+ltimamente estaba de moda afirmar que la religión reprime el sexo. Por eso me ha interesado leer, en los medios de comunicación, que dos estudios publicados recientemente por William Mattox (Universidad de Chicago) y por la Universidad de Stanford, realizados entre mujeres de diversas religiones y mujeres no religiosas, desmienten categóricamente ese tópico.
Reflexionando sobre los datos que aportaban esas investigaciones, me han parecido convincente eso de que un sexo amoral es un sexo mutilado.
Quizá algunos varones den menos importancia a lo afectivo que a lo físico en su vida sexual. Pero un sexo amoral -no comprometido, promiscuo, centrado en el placer venéreo momentáneo- difícilmente puede satisfacernos a las mujeres, que buscamos más la entrega, la seguridad y el afecto. Además, vivenciar tu vida sexual como algo positivo desde el punto de vista moral-religioso y, en consecuencia, como algo en lo que Dios te va a ayudar para superar las dificultades que en la convivencia matrimonial puedas tener, refuerza tu autoestima y tu seguridad.
Mar¡a A. Gonz lez Jim’nez
