No puedo decir que me haya sorprendido lo que se publicó el fin de semana pasado sobre las presiones de los obispos de la iglesia católica española al gobierno del PP, para que las clases de religión sean evaluables como asignatura en todos los currículum de la enseñanza pública. El espíritu sectario con que esta institución ve a nuestra sociedad, como ponen de manifiesto una y otra vez sus jerarcas, no nos tiene que extrañar ni poco ni mucho, siendo como es el propio de una gente incapaz de entender conceptos tan caros a la sociedad civilizada como libertad de opinión, sociedad civil o incluso democracia û su organización es netamente plutocrática y sexista û, etc., más allá de tolerar en un gesto, que ellos creen por un lado fraternal y por otro que les honra, que bastante gente como yo mismo nos permitamos el lujo de no creer lo mismo que ellos sin que nos queme la inquisición, su histórica policía ideológica, en una hoguera en plena plaza pública, aplicándonos, como medida previa a la ignici¢n, el garrote vil – caritativos, ellos – si acaso en el oltimo momento nos hemos arrepentido de nuestra impiedad. Incluso, su firme convicci¢n de ser poseedores de la onica verdad posible les hace caer una y otra vez en la trampa de hablar de «clases de religi¢n» de forma totalmente indiscriminada, sin tener en cuenta que la de ellos no es m s que una entre muchas, ni siquiera la m s antigua, y siendo como es evidente que no est n exigiendo del gobierno central que dicte un real decreto – ellos creen que as¡ es como hay que hacerlo, por real decreto – declarando evaluable la ense_anza en la escuela poblica del credo morm¢n de la Iglesia de los Santos del +ltimo D¡a, del de los Testigos de Jehov , del budismo, de los distintos animismos, del sinto¡smo, del credo tan integrista como el suyo de los talibanes isl micos, o del relativo culto al Wa-kan-tanka de los lakota, m s conocidos gracias al cine por sioux. ¥Claro que no! ¥S¢lo faltar¡a! Cuando ellos dicen religi¢n hay que sobreentender que se refieren exclusivamente a la religi¢n cat¢lica, apost¢lica y romana. No se trata por tanto de que en la escuela poblica se ense_en – mediante una u otra f¢rmula que empuje a los ciudadanos a aceptar este tipo de adoctrinamiento, de infausto recuerdo para quienes «disfrutamos» de los goces de la dictadura mezclada de fascismo, militarismo y nacional-catolicismo – determinados valores humanos, como por ejemplo el respeto mutuo y rec¡proco, la solidaridad, la veracidad, la justicia, la libertad, etc., valores que contienen con mayor o menor ‘nfasis todos los credos que existen, incluidas determinadas doctrinas filos¢ficas de ra¡z no religiosa, sino su particular versi¢n, aquella que contiene tantas y tan duras contradicciones con la legislaci¢n constitucional o meramente civil de la mayor¡a de las naciones civilizadas.
Pero eso, con ser mucho, no es todo. Que ellos, desde su peculiar punto de vista que les hace pensar que ‘ste no es tal sino la onica verdad posible, y por tanto algo sacrosanto, por lo que todos, como muy m¡nimo, tenemos el deber de respetarlo por este car cter suyo, en lugar de una mera opini¢n – que ser¡a como otras tantas sino fuera que ‘sta, encima, no precisa de ninguna clase de sentido comon ni de ninguna l¢gica formal para ser formulada, sino que se expresa a trav’s del mecanismo de la fe m s o menos ciega -, no entiendan que los poderes poblicos de un estado democr tico no sean m s sensibles a sus airadas reivindicaciones en materia de adoctrinamiento de sus creencias en las escuelas poblicas, puede ser, como dec¡a el ministro Piqu’ el otro d¡a, «comprensible». Lo que no lo es, es que este tema, segon este mismo personaje, que ejerce de ministro de asuntos exteriores de un gobierno que, cuando se trata de la «Espa_a Una», enarbola el texto constitucional como si se tratara de una verdad tan inmanente como segon los obispos su credo, sea ni m s ni menos que : «Algo de los que estamos tratando en el desarrollo de los acuerdos vigentes». Y a_ad¡a: «Creo que el conocimiento de la religi¢n forma parte de un acervo cultural que se hunde en los siglos y que es extremadamente importante preservar». Es, curiosamente, el mismo argumento que usan los del Ku Klux Klan para justificar el racismo e incluso la esclavitud, que segon ellos es una tradici¢n que hay que preservar porque aparece hasta en la Biblia en el libro del G’nesis, es decir uno de los m s antiguos de los que componen tal recopilaci¢n.
Uno piensa que seguramente debe ser por eso que en su lengua propia, la catalana, existe la confusi¢n sem ntica entre «creure» (creer) – tener fe – y «creure» – obedecer, pasar por el aro -.
Jordi Portell
Barcelona
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