Las mujeres debemos pasar más aún a la ofensiva en la defensa de nuestros drechos y diginidad, caiga quién caiga. Vaya por delante que lamento profundamente todos los casos de violencia contra nosotras, las mujeres, que se están produciendo tan frecuentemente y en unos términos cada vez más aterradores; y que pienso que la sociedad tiene que emplear todos sus recursos legítimos para castigarlos y prevenirlos. Sin embargo, me parece que se está poniendo poco énfasis en que, paralela y simultáneamente, es imprescindible que las mujeres adoptemos una mayor actitud de autodefensa preventiva. Es cierto que hay casos en que las posturas violentas de los varones no eran fácilmente previsibles. Pero, en la mayoría, la interesada ya sabía que su pareja era una bestia aunque, seducida por los interesados halagos que éste le hacía para conseguirla sexualmente, pensó que eso sucedería con los demás pero nunca con ella, a quien decía quererla tanto. Por eso pienso que hay que aprender a predecir cómo se comportar el otro si se llega a convivir: 1¡) sabiendo c¢mo es con su familia, pues as¡ ser con una cuando una sea su familia; y 2¡) averiguando si realmente te quiere o s¢lo le interesas para satisfacerse ‘l sexualmente utiliz ndote: lo cual es imposible saberlo si permites relaciones sexuales antes de que te haya entregado su vida con el compromiso matrimonial. Pienso que a un t¡o que, sin trato serio, se descuelga dici’ndote «Te quiero mucho», hay que preguntarle: -¨Para qu’?
Laura M. L¢pez Rivero
