Nuestra sociedad envejece. Cada vez hay menos niños y jóvenes entre nosotros. Siguen descendiendo los nacimientos en España. Granada no se escapa a esa tendencia. El año pasado casi se igualaron con las defunciones. El problema es parecido en toda España. Pero eso no sirve de consuelo más que a los inconscientes.
Se dan los datos. También las estadísticas de la Iglesia confirman el proceso: más primeras comuniones que bautismos. Pero no acabamos de decidirnos a afrontar este descenso vegetativo.
Tal vez sea porque enfrentarlo supondría rectificar muchas tendencias, hoy consideradas progresistas: formas de convivencia familiar, inestabilidad de las parejas, pautas de educación sexual, campañas antinatalistas, etc. Pero ante esos datos no queda más remedio que preguntarse: ¿Puede ser progresista lo que conduce a un invierno demográfico como éste?.
María L. García Montoro
