Eso de pasar página, de hacer borrón y cuenta nueva, parece que es algo que conviene hacer de tarde en tarde y que ayuda a sanear las cosas, ayudando sobremanera a que, incluso cuando a lo mejor puede parecer que todo se ha estancado, en realidad camine hacia adelante. En el campo de las relaciones personales y sentimentales no hace falta decir que resulta a veces indispensable, por mucho que romper rutinas e historias a veces cueste un poco o un mucho, pero no es sólo en ese campo tan privado donde hace falta, sino en todos aquellos que de una u otra forma inciden en la vida de las personas. Uno de estos, aunque a veces no nos lo acabamos de creer el ver el comportamiento de demasiados de los que se dedican a ella, es la política. No creo que pueda dudarse que las acciones de los políticos, tanto si sólo de trata de discursos más o menos homologables, o más o menos demagógicos, que nos dedican con cierta frecuencia, como si, dotados para postre de poder efectivo, lo es de decisiones concretas, nos afecta de modo ciertamente directo en los avatares de nuestra vida cotidiana. Por el momento no es que se hayan lucido mucho en la tarea de ocuparse de nosotros y nuestras cosas en lugar de hacerlo de ellos mismos y de las suyas, y de ah¡ proviene el descr’dito colectivo que se han ganado a pulso. Es por esto que cuando a algunos de ellos se les ve ni que sea una sola chispa de renovaci¢n y de menor dogmatismo, sea conveniente resaltarlo y alabarlo. No hace muchos d¡as recib¡ en mi casa un bolet¡n editado por la agrupaci¢n local de uno de los partidos de la coalici¢n que gobierna en mi pueblo, donde, entre bastante autocomplacencia sobre su propia acci¢n de gobierno – tampoco vamos a pedirle ahora peras al olmo, +verdad? -, se pod¡a leer la frase siguiente «… la firme convicci¢n que han de sacar adelante un proyecto de pueblo que pueda hacer frente a los retos del futuro, hace que los partidos del gobierno municipal en la oposici¢n tengan muy poco margen de maniobra, porque al fin y al cabo todos quieren lo mejor para Sant Vicenz…». -ngela Mar¡a, s¡ se_or, ya era hora que alguien, en lugar de considerar a la gente de la oposici¢n como una especie de ciudadanos traidores a las m s sagradas esencias locales, les viera s¢lo como unos vecinos que quieren a su pueblo tanto como el que m s lo haga, y he querido glosarlo porque soy de los que creen que siempre hay que incentivar este tipo de comportamiento. Por eso pienso que tampoco van a enfadarse mucho conmigo si les digo que me parece que se han pasado un poco de rosca obviando su obligado laicismo y otorgando un grado de oficialidad que no corresponde ni poco ni mucho al cuarto centenario de una entidad religiosa que opera en el mbito local. De todas maneras, como el vecino bien educado de esa entidad que soy, al mismo tiempo que les felicito por el cu druple centenario, quisiera sugerirle una cosa a su l¡der local, el p rroco. Pienso que valdr¡a la pena aprovechar la oportunidad de esta efem’ride, y tambi’n, porqu’ no, el verdadero cambio de siglo y de milenio que se producir en pocos d¡as, para hacer borr¢n y cuenta nueva, y disponerse a empezar los nuevos tiempos limpios de cuerpo y alma y, por tanto, exhortar a aquellos de sus fieles que tengan cuentas pendientes, a no seguir haciendo o¡dos sordos y saldarlos de una vez. Me refiero concretamente al autor del expolio de los fondos de la Biblioteca Poblica Municipal, de donde ha sustra¡do cosas de tanta enjundia como la colecci¢n completa de la publicaci¢n de finales del XIX y las primeras d’cadas del XX «La Costa de Llevant» (La Costa de Levante) – encuadernada en cinco voluminosos tomos -, la obra de Georges Soria sobre la guerra civil y la revoluci¢n espa_ola – cinco volomenes m s de considerable tama_o -, una buena parte de los libros sobre temas comarcales publicados por la Caixa Laietana, etc. Conociendo como conozco los ritos penitenciales de esa entidad, no me queda m s remedio que creer que el chorizo, como m¡nimo, un d¡a u otro debe haberse confesado y ser¡a necesario recordarle que el perd¢n de sus pecados – de estos robos en concreto – no vale sin la restituci¢n al lugar que les corresponde de los libros sustra¡dos, y seguro que su p rroco se lo aclarar con mucho gusto si acaso no lo tiene bastante claro, y que no es suficiente con mostrarse en poblico como alguien de suma piedad – a quien se supone (o por lo menos eso intenta ‘l) dotado de unas virtudes ajenas a sus malas acciones -, mientras tenga en la conciencia esa suciedad. Pienso que ser¡a una manera de celebrar positivamente para todos los ciudadanos del pueblo, creyentes y no creyentes, este cuarto centenario. Jordi Portell *INformativos.Net no se hace responsable ni comparte necesariamente las opiniones de los lectores.
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