Estoy de acuerdo con lo publicado por Antonio Covo Ariza, en un medio de comunicación, acerca de la novela «El discípulo amado», del escritor Antonio Enrique.Esta novela debería llamarse «El escritor rebelde», dadas las desafortunadas pontificaciones que hace sobre Jesús..
Para hablar de Jesús hay que lavarse los labios y sobre todo el corazón. ½Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios+ (San Mateo, 5, 8).
Al declarar que se fundamenta en la historia de Jesús que escribió Ernest Renán, filólogo y escritor francés;que rompió con la Iglesia antes de ordenarse sacerdote, y cuya obra recopilada en ocho volúmenes, que originó una gran controversia en Francia por su punto de vista heterodoxo (disconforme con el dogma católico), me está revelando que tiene usted las mismas ideas que él, de incredulidad y rebeldía. No me explico cómo un escritor con estos criterios se ponga a hablar de Dios-Amor.
Usted trata de falsear una verdad. Dentro de la tradición teológica hay que destacar a San Agust¡n, gran defensor de la verdad y gran enemigo de la mentira.
Su libro es una novela sensacionalista, falta de realismo, llena de sensualidad (que es lo que se lleva hoy) y, por lo tanto, blasfema, porque a Jesos, que es Dios, no se le puede tratar as¡, ni aun sin creer en +l. La informaci¢n verdadera es uno de los derechos b sicos fundamentales de todo buen escritor. Es necesario tener una recta conciencia moral para utilizar estos medios de comunicaci¢n, que sirvan a los hombres de un conocimiento m s amplio de la actualidad y al mayor progreso de la sociedad humana. El hecho correcto de este derecho exige que la informaci¢n sea siempre objetivamente verdadera e ¡ntegra y, adem s, honesta y respetuosa, que respete las leyes morales del hombre, sus derechos y su dignidad, m xime trat ndose de cosas sagradas.
El tema de su novela es presentar al ödisc¡pulo amado+, que era Juan, como hijo de Jesos y de Mar¡a Magdalena;es decir, que Jesos ten¡a una querida, llamada Mar¡a Magdalena, y tuvieron un hijo, llamado Juan.
Creo que no ha le¡do el Evangelio de San Juan (c. 19-25) o no lo sabe entender. Dice as¡: öEstaban junto a la Cruz de Jesos su Madre y la hermana de su Madre, Mar¡a de Cleof s y Mar¡a Magdalena. Jesos, viendo a su Madre y al disc¡pulo, a quien amaba, que estaba all¡, dijo a la Madre: Mujer, he ah¡ a tu hijo. Luego dijo al disc¡pulo: He ah¡ a tu Madre. Y desde aquella hora el disc¡pulo la recibi¢ en su casa+. El amor de Jesos es otra cosa. No envenenes su amor. Si no sabes de olor, no profanes la rosa, ¥que el amor es otra cosa mejor!
Los te¢logos y tratadistas de asc’tica dicen que aqu¡ se trata de una maternidad espiritual de adopci¢n de Mar¡a Sant¡sima para con todos los cristianos y de la respectiva filiaci¢n de ‘stos para con Ella. Juan aqu¡ representa a todos los hombres y Mar¡a es proclamada Madre universal de todos ellos. Esta verdad teol¢gica es admitida por todos los escritores de los primeros siglos. Tambi’n todos los ex’getas modernos est n de acuerdo de la maternidad espiritual de Mar¡a.
Mar¡a es nuestra Madre. Nos engendr¢, no sin dolor, al pie de la Cruz. Si Mar¡a es nuestra Madre, nosotros somos sus hijos. Es necesario, por tanto, que sepamos cumplir con Ella los deberes de unos buenos hijos. La Humanidad entera espera un mundo mejor, sin el peso de tantos dolores, sin la huella de tantos vicios, sin el triunfo de tanta avaricia.
Vosotros, escritores, pod’is ayudar a la Humanidad ense_ ndole el camino recto, encauzando el torrente de sus pasiones y sembrando el bien en cada palabra que escrib is. No quiero asustaros;pero de labios de Jesos salieron estas palabras: öAl que escandalice, m s le valiera que le atasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar+. Gracias se_or Cobo.
Roc¡o M. Luque P’rez
