Hay una corriente mundial en contra de la globalización de la economía, ya en Estados Unidos, estos días en Bolonia, con motivo de las reuniones de la OCDE. La «Globalización» el movimiento que está llevando a la comunidad internacional a una integración siempre más acentuada en los factores económicos, políticos y culturales que contribuyen a su desarrollo. Este movimiento es el fruto de un proceso que se ha venido desarrollando en los últimos dos siglos, integrando progresivamente las fuerzas económicas, sociales y culturales de diferentes países. Las estructuras financieras, sociales y culturales pasaron, poco a poco, a ser cada vez más interdependientes y las diversas culturas nacionales han sufrido un proceso de ósmosis recíproca. En esto y en otroa conceptos ha escrito acertadamente Enault Tudares, y susbcribo sus análisis acerca de la globalización.
Podemos afirmar que el fenómeno descrito es un hecho con el cual las generaciones presentes y futuras tendrán que convivir; es un proceso permanente, din mico e irreversible, porque el desarrollo econ¢mico mueve todas la fuerzas vivas de un Pa¡s y ‘stas est n obligadas a adecuarse si no quieren caer en la ineficiencia y la pobreza.
Al final de este siglo, durante el cual hemos vivido cambios profundos en la sociedad, nos encontramos aon con el reto inmenso de construir una sociedad m s justa y m s humana: La deuda externa de los pueblos pobres; la situaci¢n de pobreza extrema en el contexto de pa¡ses ricos; la corrupci¢n administrativa; la usura; la libertad religiosa; los conflictos ‘tnicos y los nacionalismos; la violencia que sufren las mujeres y los ni_os (prostituci¢n femenina, pornograf¡a infantil, trabajo abusivo de los menores).
El cese de la guerra fr¡a ilusion¢ cantidad ingente de seres humanos, que finalizada la misma comenzar¡a a reinar una ‘poca de paz, de justicia, de igualdad, etc. Hemos comprobado que no han cesado las guerras, los conflictos ‘tnicos, las injusticias, la desigualdad social -los ricos son m s ricos y los pobres son m s y m s pobres-.
La Globalizaci¢n es una realidad. Para percibirla no ten¡amos que esperar la ca¡da de las Bolsas Asi ticas. Es una realidad que el mercado mundial de productos agr¡colas est dominado por decenas de grandes multinacionales, las cuales determinan las cuotas y los costos de producci¢n, los ¡ndices de calidad y sistemas de distribuci¢n, los precios al origen y a la venta final.
La Globalizaci¢n, bien regulada y equilibrada, contiene intr¡nsecamente muchas esperanzas y puede colaborar al bienestar de los pueblos, al desarrollo de la cultura, de la democracia, de la solidaridad y de la paz. Pero sin el equilibrio necesario, puede acarrear muchos males. No podemos abandonarnos a un proceso de globalizaci¢n que en vez de crear justicia y bienestar, sea la productora de v¡ctimas como en muchos casos est hoy sucediendo en todo el mundo.
Ella -la globalizaci¢n- est llamada a crear desarrollo sostenible, conservaci¢n del medio ambiente, nuevos consumos, nuevo y m s trabajo, nuevas conquistas cient¡ficas y tecnol¢gicas.
Estamos convencidos que los retos mencionados y muchos otros, ser n conseguidos cuando en el fen¢meno de la globalizaci¢n impere la ley enunciada por el Director de la Oficina Internacional del Trabajo, Albert Thomas: «Lo social debe vencer lo econ¢mico». Y junto a ‘sta los grandes principios que han ayudado a construir la paz y el bienestar de la humanidad en todos los tiempos:
Entre esos retos encontramos en primer lugar el reconocimiento de la dignidad de la persona humana. Los diferentes sistemas pol¡ticos deber n crear las condiciones necesarias para el crecimiento de cada persona y de todas las personas. Si el centro del inter’s del proceso de globalizaci¢n es la dignidad de la persona humana, vista como poseedora de derechos y deberes que cualquier orden social tiene que respetar, ‘ste podr responder a las exigencias y necesidades del nuevo Milenio. El respeto de los derechos humanos deber inspirar el quehacer cotidiano de la globalizaci¢n, sus iniciativas, sus proyectos de futuro, etc., para que ‘sta est’ capacitada para brindar un servicio completo a la humanidad. Es, por lo tanto, cada vez m s necesario crear una cultura de las normas que no miren onicamente los aspectos comerciales, sino que se empe_e en la defensa de los derechos humanos en todo el mundo.
Otro gran reto de la globalizaci¢n , en este nuevo siglo, consiste en asegurar una Globalizaci¢n en la Solidaridad, sin marginaci¢n. El Papa Juan Pablo II, ha afirmado:»es urgente establecer una armon¡a entre las exigencias del mercado y las de la justicia social». Esto implica evidentes deberes de justicia, que necesariamente lleva a muchos compromisos morales en la organizaci¢n de la vida econ¢mica, social, cultural y pol¡tica de las Naciones, grupo de Naciones y de la Comunidad Internacional en general. En este contexto la Comunidad Internacional deber comprender que la Globalizaci¢n no es autonom¡a absoluta de las leyes econ¢micas existentes, sin respetar no s¢lo los derechos, sino la misma vida de la persona humana. Con ello no se pretende invocar un «Estado ‘tico», sino reconocer de una vez por todas, que las injusticias son el verdadero y propio peligro para la consecuci¢n de la Paz.
Para que la globalizaci¢n de la econom¡a no produzca consecuencias nefastas y tristes, a la humanidad, es necesario que a la progresiva mundializaci¢n de la econom¡a corresponda igualmente la cultura global de la solidaridad, atenta a las necesidades de los m s despose¡dos.
Marcos Guti’rrez Sanju n
Licenciado en Ciencias F¡sicas
Profesor de Inform tica del IES «Virgen de las Nieves» de Granada
