La sociedad brasileña está frente a dos visiones sobre los 500 años de nuestro país. Una, oficial, absolutamente conmemorativa, apoyada y promovida por casi todos los medios de comunicación. La otra, alternativa, cuestionadora, que tiene al frente organizaciones representativas de indios, negros, sin-tierra, mujeres, sindicalistas, varias ONGs y partidos políticos del campo democrático popular.
¿Qué es lo que nuestros niños aprenden en la escuela sobre la historia del Brasil?
Aprenden, por ejemplo, que los indios eran perezosos y que los portugueses importaron esclavos del Africa para trabajar en el Brasil. Dos grandes mentiras, creadas por los colonizadores y divulgadas hasta hoy.
Los indios, en su gran mayoría, resistieron a la dominación portuguesa, no se sometieron a la esclavitud y fueron diezmados. Los negros eran hombres libres en Africa. Vencidos militarmente, fueron apresados, secuestrados de su tierra natal y traídos encadenados para trabajar y morir en el Brasil.
Acostumbro decir, citando algunos historiadores, que los portugueses fueron competentes durante nuestra colonizaci¢n: consiguieron mantener el pa¡s unificado con una sola lengua; construyeron fuertes militares en toda embocadura de r¡o importante en este vasto litoral; e impidieron que se formasen universidades en nuestro pa¡s, manteniendo al pueblo en la ignorancia y a nuestra cultura dependiente de la europea. Todo eso fue muy bueno para la dominaci¢n portuguesa, es evidente.
El gobierno quiere marcar el evento de los 500 a_os con un clima de selecci¢n brasile_a, de «patria de botines», de «Brasil, melo o d’jelo». El m ximo de fiesta y lo m¡nimo de reflexi¢n.
La divisi¢n ante las conmemoraciones no es artificial. Un pueblo que no conoce su historia est predestinado a no cambiarla.
Exclusi¢n social y violencia
La exclusi¢n social es una marca de estos 500 a_os. El esclavo era tratado como un simple instrumento de trabajo. Hoy, cerca del 40% de la poblaci¢n m s pobre recibe solamente el 7% de la renta nacional, mientras el 10% m s rico se queda con cerca del 51%. La mayor tasa de concentraci¢n de la renta en el mundo.
Es por eso que no hay, por ejemplo, ninguna preocupaci¢n de los gobernantes por el aumento del salario m¡nimo de millones de brasile_os y jubilados. Es como si prevaleciese todav¡a la mentalidad esclavista. Al fin de cuentas, una persona que gana 84 d¢lares R$151,00 no puede decir que es exactamente libre.
Otra cuesti¢n que divide la historia de nuestro pueblo es la violencia. +Alguien puede imaginar que ser¡a posible mantener una sociedad esclavista sin el uso regular y sistem tico de la violencia contra los esclavos? Esa violencia ha sido legitimada a lo largo del tiempo por el Estado: los «coroneles», todo el mundo sabe, siempre tuvieron el poder de la vida y la muerte con relaci¢n a sus empleados y servidores.
La gran mayor¡a de la poblaci¢n humilde, que vive en los campos, en las «favelas», en las periferias de la ciudades, es tratada a hierro y fuego por las polic¡as, o por las milicias particulares, siempre que manifiesta descontento o contradice los intereses de los poderosos. Mucha gente que tiene el poder y el dinero en este pa¡s continoa actuando como si estuviese sobre las leyes y la justicia.
En nuestra historia, los l¡deres populares aparecen poco y no se los destaca. Muchas veces son tratados como bandidos. Zumbi, l¡der de los Quilombos; Sep’ Tiaraju, gran jefe Guaran¡; Antonio Conselheiro, h’roe de los Canudos; y tantos otros de revueltas como las Cabanadas, Balaiadas y Farroupilhas.
El gran desaf¡o de estos 500 a_os es la desigualdad social. El pa¡s tiene unidad territorial, m s no tiene igualdad de condiciones sociales.
Esconder o negar los conflictos es siempre inter’s de quienes dominan, mas no de los dominados. Los conflictos revelan que hay insatisfacci¢n social, lucha real o potencial, y posibilidad de cambio. A quien domina y se beneficia de la dominaci¢n no le interesa el cambio. El criterio justo para valorar a los gobiernos y per¡odos de nuestra historia deber¡an ser:
+contribuyeron o no a eliminar las desigualdades sociales del pa¡s?
En estos 500 a_os, nuestro pueblo pobre -la gran mayor¡a de negros, indios y tantos excluidos sociales- conquist¢ el derecho de gritar que est con hambre. Pero aon no conquist¢ el derecho de comer.
Luiz In cio Lula da Silva
presidente de honor del Partido de los Trabajadores y consejero del Instituto Ciudadan¡a.
