En la historia los mitos han tenido a veces consecuencias escloritacentes para colectivos , a veces de miles de personas. Estoy de acuerdo con lo expresado acerca de uno de los mitos que llenan de sangre y crñimenes la piel de toro ibérica. Lo ha señalado en medios de comunicación el escritor Pedro Rodríguez Campomanes.
Ahora que se habla tanto de la transición, sería conveniente hacer algunas reflexiones sobre el tema que hoy en día nos aflige. Los criterios con los que se guió aquel proceso fueron en general acertados, pero en lo referente a los nacionalismos periféricos, se fijaron errores de bulto, quizá porque en aquel momento ya era suficiente con lo que se logró.
Primer error: la existencia de los nacionalismos periféricos es una comprensible reacción al franquismo. Segundo error: la forma de posicionarse ante ellos es no hacer absolutamente nada. No sea que se radicalicen. Tercer error: hay algo que se le debe a esos pueblos oprimidos que es tangible y definible, aunque a los que carecen de pedigr¡ ‘tnico les cueste adivinarlo.
Cuarto error: la poblaci¢n de los territorios con tensiones secesionistas es homog’nea, con rasgos claramente definidos y el nacionalismo es su sentimiento sincero extensible a todos sus habitantes. Quinto error: representan un factor de modernizaci¢n puesto que al ser los no espa_oles por antonomasia, est n incontaminados de la leyenda negra que indiscutiblemente explica el atraso secular de Espa_a. Sexto error: todo lo que sea seguir el discurso de los nacionalismos es progresista por definici¢n.
S’ptimo error: si unos matan y vuelven a matar es porque no los hemos comprendido adecuadamente. Se habla mucho de di logo para solucionar el terrorismo. Claro, se sientan a hablar, y aunque los no nacionalistas sean un poco duros de mollera, al final quedar definido el concepto y el montante de la deuda, la cual ser pagada y el problema liquidado.
Desgraciadamente no es as¡. Los asesinos s¢lo aceptar n como resultado de un a negociaci¢n algo que inequ¡vocamente represente la humillaci¢n definitiva de la sociedad espa_ola. Los llamados moderados y democr ticos viven muy bien con este laberinto de las discusiones etnicistas. As¡ de mezquino es el asunto.
Antonio Garc¡a Mudarra
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