Me parece lamentable que el juego de la silla eléctrica se haya convertido este verano en el último grito de la diversión en diversas salas de juego italianas: basta meter unas monedas en una silla de madera -idéntica a la que se usa para las ejecuciones capitales en los Estados Unidos, y que tiene todos los elementos necesarios para provocar fuertes emociones-, para experimentar el escalofrío de la silla eléctrica. Eso sí, de forma totalmente virtual, sin riesgos para la salud. Aparte de macabro, esto me parece penoso, ante todo, por el hecho de que se convierte en juego una realidad tan trágica como la pena de muerte, a la que se trata desde una cultura de la superficialidad, que se inculca particularmente a niños y jóvenes. Además, al introducir la lógica del videojuego detrás de esta experiencia, la pena de muerte real queda aún más trivializada. Pues cuando aquí se acaba la partida, no pasa nada, porque tengo otra vida: ante el letrero «game over», se puede meter otra moneda y comenzar desde el inicio. Pero el la silla el’ctrica real, no hay segunda oportunidad.
Antonio Garc¡a Mudarra
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