El ingeniero de Beer Sheba (Negev), Eliahu Wajcer, superviviente del ghetto de Varsovia, ha declarado durante la visita de Juan Pablo II a Tierra Santa que, en 1942, una pareja de judíos de Cracovia, al sentirse en peligro de vida a causa de las persecuciones antisemitas, entregó su hijo de dos años a unos amigos católicos. Al terminar la guerra, éstos constataron que los padres naturales del niño habían muerto. Mientras tanto se habían encariñado con el niño y deseaban bautizarlo. Pidieron consejo al sacerdote Karol Wojtyla quien, ante su sorpresa, les dijo que si ésta era la voluntad de sus padres, el niño tenía que ser educado en la fe judía. La pareja hizo complicadas gestiones hasta encontrar a unos parientes del niño en Estados Unidos que aceptaron recibirle. ½Aquel niño se convirtió en un judío ortodoxo+, revela Wajcer. Según el ingeniero, con este gesto, Wojtyla sorprendió a un rabino polaco, Israel Spira, llamado ½el justo de Lubishev+.
½Dios tiene caminos misteriosos para mostrar su voluntad -dijo el rabino a sus disc¡pulos ante el ejemplo-. Quien salva un alma de Israel es como si salvara al mundo entero. Este sacerdote es digno de convertirse en un Papa+. Es interesante saber que la respuesta del futuro Papa a la familia que quer¡a bautizar al ni_o no hace m s que repetir lo que siempre ha dicho la Iglesia cat¢lica a trav’s de su historia. Ya el Concilio de Toledo estableci¢ que mientras un ni_o jud¡o no alcanza el uso de raz¢n no puede ser bautizado en contra de la voluntad original de sus padres, aunque ‘stos hayan fallecido.
Jose A Miranda Mart¡nez
