La Semana Santa, en tanto festividad movible, coincidió con la aprobación de la Carta de Intención por parte del Directorio del FMI. Para unos, el acuerdo anuncia el fin del calvario y para otros su inicio… mas, si nos fijamos en ciertos detalles, ambas visiones están erradas.
Las políticas del Fondo no son nuevas. Terminada la bonanza bananera, entre junio de 1961 y julio de 1972, el Fondo nos aprobó nueve créditos contingentes.
Luego, entre 1983 y 2000, concluida la farra petrolera, conseguimos ocho préstamos más, incluido el de la semana pasada. Estos créditos, entregados para atender problemas de balanza de pagos, van a la reserva monetaria y de allí al bolsillo de los acreedores de la deuda externa… quienes presionan por una pronta superación de la moratoria, esperando obtener ventaja de las privatizaciones, apoyadas por el FMI. Y con el aval del Fondo aseguramos los créditos de otros organismos, como preámbulo de un nuevo endeudamiento, en esta ocasión para financiar la dolarizaci¢n, que ya cuenta con el respaldo del FMI.
Lo grave es que nuestra historia nos ense_a que las pol¡ticas del FMI, en ninguno de los dos per¡odos mencionados han servido para superar la crisis. Casa afuera tampoco funcionan las ‘recomendaciones’ que impone el Fondo: en el sudeste asi tico, para recordar apenas un caso, este sugiri¢ salidas de corte latinoamericano a pa¡ses que no ten¡an problemas de inflaci¢n, d’ficit fiscal o comercial. Sus recetas recesivas en un pa¡s paralizado como el nuestro ser n letales para el aparato productivo y la sociedad, aun para la democracia.
La internacionalizaci¢n de precios y tarifas de bienes y servicios poblicos, que encarecer aon m s la canasta b sica familiar al incrementar los costos de producci¢n, tendr un impacto negativo sobre el empleo. La reactivaci¢n estar todav¡a m s distante con dos precios b sicos alejados del nivel externo: el uno, los salarios, sost’n de la demanda, para abajo, y el otro, las tasas de inter’s, para arriba.
El recorte del gasto fiscal por igual ser recesivo; menores salarios para la burocracia -300 millones de d¢lares- servir n para financiar la AGD, agencia que devuelve el dinero a los depositantes sin afectar las propiedades de los banqueros.
Para completar este ajuste concentrador de la riqueza, en la misma ‘Carta’ se anuncia una reforma tributaria que aumentar el IVA, impuesto regresivo. En este contexto, el programa social, por m s aspavientos que se hagan, resulta una tomadura del pelo: como muestra obra el bono solidario de 3- d¢lares para los jubilados y de 6- d¢lares para las madres m s pobres. Y todo para esperar nuevamente una reactivaci¢n a trav’s de la recuperaci¢n del sector exportador, aun a pesar de las err¢neas pol¡ticas del FMI.
Y si la protesta social, una vez m s, impide la aplicaci¢n del ajuste, no tardar n en decir que es por el bloqueo pol¡tico propio de una democracia inmadura. Cuando en realidad las propuestas del FMI, cada vez m s anacr¢nicas, son otra de las causas de la crisis: la liberalizaci¢n financiera, impulsada por el FMI y el Banco Mundial, fue germen de la debacle bancaria, fulminante final para el caos.
Por eso, mientras se mantenga la continuada concentraci¢n de la riqueza y del poder, la desdemocratizaci¢n de las relaciones sociales, as¡ como el empobrecimiento y marginaci¢n de cada vez mayores segmentos de la poblaci¢n, por obra y gracia del FMI, continuaremos en el calvario. Y solo con un mayor autoritarismo podr n impedir los sacudones de los crucificados… (Ec/Dh/Ad/
Por Alberto Acosta
