemos podido ver en la pantalla pasar¡an a ser realidad. Los intereses econ¢micos, experimentales o de poder no pueden prevalecer sobre los derechos humanos.
Juan Manuel Molina Vald’s
