No se trata ya de limpiar las calles sino de salvar de la explotación a estas pobres mujeres venidas con el objetivo de llevar algún dinero a su familia, pero que luego tristemente han acabado en las aceras. Es lo que se ha constatado en el congreso sobre ½Inmigración y nuevas esclavitudes+ que se ha celebrado en Lecce (Italia) con la participación de educadores, magistrados y políticos. En Italia, por ejemplo, esta nueva forma de esclavitud afecta a entre 20 y 30.000 mujeres, de las que el 65% son africanas o de los países del Este de Europa. Según declaraba el presidente del congreso, ½existe un gran «mercado de mujeres» que son enroladas o pagadas con la promesa de un trabajo doméstico y en cambio, una vez llegadas a nuestro país, son puestas en la calle o llevadas a canales de lujo para satisfacer bajos instintos y sobre todo producir ingentes sumas+. A ellas las vemos por la noche, en espera de clientes. Pero no vemos al chulo que recibe a escondidas el «precio de la explotación», apoder ndose vorazmente de las ganancias y dejando unas pocas monedas en las manos de esas pobres mujeres. Hacia ‘stos debe apuntar la Polic¡a.
Mar¡a A. Gonz lez Jim’nez
Pontevedra
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